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Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorEn estas últimas colaboraciones hemos estado contemplando la cuestión de los ingresos y hemos visto hasta qué punto pagamos pocos impuestos en este país.
Pero los ingresos se precisan para atender a las ciudadanos, así que empieza a ser hora de que hablemos de algunas cuestiones que no están siendo atendidas:
Cada año, en Lleida, se recoge la fruta de esta época y la recogen los temporeros que vienen, legalmente contratados, del norte de África. Este año se dijo que, ante el cierre de muchos pequeños comercios y los ERTES de muchas empresas por el coronavirus, habría mucha gente del país que se apuntaría a realizar estas labores. Pero a la hora de la verdad, han tenido que venir los de costumbre porque hay tareas que los autóctonos no quieren hacer, aunque estén en paro.
Bien, pues han venido los de siempre y se han encontrado, como cada año, sin alojamiento ni instalaciones para ducharse. Esto hace años que sucede, y los ayuntamientos lo saben perfectamente. No hablamos de los que llegan sin contrato, hablamos de los que lo han firmado en su país antes de venir. No importa qué partidos gobiernan estos ayuntamientos, seguramente son independentistas, el caso es que estas personas se ven tratadas como animales porque, además, la gente de bien no soporta verlos tirados por la calle.
Aquí hay que añadir que algunos ayuntamientos del resto del país pagan billetes de autobús a los inmigrantes indocumentados que tiene rondando por ahí para sacárselos de encima, diciéndoles que ven a encontrar trabajo en Lleida. Gran parte de los que se dedican al comercio ilegal, los famosos manteros, proceden de estos viajes promocionados. Y el gobierno lo consiente y apoya negándoles los permisos para trabajar. Lo extraño es que no haya más delincuencia.
En fin, estos días en los que estamos tan preocupados por el racismo vale la pena que comentemos estos hechos. Porque además, resolverlos, vale cuatro duros. El único problema es que hay que mantener la idea hipócrita de que los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo y las autoridades no lo consienten.
Por otro lado estamos asistiendo al cierre de la empresa Nissan que va a dejar sin trabajo, entre directos e indirectos, a unas 25.000 personas. Son 25.000 personas que saben construir automóviles, furgonetas, camiones o lo que convenga, pero se van a ir a su casa porque una gran empresa ha decidido que no sale a cuenta mantener esta fábrica en Barcelona.
Y ahí ya no es cuestión de gasto sino de inversión. En coherencia con mi artículo de hace unos días sostengo que el Estado debería hacerse cargo de esta empresa y mantener estos puestos de trabajo. Pero ya han salido voces que dicen que esta política haría que las demás grandes empresas que siguen trabajando abandonaran el país. Así que ya están metiendo miedo por el solo hecho de que alguien se atreva a plantearlo. Eso prueba que sin un cambio de sistema no hay salida. Y no creo que la economía colaborativa pueda jugar ningún papel en esta situación. A mi entender es imprescindible la acción del Estado.
Jordi Sapés de Lema
Superadministrador1.- Hemos de tener una visión científica de la economía.
Vamos a recapitular un poco sobre la economía porque se trata de que tengamos una visión del asunto más de conjunto y no opinemos sobre el tema como personas de la calle. El hecho de estar despiertos nos ha de permitir mirar las cosas de otra manera.
Lo primero que conviene es tener una perspectiva más objetiva de esta materia, sin personalizarla. La fuerza de la gravedad es una realidad para todos, si uno se tira de una ventana se la pega, no depende de que sea buena o mala persona. Pues con la economía sucede lo mismo, cada sistema económico tiene unas leyes que determinan el papel que juegan las personas en la producción y distribución de la riqueza, con independencia de que sean buenas o malas personas. No son leyes que ponen los gobiernos, son leyes del sistema, como la ley de la gravedad, que no la ha puesto ningún gobierno.
Son cuatro los sistemas económicos en los que la humanidad ha vivido hasta el presente. En la comunidad primitiva la gente andaba en grupos tribales y tenían que estar todos de acuerdo para poder cazar y subsistir. Cuando se enfrentaban con otro grupo para dominar un espacio, el que ganaba se cargaba a todos los individuos del grupo rival. Hacer prisioneros no salía a cuenta porque se tenían que alimentar y trabajo tenían para alimentarse ellos mismos.
En el momento que se desarrollan los primeros instrumentos y se inicia la agricultura estas tribus se hacen sedentarias. Entonces ya sale a cuenta hacer prisioneros y ponerlos a trabajar porque su trabajo da para que se mantenga el prisionero y sobra para que coman otras personas. Así que lo lógico es poner el prisionero a trabajar y vigilar que no se escape. De esta manera nace la esclavitud, que significa un gran progreso para la humanidad: los que no tienen que preocuparse por su sustento se pueden dedicar a otras cosas. Y así nace la cultura.
Las tribus primitivas se convierten en sociedades más complejas y organizadas que hacen la guerra entre sí por el dominio de grandes territorios. Y el pueblo que gana esclaviza al que pierde, no es cuestión de buenos y malos porque si hubiera ganado el contrario habría hecho lo mismo al revés. En este sistema te toca ser amo o esclavo; puede haber amos mejores y peores pero esto no afecta a la economía.
No obstante, este sistema económico basado en la esclavitud también se hunde cuando el Imperio Romano crece tanto que ya no puede conquistar más países para aportar más esclavos. Entonces es preciso criar los esclavos desde que nacen y además, el cristianismo, impide ejecutarlos cuando se hacen mayores. Así que la esclavitud deja de ser rentable y los amos acaban liberando a sus esclavos, primero les arriendan sus tierras y más tarde se las venden. No porque se hayan vuelto buenas personas sino porque les sale más a cuenta.
En cambio a los ciudadanos recién liberados les sale tan poco a cuenta su condición de propietarios que acaban entregando sus tierras a los nuevos señores bárbaros que han conquistado el Imperio. Se las entregan a cambio de protección militar. Así nace un nuevo sistema: el sistema feudal, un sistema en el que la gente son siervos que van en un lote con la tierras, tienen prohibido abandonarlas, se encargan de cultivarlas y entregan dos tercios de la cosecha al señor del castillo que les protege. Este sistema se mantiene hasta que en los cruces de los caminos se empiezan a montar ferias y a edificar pequeñas ciudades amuralladas. Algunos siervos se escapan del feudo, se instalan en ellas y se convierten en artesanos a los que los mercaderes dan trabajo.
El capitalismo aparece porque, por un lado, estos mercaderes reúnen a los artesanos en una nave, dividen el trabajo en varias fases y lo mecanizan con ayuda de la máquina de vapor. Y por otro lado porque se descubren las plantas forrajeras que hacen innecesario el barbecho, incrementan la productividad de la tierra y permiten la ganadería intensiva. Entonces los señores feudales expulsan a la mayor parte de la población de sus terrenos y la gente se tiene que desplazar a las ciudades en busca de trabajo. Lo encuentran en las minas de carbón que se extrae para hacer funcionar el vapor y en las fábricas que empiezan a desarrollar las modernas técnicas industriales.
