Serie de reflexiones sobre la ponencia del III Congreso de ADCA «el compromiso esencial». Sexta entrega: «MATERIA, VIDA, ESPÍRITU, DIOS»

El párrafo que sigue requiere traducción:
«Considero el universo como expresión de un pensamiento proyectado en acción del espíritu, y hecho realidad, simultáneamente difusa y evolutivamente energética. Como hecho cósmico, es decir, ordenado, no surge de la nada. Es el fruto de un Pensamiento que se da; y solo es real dándose. En esta donación no cabe autosatisfacción alguna. Me refiero con esto a que un supuesto mundo material cerrado en sí mismo no deja de ser “quimera sistemática”. Habrá pues que hacer refluir hacia el pensamiento todo lo que la acción puede enseñarnos y probarnos, como también todo aquello que podemos recibir de los seres. Y si admitimos que el Misterio de la Encarnación es el proyecto del Dios-deseoso-del hombre; es decir, del amor expansivo en el ser de Dios, amor que crea y fundamenta el ser del hombre. El hombre será así el lazo verdadero entre el mundo y Dios. Simultáneamente de “arriba” y de “abajo”. Desempeñará una función más enlazadora que redentora. Por ella el mundo ha sido creado, e incluso, como “creado de nuevo”. Toda materia se puede pues vitalizar; la vida a su vez se puede espiritualizar; y en cuanto espíritu, se puede divinizar.»



















