Lo espiritual, algo experimentable

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Lo espiritual como objeto de creencia puede modificar en cierto grado nuestros valores e influir en nuestros esquemas de conducta relacionados con nuestra vida diaria. Pero lo espiritual sólo empieza a ser algo realmente revolucionario en nuestra vida cuando pasamos de la creencia a la experimentación de ese algo Superior.

     Por lo tanto, aquí no vamos a proponer ninguna creencia sino que más bien vamos a partir de esta intuición de realidad que ya se posee, e intentaremos convertir esto que hasta ahora es sólo una intuición o una aspiración en algo experimental, en algo que penetre activamente en nuestra vida, y que sea algo tan concreto, intenso y real como puedan serlo las cosas más concretas de la vida cotidiana. Lo espiritual empieza a ser realmente importante cuando es operativo en nuestra vida diaria; no cuando es sólo objeto de una fe o una creencia. La fe y la creencia son puntos de partida; pero mientras uno se quede en el punto de partida no llegará a su destino. Si existe una realidad espiritual, si existe una identidad profunda, algo que está detrás de esa intuición o aspiración que tenemos de algo esencial, esta realidad la hemos de realizar en nuestra propia experiencia humana. Pues si nosotros no podemos realizar esa Realidad, entonces no será realidad para nosotros, y por lo tanto no será operativa en nuestra vida, tendrá poco valor.

 

     […]

 

     

 

Lo espiritual no es pasivo

 

Hay un aspecto de la relación humana que conviene aclarar, porque muchas personas, cuando
se les habla de la dimensión espiritual, de la actitud receptiva, de la comprensión ante los
demás, etc., tienden a asociar esas actitudes a una disposición meramente pasiva o de tolerancia, y esto puede dar lugar a unos malentendidos que no deben existir.

     Cuando decimos que ante los demás hemos de tener una actitud receptiva, intentando «entender» lo que el otro está diciendo, tratando de intuir lo que siente y de percibir lo que le hace funcionar por detrás de sus mecanismos -su dimensión profunda no queremos decir que hemos de encontrarlo todo maravilloso, magnífico, que hemos de decir siempre amén a todo lo que la otra persona nos plantee, sino que hemos de tener una visión realmente grande, amplia, de lo espiritual.

 

     Lo espiritual no está hecho sólo de esta bondad dulzona, pasiva, sentimental (o sentimentaloide); lo espiritual incluye lo más recio, lo más profundo de la existencia. Lo espiritual es la raíz de toda la fuerza que existe en la naturaleza, de toda la capacidad combativa que podemos ver en el reino animal, por ejemplo; de toda la fuerza cósmica, de la que tenemos pequeños atisbos cuando un cataclismo de la naturaleza nos asusta por sus terribles efectos. No asociemos lo espiritual sólo al aspecto blando, pasivo, de una mentalidad sensiblera; lo espiritual es la potencia más extraordinaria que existe. Y esta potencia se expresa en todos los niveles: desde el nivel material, pasando por lo biológico, hasta el nivel más intelectual y más espiritual.

 

     Así, cuando se habla de la actitud espiritual, las personas interpretan que han de manifestar dulzura, compasión, perdón, olvido, etc., porque contraponen esta actitud pasiva a la actitud de lucha, de enfrentamiento, de exigencia o imposición, a la actitud de luchar para imponer unas ideas o lograr unos objetivos, al aspecto lucha en todas sus manifestaciones.

 

     La lucha es algo esencial en la existencia y es algo esencialmente positivo. Lo que puede ser negativo son las motivaciones de la lucha. Cuando estoy luchando para afirmarme yo en contra de los demás, o por oposición a los demás, esta lucha es negativa; es la lucha que trata de ensalzarme a mí disminuyendo a los otros. En cambio, existe una lucha que es enteramente positiva; es la movilización de toda la potencia al servicio de una idea clara y expresada a través de una conciencia creativa de unidad.

 

     

     Las personas entienden la actitud de lucha de forma egocentrada, y por eso es por lo que al hablarles de comprensión asocian automáticamente la actitud pasiva a lo que llamamos espiritual. Pero lo espiritual es la base de lo que funciona en el nivel natural; es, de hecho, las cualidades de lo natural sin las deficiencias del nivel psicológico habitual, marcado por los hábitos egocentrados.

 

 

Antonio Blay. “Personalidad y niveles superiores de conciencia” .   Ediciones Indigo.  1991. Páginas 155 y  207.

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