Esta técnicas permiten una gran productividad pero exigen una inversión inicial cuantiosa porque hay que disponer de un terreno, construir un edificio, hacer las instalaciones, comprar la maquinaria, las materias primas y pagar los salarios. Y todo esto hay que hacerlo antes de producir los bienes que después se venderán en el mercado. Esta inversión solamente la pueden hacer los que de entrada ya son ricos, porque son los únicos capaces de adelantar este dinero. En contrapartida, como lo pagan todo, incluso los salarios, se quedan con los beneficios. Así que los ricos se hacen cada vez más ricos mientras que los trabajadores se limitan a subsistir para poder trabajar el día siguiente, con un pequeño plus que les permite criar a sus hijos para que, a su vez, trabajen cuando se hagan mayores.
Así es como funciona el sistema; no es que los capitalistas sean malvados y los trabajadores sean buenas personas. Es más, las empresas entran en competencia entre sí y las que tienen mayor beneficio crecen y se comen a las pequeñas. Así que un empresario puede ser individualmente muy buena persona pero si paga mejor a sus trabajadores que la competencia, rápidamente desaparece del mercado porque sus costes son más elevados. Ser capitalista y ser generoso son cosas incompatibles.2.- La introducción de la política en la economía: derecha-izquierda
Si, poco a poco, los salarios suben y las jornadas laborales se reducen es porque los trabajadores se organizan: primero en sindicatos y más tarde en partidos políticos. Apoyándose en la democracia, estos partidos consiguen imponer leyes a favor de los trabajadores y sacar dinero a los ricos mediante los impuestos para mejorar la vida de los pobres prestándoles los servicios que proporciona el Estado: educación, sanidad, protección social, etc.
Esto dura bastantes años y produce una progresiva implicación del Estado en la economía. Esta implicación aumenta en el momento en que las crisis económicas dejan los almacenes llenos de mercancías y a la población sin dinero para comprarlas. Entonces el Estado pasa de ser productor a consumidor neto, inyectando dinero en la economía y convirtiendo a parte de la población en empleados no productivos que cobran un salario y pueden gastarlo en comprar lo que se continua fabricando. En esto juegan un papel muy importante tanto los funcionarios como el sector servicios. Ser productivo ya no es indispensable, lo importante es consumir. Y para esto se inventa el crédito: el que piden las familias, el que piden las empresas y el que pide el propio Estado. Aquí aparecen el famoso déficit y la Deuda Pública.
Todo esto compitiendo con un nuevo sistema económico en los países del Este en el que el Estado asume la función del capital y controla la totalidad de la economía. Allí desaparece la empresa privada y aquí aparece el mito de que la privada funciona mejor que la pública. El capital se rearma y se dispone a reconquistar la totalidad del espacio económico: lo hace interviniendo en las políticas de los gobiernos, en las leyes que promulgan y, sobre todo, sustituyendo al Estado en los ámbitos que manejaba tradicionalmente: suministros básicos, sanidad, obras públicas, seguridad ciudadana, etc. El mecanismo es simple: las competencias siguen siendo del Estado pero este contrata su ejecución a la empresa privada. Ahora el dinero presupuestado para atender un servicio concreto se entrega a la empresa privada y si esta presta el servicio gastando menos es beneficio para ella. Por eso el capital quiere privatizarlo todo.
Con el derrumbe del capitalismo de Estado en los países del Este, ocasionado sobre todo por la carrera armamentística, desaparece un posible competidor que podía representar una alternativa. El capital se crece y el sistema se parece cada vez menos al modelo de competencia que tenía en sus inicios. Ahora las grandes empresas multinacionales tienen más poder que los propios Estados y pueden chantajear a los gobiernos amenazando con marcharse del país y dejar sin trabajo a la población. Exigen una práctica exención de impuestos y una participación mayor en las obras públicas y servicios que presta el Estado. Y el gran capital se camufla en los bancos, prestando dinero a las pequeñas empresas y confundido con los pequeños ahorros de la gente y las cuentas corrientes que gestionan nuestras nóminas y domicilian nuestros gastos. Así que, cuando hay crisis, todo el mundo corre a salvar los bancos para no perder sus ahorros.
Poco a poco la presión fiscal sobre el capital disminuye y el Estado se sostiene gracias a los impuestos que pagan las personas físicas: los trabajadores de toda la vida que ahora se denominan clase media. Pero el capital cada vez quiere menos impuestos y restricciones. Solo las pequeñas empresas, o asociaciones como ADCA, pagan el impuesto de sociedades con la tarifa del 25 por ciento. Las medianas tienen desgravaciones que les permiten pagar el 15, las más grandes tributan en la práctica el 5 por ciento de sus beneficios y las multinacionales menos del 1 por ciento.
3.- La supresión de la política en la economía: totalitarismo-democracia
Pero el propósito del capital es desmantelar el Estado por completo. Así que mediante los medios de comunicación, prácticamente todos de su propiedad, se dedica a hacer propaganda a favor de políticas que recomiendan rebajar más los impuestos. Y en paralelo, desacreditan a los gobiernos exigiéndoles mantener o aumentar sus prestaciones con menos recursos. Y la gente traga porque entiende que se le ofrece pagar menos impuestos y recibir los mismos servicios. La guinda del pastel es que los partidos de izquierda, por miedo a no ser votados, no se atreven a proponer subidas impositivas. O incluso se suben al carro de bajarlos. Así es como desaparece la vieja alternativa izquierda-derecha.
En su lugar aparece una nueva dicotomía: democracia o totalitarismo, los partidos tradicionales por un lado y la extrema derecha por el otro. Esto sucede siempre que el sistema entra en una crisis profunda: el capital promociona a la extrema derecha procurando que las clases populares la apoyen. Aquí aparece toda una batería de propuestas destinadas a desmontar la democracia: la más importante es fomentar el descrédito de los políticos acusándolos de inoperancia y corrupción para, a continuación, proponer su desaparición.
La corrupción es una enfermedad propia de un sistema en el que, para el capital, el Estado es la principal fuente de ingresos. Se habla constantemente de políticos corruptos pero nunca de las empresas que los corrompen: los políticos cambian pero las empresas se mantienen, esperan simplemente a los políticos de turno para ofrecerles financiación para su partido a cambio de obtener los contratos del Estado.
Es un eslabón más de este juego en el que el Estado planifica y las empresas ejecutan, haciendo grandes beneficios en los contratos que firman. La parte de estas ganancias que se dedica a corromper es el chocolate del loro de estos beneficios; de hecho carece de importancia en términos económicos. Pero se utiliza para ensuciar la fama de toda la gente que se preocupa por la colectividad. Consiguen así que esta preocupación por la sociedad que nosotros alentamos como parte del desarrollo espiritual del ser humano, se acabe identificando con una manera de robar.
En estos momentos se intenta desmontar todas las conquistas sociales de los sindicatos y los partidos de izquierda durante el siglo pasado. Estos partidos y sindicatos se han quedado sin recursos y sin políticas, ni tan siquiera se sienten capaces de presentar batalla al discurso de esta extrema derecha que tiene por objetivo distraer la atención de la gente acusando de los problemas a los más débiles.
