Serie de reflexiones sobre la ponencia del III Congreso de ADCA «el compromiso esencial». Tercera entrega: «EL AMOR, EN LA BASE DE LA BÚSQUEDA»

Veamos ahora un fragmento que nos sumerge de pleno en las escrituras:
«Dios mueve a los seres deseándolos, porque es amor. Así, en el relato de la Anunciación según el evangelio de Lucas (1,26-38), previo al misterio de la Encarnación, Dios envía su ángel a una Virgen, cómo ávido de su belleza. El ángel le saluda: El Señor está contigo. El misterio de la Encarnación es por tanto la expresión suprema del Dios-deseoso, que toca la fina punta de la conciencia de la humanidad, personificada en María, que después de alguna perplejidad, asiente en su fiat (el hágase). En el amor se expresa el ser de Dios, pero solo cuando toca la conciencia del hombre. Dios busca el primero y mueve para hacerse buscar, es decir hacerse “Dios-deseado”. Por tanto, el Amor se encuentra en la base de la búsqueda; siendo a la vez su causa y su logro.»



