Y aquí debemos hacer mención del Trabajo espiritual en general y del Evangelio en particular: no es coherente estar en el Trabajo y rechazar a las personas de los niveles más bajos de la población. Los pobres, endemoniados y leprosos de tiempos de Jesucristo son ahora los inmigrantes, drogadictos, pequeños delincuentes, okupas y demás marginados de nuestros días. Y nuestra obligación es alentar un sistema económico que resuelva estas situaciones y evite que se reproduzcan.
4.- El bien y el mal en la política
No es una cuestión de buenos y malos, ni tampoco de si las cosas se hacen bien o mal. El argumento de que las cosas se hacen mal y podrían hacerse mejor es el que utilizan los que quieren mantener el sistema. Todo se puede hacer mejor, pero el sistema tienes sus límites. Si prestamos más atención a nuestra economía familiar seguro que podremos ahorrar un poco más pero este esfuerzo no cambiará sensiblemente nuestra situación económica.
Denunciar que el gobierno lo hace mal requiere explicar cómo hay que hacerlo, no basta con afirmar que otro lo hará bien. A menudo los argumentos que se citan están vacíos de contenido: Claro que hay que hacer las cosas bien, pero es indispensable saber cómo es bien. Hay que atender a lo que le interesa a la gente, sí, pero ¿quién lo decide? Tenemos que eliminar la pobreza, fantástico, pero ¿de dónde sacamos la riqueza para conseguirlo?Se dice que el Estado derrocha y que podría ahorrar más. Veamos en qué ámbitos: ¿en hospitales, maestros, seguridad ciudadana, protección social, ferrocarriles, carreteras, defensa? ¿En funcionarios? Todos los maestros, médicos, enfermeras, policías y jueces son funcionarios. Y tiene que haber funcionarios que recauden los impuestos y los administren. Seguro que algunos se solapan entre el Estado y las autonomías, pero una vez resuelto eso ¿cuántos funcionarios quitamos y de dónde?
Otra propuesta que se está haciendo muy popular es la de rebajar el sueldo a los políticos. Puede que tengamos que exigirles más dedicación a los políticos pero si tuviéramos que rebajar el sueldo a todas las personas que no hacen bien su trabajo, los ingresos de la población se reducirían a la mitad. Y esto provocaría otra crisis económica. Si queremos gente adecuada en la política los hemos de pagar bien porque este es un trabajo que requiere una gran capacidad y una dedicación que te deja sin vida familiar.Mirando los Presupuestos Generales del Estado vigentes, advertimos que la partida que incluye los gastos de la Casa Real, del Congreso y del Senado representa un 0,23 por ciento del total. Sostener que con este dinero se pueden hacer varios hospitales equivale a decir que con el dinero de los hospitales se podrían hacer muchas escuelas. Todo lo que aparece en el Presupuesto es necesario. Si prescindimos de los políticos, ¿quién gobernará?, ¿los altos funcionarios del Estado? Vale la pena darse una vuelta por los organismos del Estado y observar los apellidos de estos altos funcionarios: pertenecen todos a las familias más poderosas del régimen franquista. Por eso quieren volver a gobernar.
También se propone ahorrar desmontando las autonomías y centralizándolo todo de nuevo. Este es el sueño de la extrema derecha porque es la mejor manera de limitar la participación de los ciudadanos, pero a la sociedad le conviene justo lo contrario. Estos días se ha puesto claramente de relieve la necesidad de atender el llamado principio de subsidiariedad: la gestión de los problemas concretos se resuelve mejor cuando corre a cargo de las administraciones que están sobre el terreno. En cambio las directrices políticas generales conviene que se decidan a nivel mundial. Por tanto, los que sobran son los gobiernos de Madrid, París, Berlín etc., no las autonomías ni los ayuntamientos. Cuanto más cerca de la población está el poder mejor se puede participar en su gestión, pero políticos tiene que seguir habiendo porque no podemos decidir los Presupuestos de las diferentes administraciones haciendo asambleas de escalera.
Resumiendo: la solución no está en el ahorro que propone la extrema derecha. Al contrario, es necesario gastar mucho más. Entonces ¿cómo se pueden equilibrar estos Presupuestos?: actuando en el capítulo de ingresos, cobrando muchos más impuestos y cobrándolos al capital, como se hacía antes. Y también gravando fuertemente la especulación que solo introduce distorsión en la economía. Ahí hay una bolsa enorme de dinero a la que se puede recurrir, un dinero que en estos momentos está inmovilizado.
5.- Una situación cambiante
El remedio no es quitar a los políticos sino promover otra clase de políticas. Y en estos momentos esto implica cambiar un sistema económico que ya no da para más.
La pandemia está haciendo cuestionar algunas ideas sagradas hasta ahora: la más importante es que para sobrevivir hemos de trabajar y que para trabajar es indispensable que una empresa nos contrate. Lo que se está planteando ahora es que todo el mundo ha de tener un mínimo asegurado por el hecho de haber nacido. Solo después de haberle asegurado el sustento se le puede reclamar al individuo que aporte su esfuerzo a la colectividad haciendo algo de valor para la misma. Esta es una posición coherente con la idea del ser humano que tenemos en el Trabajo espiritual. La actualización del potencial que somos no puede depender de si nos contrata una empresa.Esta actividad que se requiere al individuo se puede organizar y gestionar a través de empresas, pero no es algo que se pueda dejar en manos de la iniciativa privada. Es el colectivo quien tiene la obligación de hacerlo. La iniciativa privada puede colaborar, puede ofrecer sus servicios y promover nuevas formas de atender estas tareas, pero es la propia sociedad la que ha de determinar hacia dónde hay que dirigir los esfuerzos. Porque no podemos esperar que los particulares o las empresas capitalistas se ocupen del cambio climático, de si una determinada región se queda sin empleo o si un determinado colectivo queda desatendido. En otras palabras: el bienestar de la comunidad es responsabilidad de la comunidad: no se puede dejar al albur de una iniciativa privada que solo atiende al beneficio.
El Estado tiene actualmente un papel muy importante en la economía, pero ha de dejar de estar subordinado a un capital cuyo objetivo no es el bienestar de la población sino su propio beneficio. La idea de que la población indica lo que necesita y la empresa privada lo produce es algo que ya ha pasado a la historia. En estos momentos el capital se dedica más a la especulación que a la producción. Y por otro lado, esta producción se está robotizando y necesita cada vez menos mano de obra. Así que el sistema capitalista camina hacia su fin. La cuestión es como hacer una transición ordenada hacia otro sistema, porque en economía no pueden funcionar dos sistemas a la vez.
Lo cierto es que la pandemia ha agravado la situación de muchos sectores pero la renta básica es una medida que se contempla desde hace tiempo en los gabinetes de estudio. Porque está claro que la robotización dejará a medio plazo sin empleo a toda la población que opera actualmente en trabajos no cualificados. Habrá que luchar contra este prejuicio que impide entregar dinero sin trabajar, aunque esto es justo lo que se está haciendo en estos momentos con los ERES, los seguros de desempleo y las ayudas a diversos sectores con préstamos a un interés prácticamente cero. En estos momentos ya no es posible sostener que la gente no trabaja porque son unos vagos.
Es interesante contemplar cómo, de pronto, se ha acabado el discurso de que estamos gastando por encima de nuestras posibilidades y tenemos que hacer recortes. Al contrario: ahora hay que ayudar a los sectores que se dedican al turismo, a los artistas, a los cantantes, a los ancianos, a los dependientes… a todo el mundo. Eso está bien y es lo correcto. La cuestión es que nadie explica de dónde van a salir los recursos para pagarlo.
Veamos de dónde está saliendo este dinero: básicamente de los dólares que imprime la Reserva Federal de los EE. UU. y de los euros que imprime el Banco Central Europeo. ¿Qué tiene que ver esto con la idea de que un empresario te paga porque haces un trabajo para él? Nada, no tiene nada que ver. Pero ¿cómo se justifica este fenómeno desde la óptica del sistema actual?: presentándolo como un préstamo que habrá que devolver. Sin embargo todos sabemos que, a pesar de los recortes, la Deuda de los Estados no para de crecer; simplemente cuando toca devolver un préstamo se solicita otro y con este se paga el anterior. Por eso se está hablando también de subvenciones en lugar de préstamos y de convertir el déficit en Deuda Perpetua.
Sin embargo, la Deuda tiene un coste: los intereses. Los préstamos no se reintegran pero se pagan intereses y, a pesar de que los tipos son bajos, aumentan en valor absoluto. En el Presupuesto de 2018, que continua vigente, suponen un 10,46 por ciento del total de gasto. Esto sí que nos ha de preocupar y no la Casa Real y los políticos. Porque al paso que vamos llegaremos tranquilamente a un 15 por ciento en cuatro días. Pero ¿quién cobra estos intereses?: todo aquel que ha invertido su dinero en Deuda Pública. Muchos particulares invierten en esto porque es una inversión que tiene poco riesgo.
Pero en estos momentos no son los particulares los que están comprando la Deuda Pública, la compran los bancos con el dinero que les presta el Banco Central Europeo. Es decir: el Banco Central Europeo imprime los billetes y los presta a los bancos privados, con un tipo de interés muy bajo, en torno al 0,5 por ciento. Y entonces los bancos privados compran la Deuda Pública a los Estados que les pagan unos intereses del 4 o el 5 por ciento. Así que la mayor parte de este 15 por ciento de intereses de la Deuda Pública que tenemos que pagar cada año se lo entregamos a estos bancos, lo sacamos de nuestro bolsillo para dárselo a sus accionistas. Solo por hacer de intermediarios.
6.- Propuestas revolucionarias
Así que por un lado tenemos un Estado que se ha de preocupar de facilitar una renta universal mínima a toda la población y, además, proveer una sanidad, educación, seguridad, vivienda, infraestructuras e investigación adecuadas y atender al cambio climático. Y por otro tenemos unas instituciones financieras que pagan gran parte de esto con un dinero que se imprime en el Banco Central Europeo. ¿Cómo es posible que está emisión constante de dinero no esté ocasionado una inflación galopante? Simplemente porque está ocupando el lugar de inmensas fortunas acumuladas que se mantienen fuera de la circulación económica porque no están interesadas en invertir. El hecho es que si no se regala dinero a la población ya no resulta posible colocar en el mercado todos los bienes que se continúan produciendo. Así que está política basada en la Deuda, es decir: en el crédito al por mayor, tan solo está evitando el colapso.
En estos momentos el dinero es una ficción total. Los ingresos que recibimos a través de los salarios, las pensiones o las ayudas de todo tipo se anotan en una cuenta de ordenador; y cada cosa que pagamos, bienes o servicios, se deduce de esta misma cuenta. Simplemente no podemos sacar más de lo que hay. Pero si un bien o un servicio tienen un coste determinado, ¿por qué tenemos que pagar por encima de este coste?, ¿qué sentido tiene pagar más porque lo ha elaborado una empresa privada? En el sistema capitalista esto es obligado porque hay que remunerar al capital, pero si ahora el capital se mantiene al margen o se dedica exclusivamente a la especulación, y el coste lo sufraga el Banco Central europeo, no hay motivo alguno para pagar más de lo que cuesta. Y si a las empresas privadas no les interesa producirlo ya lo producirán las públicas.
Y no digamos todos los servicios que presta el Estado, ¿por qué tienen que conllevar un sobrecoste o un recorte que va a parar a los bolsillos del capital? La mayor parte de la gente que estamos en el Trabajo espiritual desarrollamos nuestra profesión en este ámbito. ¿Alguien considera que se esfuerza poco por estar en la nómina de un Ministerio o de una Consejería? ¿Alguien imagina que trabajaría mucho más si estuviera en una empresa privada? ¿No sucede más bien que los que están en la privada constatan que tienen dificultades para hacer bien su trabajo a causa de los beneficios que detrae el capital?
Actualmente la investigación se hace en las Universidades, la mayoría públicas; el problema es que dependen de las empresas privadas para financiar sus proyectos. En EE. UU. no se aprueba un solo proyecto de investigación si en la propuesta aparece el término “cambio climático”. Así que solo hay que facilitar recursos procedentes de la comunidad a los investigadores y el progreso que su labor genere se transmitirá a los procesos productivos de las empresas estatales.
El único espacio que por su naturaleza habrá que dejar en manos privadas es el de la creatividad literaria y artística, incluyendo en este apartado el diseño de los bienes de consumo. Todo lo demás se puede planificar. De hecho el Estado lleva años planificando lo que tiene que hacer en cada tiempo y lugar en función de la evolución esperada de la población, solo que, a continuación, lo encarga a la empresa privada. O sea que ya no es el mercado el que decide el grueso de la actividad económica sino esta planificación.
Si el trabajo no cualificado va a desaparecer todos nos dedicaremos a trabajos de naturaleza intelectual o estética, algo que despierte especialmente nuestro interés. Y está claro que en una economía de este tipo dejarán de haber clases sociales, solo habrá ciudadanos que recibirán lo que necesiten y aportarán su creatividad personal. Esto, en estos momentos no es utópico en términos económicos. Hace unos días quizás lo era políticamente, pero la pandemia está poniendo de relieve muchos desequilibrios absurdos que requieren soluciones novedosas y ponen de relieve la inutilidad de las habituales.
7.- Medidas a aplicar en esta transición.
En primer lugar es indispensable que estemos bien informados, no solo para tener clara la situación que hay que enfrentar sino también para poder contrarrestar la demagogia y el populismo de la extrema derecha y evitar que convenza a la gente humilde. No podemos permanecer callados mientras esta propaganda se difunde mezclada con el odio y la división social. Ya tenemos experiencia de lo que supone que los supuestamente conscientes se mantengan callados mientras los bárbaros vociferan: estos que ahora reclaman libertad son los mismos que promulgaron el último estado de excepción en tiempos de Franco.
La libertad es algo que va indisolublemente unido al respeto por el ser humano y es lo que le permite ejercitar su naturaleza esencial. No debemos confundirla con poder hacer lo que te da la gana si tienes el dinero suficiente. La libertad no la pueden ejercitar aquellos que no saben si van a comer o dónde van a dormir el día siguiente. La libertad ha de permitir que se manifiesten los conflictos y ha de canalizar los medios para resolverlos; y esto se llama democracia y libertad de expresión.
Y su falta no tiene nada que ver con la intervención del Estado en la economía porque totalitarismos los ha habido en el sistema de mercado y en el de economía planificada; siempre con el argumento, cierto o falso, de tener que protegerse de un presunto enemigo. Para nosotros libertad equivale a posibilidad de actualizar el potencial que somos, una posibilidad que hemos de defender ejercitándola.Nada de lo que expongo en este artículo es algo que no podamos leer en los periódicos o escuchar en las noticias, así que no debemos refugiarnos en la idea de que de eso no entendemos. Lo que sí podemos hacer es discutirlo y, si conviene, discrepar, pero por favor, no lo ignoremos.
Hay algunas medidas que empiezan a parecer de sentido común para todos aquellos que no tiene intereses en el sistema. Se pueden empezar a defender para que se recojan en aquellos programas políticos que hacen propuestas en vez de lanzar amenazas. Ahí van unas cuantas que podrían facilitar el cambio y que se pueden reclamar de inmediato:
Medidas políticas:
– Cesión de la soberanía de los Estados a la Unión Europea para que decida sobre las grandes cuestiones económicas y administrativas.
– Gobierno de la Comisión Europea elegida directamente por el Parlamento Europeo.
– Organización de la administración europea en base a la Europa de las regiones.
– Legalización inmediata de todos los inmigrantes.Medidas económicas:
– Establecimiento de una Renta Universal mínima capaz de asegurar la subsistencia de todas las personas.
– Reforma de la Seguridad Social y de las pensiones para que se paguen con ingresos fiscales.
– Transformación de la Deuda del Estado en Deuda perpetua europea
– Supresión del dinero líquido y prohibición de las monedas virtuales.Medidas fiscales:
– Obligación de las multinacionales de tributar en todos los países en los que tengan centros de producción, gestión o distribución.
– Supresión de las deducciones en el Impuesto de Sociedades para que todas las empresas tributen al mismo tipo.
– Imposición de la tasa Tobin a todas las transacciones financieras
– Imposición de la tasa Google a las multinacionales digitales.Se admiten propuestas. Cada uno en su ámbito de trabajo puede percibir y plantear posibles alternativas. Y desde luego hay que añadir las que se refieren al cambio climático.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorCuando veáis que se anuncian medidas de ayuda para los más necesitados, o los más vulnerables, dad por descontado que esto no pasará de ser un anuncio. Porque los más vulnerables lo son tanto que ni tan siquiera se ven capaces de pedir estas ayudas; y a los que las piden no se les considera lo suficiente vulnerables como para merecerlas.
Las medidas gubernamentales no han de ser de beneficencia, han de ser generales, para todo el mundo. Después, los que no las necesitan ya las devolverán con sus impuestos.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorSOBRE LA SITUACION ECONOMICA Y LOS CAMBIOS A PROMOVER
Es momento de empezar a reflexionar sobre las medidas de tipo económico que está tomando el Gobierno y lo que puede suceder cuando hayamos superado la pandemia. Para eso puede ser interesante comprender de qué modo funcionan las empresas porque de ellas dependen actualmente la mayoría de los puestos de trabajo. El esquema es bastante simple, las empresas tienen:
INGRESOS básicamente por venta de bienes o servicios (clientes).
y GASTOS: materias primas (proveedores), salarios (trabajadores), suministros (compañías), servicios (gestorías, transportes), intereses de préstamos (bancos) e impuestos (estado)
Hay beneficios si INGRESOS > GASTOS y perdidas si INGRESOS < GASTOS En negrita podemos ver todas las personas que están involucradas en una empresa aparte de los propietarios y los trabajadores. Esto tan sencillo no parece que se tenga en cuenta por el gobierno: se ha mandado cerrar los negocios, que se han quedado sin ingresos, pero no se ha ordenado suspender los gastos: el restaurante que ha tenido que cerrar debe seguir pagando los alquileres, el agua, la electricidad, la seguridad social y los impuestos. Solo han resuelto la cuestión del empleo mediante los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) y han dado algunas ayudas a los autónomos, aproximadamente a un cuarta parte de los que lo han solicitado. Al resto les han avalado un préstamo bancario que tendrán que devolver y que, de momento, les servirá para pagar estos gastos que no se han suspendido. Es razonable que se cierren los restaurante el tiempo necesario, pero no lo es que el propietario tenga que correr él solo con las pérdidas que esto comporta, y que estas pérdidas no sean compartidas por todos los entes involucrados en la empresa que hemos señalado más arriba. Así que lo más probable es que muchas pequeñas empresas no puedan resistir el embate y acaben cerrando, lo cual nos volverá a situar en la escena que justo creíamos estar abandonando: gran cantidad de gente al paro, nueva disminución de los salarios, sectores como el cultural o del turismo devastados y un nuevo incremento de la Deuda Pública que justificará tomar, más tarde, nuevas medidas para disminuir el déficit. Es como si la crisis que estábamos dejando atrás fuera solo un ensayo de lo que nos llega ahora. Pero hemos de procurar que sea cierto este vaticinio de que no podemos volver a lo de antes; sobre todo porque estas últimas experiencias han puesto al descubierto muchos fallos de un sistema que lleva tiempo haciendo aguas por todas partes y han demostrado la importancia que adquiere la conciencia colectiva para hacer frente a las necesidades reales de la población. Una de las cosas que pasará a mejor vida es esta idea liberal de que el colectivo sale reforzado si cada uno se preocupa por sí mismo. Y otra que la gestión privada es mejor que la pública: después de lo que ha pasado en las residencias de ancianos será difícil defenderlo, y también después de la evidencia de hasta qué punto estábamos desprotegidos como consecuencia de los recortes. Los organismos que en teoría vigilan para que el déficit público no se dispare han tenido que tirar la toalla y reconocer que el Estado tiene que asumir ahora un papel relevante y un protagonismo indiscutible. Pero si repasamos todas las peticiones que se están realizando a las administraciones desde diversos sectores veremos que expresan algo más que un grito de auxilio en momentos excepcionales, veremos que la sociedad ha desarrollado una serie de necesidades colectivas que requieren una atención decidida por parte de la administración: cultura, guarderías, residencias, cuidadores, discapacitados, refugiados, etc. Todos estos sectores reclaman una atención que la propia sociedad ha decidido concederles, y por lo tanto requieren un incremento del gasto público. La crisis actual enseña que es el confinamiento de la población lo que paraliza la economía. Si hay que proteger y cuidar a la población para que la economía se vuelva a poner en marcha, cuanto más protegida y cuidada esté la población mejor irá la economía. Así que las personas han de dejar de ser un factor más de la producción, como hasta ahora, para convertirse en el principio y fin de la actividad económica. Y para eso hay que dar un paso firme e ir más allá de este Estado al que se pide protección en situaciones complicadas: tenemos que promover un Estado que garantice la calidad de vida de la población en general. La renta básica universal que se está estudiando puede ser un punto de partida de esta nueva visión. Se trata de una cantidad que recibe todo ciudadano por el hecho de serlo, con independencia de su situación laboral o patrimonial. Si se hace en serio, esta es una medida que permite subsistir sin trabajar, así que nadie se verá obligado a aceptar condiciones laborales injustificadas para sobrevivir y por tanto estas prácticas indignas desaparecerán del mercado. Al contrario de lo que sucede en la actualidad los trabajos más desagradables serán los mejor pagados, el paro desaparecerá, la suspensión temporal de ciertas actividades no comportará ninguna catástrofe y los emprendedores podrán arriesgar su patrimonio sin temor a poner en peligro la subsistencia de su familia. Por otro lado no se ha de permitir la acumulación improductiva de bienes que permanecen inactivos siendo necesarios, en especial de las viviendas. Todas las viviendas en manos de sociedades han de ser puestas obligatoriamente en el mercado de alquiler de forma continuada, lo cual hará disminuir el precio los arriendos. El turismo que se aloje en los hoteles que para eso se inventaron. No defendemos expropiar las viviendas que están en manos de los bancos o de los fondos de inversión, no defendemos expropiar nada, pero la vivienda es un derecho básico que no puede ser gestionado solo con criterios de beneficio. Esta imagen de la policía desahuciando personas por orden de un juez que protege el derecho de propiedad se tiene que acabar; y esto se consigue colocando a las personas por encima de la propiedad. Nuestra Constitución garantiza el derecho al trabajo y a la vivienda, así que ya va siendo hora de que las leyes sobre la propiedad se subordinen a estos derechos básicos. Y de la misma forma el Estado debe controlar, regular y garantizar los servicios esenciales de agua y energía. Asegurar todo esto facultará a los legisladores para adoptar medidas drásticas e inmediatas en caso de situaciones de abuso, tanto por parte de los propietarios como de los usuarios de las viviendas. También nos conviene reflexionar sobre qué garantizan nuestras leyes, porque a veces parece que, en nombre de la libertad, se favorece solo el abuso y la prepotencia. Ya va siendo hora de acabar con el vandalismo de los grafiteros, con el comercio de sustancias estupefacientes y con la prostitución. Está claro que hay que evitar duplicidades en la administración. Si las competencias de Sanidad están traspasadas a las autonomías, mantener un Ministerio de Sanidad solo sirve para entorpecer la gestión de los profesionales que están sobre el terreno. Pero lo que sobran son cargos, no sobra personal al servicio de la administración; al contrario: faltan miles de médicos y enfermeras, con contratos decentes; faltan maestros, profesores, policías, jueces, agentes rurales, protección civil, investigadores, planificadores y demás profesionales al servicio del sector público. Y toda esta gente ha de estar bien pagada, no hay ningún motivo para que se les remunere peor que en el sector privado. Ni tampoco para que no se les exija la misma eficacia y profesionalidad. Y finalmente hay que exigirle al Estado que promueva y ejecute, si hace falta, los cambios estructurales necesarios para resolver con urgencia la crisis climática. Aquí procede realizar una reforma en profundidad del transporte público y privado, de los patrones de construcción de edificios, de la conservación de la naturaleza y del cálculo de costes ambientales que se han de repercutir en los intercambios comerciales. Amén de una gran inversión en infraestructuras. Lógicamente todo esto hay que sufragarlo. Y aquí la novedad consistirá en hacerlo incrementando los impuestos y asegurando su recaudación. Hay que proceder a un gran incremento de los impuestos, no sobre la población en general que ya los paga sino sobre el capital y los grandes patrimonios. Los impuestos han de sufragar los bienes del colectivo, porque ningún ciudadano normal y corriente se puede comprar un hospital, una escuela, una vía férrea o una atmósfera respirable; esto solo lo puede comprar el Estado y necesita recaudar impuestos para poderlo hacer. Y para impedir la evasión fiscal existe una solución muy fácil: eliminar el dinero en efectivo y prohibir las monedas digitales. Quizás podrá mantenerse un comercio clandestino en las redes profundas pero será marginal: la inmensa mayoría de transacciones mercantiles se harán mediante cargos y abonos en cuentas corrientes y serán totalmente transparentes. La empresa privada podrá participar en la ejecución de todo esto, al igual que lo hace ahora en las obras públicas. Sin maletines, porque los cobros y los pagos quedarán registrados y no habrá corruptores ni corruptos, por este orden. Y quedará en manos privadas todo el sector del consumo, de los servicios, de la cultura, de la informática, etc. Se puede mantener la bolsa para canalizar los flujos de capital y los mercado de futuros pero se deberá prohibir la especulación, que supone actualmente un 95 por ciento del movimiento bursátil. Como curiosidad, la automatización de las compraventas bursátiles hace que la mayoría de las acciones cotizadas no permanezcan en manos de un tenedor más allá de 4 o 5 segundos. Hasta el punto de que los edificios cercanos a las bolsas están muy buscados porque desde ellos las órdenes, que viajan a la velocidad de la luz, llegan antes que los de otros operadores. Daos cuenta de la cantidad de dinero que se recaudaría actualmente si se hubiera aplicado la famosa tasa Tobin, un impuesto sobre las transacciones financieras. Todas estas medidas son imposibles si no se toman en un marco internacional. La Unión Europea y los tratados de comercio internacionales son algo inútil si las decisiones las siguen tomando los estados tradicionales porque si uno sube los impuestos las empresas se trasladan a otro. Es indispensable una cesión de soberanía a Europa y un parlamento europeo que legisle para todo los países de la Unión, lo cual es compatible con una organización federal de pequeños estados y regiones. Y también se deberá abordar colectivamente el problema del déficit público en tanto que supone una carga distinta para los diferentes países, por eso no se puede convertir en perpetuo. Aquí habrá que hacer lo mismo que se hizo con los préstamos a los países subdesarrollados: amortizarlo de una forma controlada que no provoque desequilibrios en los balances financieros. La cuestión es si hay algún sujeto político capaz de presentar un programa que defienda estas propuestas. En todo caso deberá haber alguno, espontáneo u organizado, que rechace que se apliquen las de siempre y que coloque a todas las instancias gubernamentales, nacionales o internacionales, ante sus responsabilidades. Y habrá que elevar estas responsabilidades a un nivel global, planetario, es decir: humano.Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorEl Sr. Stulin lleva muchos años explicando las conspiraciones del capital y de las grandes familias que se reuneen en Suiza para decidir los destinos de la humanidad. Ahora parece que ha cambiado los protagonistas y la salvación nos ha de venir de manos del Sr. Putin.
Estas predicciones apocalípticas debilitan el espíritu y no hay que darles pabulo. Mejor resaltamos la capacidad de la población para organizarse y trabajar de un modo solidario, una capacidad que habrá que mirar de mantener después de resuelto el problema sanitario.Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorMe siento orgulloso del artículo de Carlos, aparte de su ejemplo personal está claro que, en lo que a mi me atañe, Oseira ha dado sus frutos en lo que respecta a conectar el Trabajo con la trascendencia. Sin embargo, lo que expresa Imanol en su artículo todavía lo tenemos pendiente. Y me gustaría recordar que Jesús expulsó del templo a los comerciantes a latigazos.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorEn estos últimos tiempos he experimentado un impulso a hablar de lo colectivo, hasta el punto de que mis textos podían recordar más a la política que a la espiritualidad. El caso es que en otros tiempos, las iglesias estarían repletas de devotos haciendo rogativas a Dios y a la Virgen para que se detuviera esta pandemia pero, en estos momentos, incluso los funerales están prohibidos. Solo se escuchan vanas proclamas de tipo patriótico, llamando a la unidad, para disimular la incompetencia de unos poderes públicos que llevan años al servicio del capital financiero mientras que han desatendido a la población. Tanto desarrollo económico para que nos tengamos que encontrar con un total desabastecimiento en los hospitales, sabiendo que si nos agrede la enfermedad y tenemos cierta edad podemos ser abandonados en un rincón.
Sin embargo, en estos mismos hospitales, los trabajadores de la sanidad están teniendo un comportamiento heroico, algunos están entregando su propia vida. Y lo hacen porque están viviendo su humanidad a fondo, porque son conscientes de su capacidad de hacer, no porque tengan determinada ideología o sean muy espirituales. También un gran número de personas se ofrece a atender a aquellos que están confinados en sus casas por razón de su edad o de su estado delicado. Y los empleados de las tiendas de alimentación, de las panaderías o de las farmacias, siguen en sus puestos, enfrentando el peligro que supone el contacto con el público. Esto demuestra que el ser humano es capaz de vivir en otra dimensión muy superior a la que acostumbra y que si no lo hace es porque las estructuras sociales que nos rigen ahogan el espíritu.
La emergencia actual es impactante porque ha desbordado el sistema, pero será positiva si consigue sacarnos de la pasividad con la que llevamos tiempo contemplando situaciones inadmisibles porque no nos afectan directamente. Cuestiones como el cambio climático, la polución atmosférica, los desahucios, los refugiados o la gente que no tiene papeles son tan inaceptables como estas muertes que se están produciendo en el seno de una sociedad que derrocha sin sentido en baratijas de lujo.
Debemos reaccionar ante la idea de que todo esto es inevitable. La factura económica que se nos va a presentar en cuanto salgamos de la pandemia nos ayudará a hacerlo porque, si todo sigue igual, se intentará que la paguen los de costumbre y veremos cómo se repiten, a peor, estos años de crisis que justo empezábamos a remontar. Además, ahora que hacemos tanto caso a los científicos, es momento de recordar las catástrofes que llevan tiempo anunciando si no se actúa para detener el cambio climático.
Estas decisiones no las puede tomar una economía basada en el mercado y en el beneficio a corto plazo. Si la sociedad continua dependiendo de que alguien haga negocio vamos a terminar viviendo en una distopía tipo “Elysium”, con una reducida minoría a salvo en una reserva, amurallada o en órbita, y la mayor parte de la población viviendo en condiciones infrahumanas. Esto será irremediable en el momento en que la administración renuncie a cualquier tipo de redistribución a través de la fiscalidad y se limite a realizar funciones de policía. Y hacia esto conducen las políticas que van en contra de los impuestos para “salvar los puestos de trabajo”.
Cada ser humano con una mente bien formada y un par de manos es un puesto de trabajo. Se trata de que una sociedad consciente y bien estructurada asigne a cada uno unas funciones a desempeñar y le asegure el sustento y las necesidades básicas. A partir de aquí, la creatividad científica, tecnológica o estética se producirá como una manifestación libre y gozosa del ser humano, en vez de constituir un modo de acaparar riqueza y privilegios sobre los demás. Cuando se nos permite ejercitar esta humanidad somos capaces de trabajar sin recompensas económicas, incluso arriesgando nuestra propia vida. No necesitamos más privilegio que el de poder participar en una mejora del colectivo, entendiendo por colectivo la humanidad en su conjunto.
Porque los problemas que nos afectan en estos momentos sólo tienen solución en base a una organización social y un gobierno de ámbito mundial, que administre utilizando el principio de subsidiariedad. El principio de subsidiariedad plantea que cada asunto debe ser resuelto por la autoridad más próxima al mismo; y es evidente que los estados tradicionales solo establecen barreras que impiden tomar decisiones eficaces; tanto a nivel superior, en nuestro caso Europa, como a nivel inferior, en nuestro caso las comunidades autónomas y los ayuntamientos.
El problema no son los políticos sino el sistema en el que se basan para gobernar y los objetivos que se consideran obligados a conseguir. Pero esto no solo incumbe a los políticos, nos incumbe a todos porque afecta a la humanidad como especie. No puede ser que si se toma una medida fiscal o medioambiental para proteger el planeta, las empresas afectadas se desplacen a otro estado que no las haya implantado. Urge una disminución radical en la utilización de los combustibles fósiles y esto solo se puede resolver a nivel planetario, no se puede diferir con la excusa de que se van a perder puestos de trabajo. En tres semanas de confinamiento la atmósfera del planeta se está limpiando y esto nos indica claramente cual es el camino, esperar que el mercado y las multinacionales lo sigan es de una irresponsabilidad total.
Las empresas habrán de continuar funcionando pero, en muchos casos, para producir cosas distintas y con criterios de respeto por el planeta y los trabajadores. No es necesario socializarlo todo, el sector público y el sector privado pueden seguir coexistiendo y colaborando, pero hay que invertir la dirección que ha tomado esta colaboración en los últimos años. En vez de privatizar la gestión de lo público lo adecuado será ahora intervenir en la gestión de lo privado para asegurar de que se atienden las necesidades reales de la población y se revierten los beneficios en la colectividad. Habrá que hacer de verdad lo que se supone que hace la administración cuando contrata servicios públicos a empresas privadas. Y si resulta que esta exigencia no le resulta rentable al capital porque reduce su tasa de beneficio, habrá que recuperar la gestión pública y en paz. Para eso se inventó la intervención del estado en la economía, para satisfacer aquellas necesidades que no eran rentables para el capital. Lógicamente esto implica un grado de imposición fiscal muy elevado que, al mismo tiempo, evitará el atesoramiento improductivo.
Y el punto de referencia de esta política económica no puede ser el crecimiento de la riqueza sino la atención a las personas. La humanidad en conjunto no necesita más riqueza, lo que necesita es gestionarla mejor y hacerla útil para todos. Esto no significa repartirla, significa que el que la tiene no puede ignorar al que se está muriendo de hambre o carece de recursos para enfrentarse a la enfermedad; así que deberá invertir en resolver estos problemas con financiación y personal adecuado. No se puede echar a la calle a los inmigrantes sin papeles y prohibirles trabajar, al que ha redactado estas leyes debería caérsele la cara de vergüenza. No se puede exigir a la gente que vaya a trabajar en medio de la epidemia y darles a escoger entre enfermar por el virus y transmitirlo a sus familiares o dejarlos sin comer o sin vivienda. Al empresario que carece de la sensibilidad necesaria para entenderlo se le ha de inhabilitar para ejercer la industria o el comercio. Y al gobierno que no haga lo necesario para impedir que esto suceda se le ha de destituir por incapaz. Esperemos que democráticamente porque, últimamente, cuando se trata de asegurar lo esencial, los votantes no parecen estar muy inspirados.
Y cuando hablamos de lo esencial no nos referimos solamente a las necesidades económicas; nos referimos sobre todo a la conciencia. Esperemos que esta situación que estamos atravesando ilumine un poco el ámbito de la espiritualidad y la rescate de las prédicas vacías pronunciadas en tono melifluo mientras se lanzan admoniciones sobre la unidad con la intención de denunciar como malos a los que protestan. No es hora de discursos de autoayuda realizados desde los púlpitos gubernamentales sino de aunar esfuerzos con estos que protestan desde el esfuerzo que están realizando, para escuchar lo que dicen. Es hora de renunciar a restablecer una supuesta normalidad que hace tiempo que ha desaparecido.
Nosotros sabemos que lo Superior nos está facilitando a travésde estos acontecimientos un estímulo adicional para que actualicemos el potencial que somos: nuestra capacidad de ver, de amar y de hacer. De hecho hace tiempo que vemos que las cosas pueden ser distintas y hace tiempo que lo deseamos, así que ha llegado el momento de llevarlo a la práctica. Si con esto no reaccionamos igual es que como especie no tenemos futuro. Esperemos que sea suficiente para generar una movilización global e iniciar una nueva etapa más humana y consciente.
La figura del Papa Francisco, solo en la inmensidad de una plaza de San Pedro vacía, refleja perfectamente la impotencia del hombre que se cree Dios y la fuerza de Dios que se puede expresar a través del hombre.
Vale la pena reproducir sus palabras hablando de la gente:
“[i]Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar como nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes, corrientemente olvidadas, que no aparecen en portadas de diarios y revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos
otros que comprendieron que nadie se salva solo[/i]”Y hablando de Dios:
“Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo,descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, al bendición de Dios. Señor, bendice el mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Más tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta”.
Jordi Sapés de Lema
Superadministrador[size=100]Dice el filósofo existencialista Karl Jaspers que tomamos conciencia del ser cuando todos nuestros conocimientos, nuestras relaciones y
técnicas no pueden evitar que algo suceda. Normalmente estas situaciones son personales: un accidente, una enfermedad mortal…, en algunos casos afectan a una determinada colectividad: un terremoto, una epidemia localizada… pero en estos momentos estamos enfrentando una situación que implica a toda la humanidad. Y parece que lo único eficaz que podemos hacer para resistir es quedarnos en casa.Es como un macro ejercicio de despertar a nivel mundial: deja de prestar atención a lo que tienes y a lo que haces y ocúpate de ti. Y es
curioso porque da la impresión de que muchos prefieren correr el riesgo de morir antes que romper su rutina.No sabemos cuántos días va a durar esta pandemia, ni tampoco cuantos vamos a sobrevivir a la misma. Lo que está claro es que, una vez
superada, las empresas, las instalaciones, la maquinaria, los vehículos y las materias primas seguirán estando ahí. De hecho, lo único que habría que
procurar es que la gente siguiera recibiendo en sus casas los alimentos, los fármacos y los suministros de electricidad, agua y gas.¿Cuánto cuesta la alimentación y los suministros de todos los ciudadanos del Estado durante un mes? Seguro que mucho menos de 200
millones de euros. Pero claro, si hay que parar la producción pero hay que seguir pagando los salarios de los trabajadores… para que ellos puedan seguir
pagando las hipotecas y alquileres a los bancos y a los propietarios… para que las empresas no tengan pérdidas aunque estén paradas… y puedan seguir pagando los impuestos y las cotizaciones de la seguridad social… a fin de que el Estado pueda financiar este esfuerzo fiscal que hará para impedir la crisis, entonces igual 200 millones de euros es poco. De hecho ya se verá a quién alcanza, porque cuando dicen que se aplicará a los más necesitados inmediatamente imaginas que a ti no te va a llegar.¿Y si nos tomamos todos un mes de vacaciones pagadas y los bancos y los propietarios renuncian a cobrar los alquileres y las hipotecas
durante este mes? Si la producción se detiene, ¿en qué se va a gastar este dinero que pretendemos que todo el mundo siga cobrando como si no pasara nada?No sé si habéis leído el artículo que colgó Javier y mostraba diferentes proyecciones de la epidemia en función de la gente que se
permite circular: con siete octavas partes de la población inmovilizada la enfermedad remite por sí sola; y una octava parte de la población basta para
atender estas necesidades básicas y asegurar que lleguen al resto. Como esto no se ha hecho desde buen principioahora va a costar más, pero si se sigue difiriendo, vamos a llenar los cementerios de gente con la pensión asegurada.A ver si podemos hablar de lo esencial antes de morir y volver al Ser.
[/size]Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorEl modelo que aporta Javi es clárisimo. Y también lo es que hay que inmovilizar a 7 octavas partes de la población, cosa que es muy diferente de impedir que toda la población se mueva por 7 octavas partes del territorio que es lo que promueven las medidas del gobierno. Y puesto que el virus no tiene fronteras, igual va siendo hora de que nos gobiernen desde la ONU.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorNo pretendo ignorar que este asunto merece ser contemplado también desde una perspectiva espiritual. Justamente el Evangelio de hoy (Lucas 18) trata de los jueces y la justicia. Me ha llegado una homilía muy interesante sobre este fragmento pero no encuentro la maneras de enviarla a través de la Web. Los que estéis interesados en escucharla tened la bondad de pedírmela por el correo ordinario.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorSOBRE BUENOS Y MALOS
Tengo 69 años, lo cual significa que nací en 1951, en medio de una sociedad acobardada todavía por la represión franquista y el recuerdo de la guerra civil. Los buenos eran los vencedores y los malos los vencidos, los rojos. Y por extensión, era malo cualquiera que se atreviera a criticar al Régimen: la crítica era sinónimo de buscarse problemas y la política era sinónimo de desorden y subversión. Había leyes que la prohibían explícitamente y el que se atrevía a desobedecerlas acababa en la cárcel una vez juzgado y condenado en base a estas leyes. No obstante, el régimen franquista les reconocía el carácter de presos políticos y estaban separados de los delincuentes comunes.
Todos los que luchamos en su momento contra esta dictadura y contribuimos de alguna manera al advenimiento de la democracia tuvimos que soportar ser tratados como malas personas, incluso por parte de nuestras familias. Los buenos no salían a la calle a manifestarse, se quedaban tan tranquilos en sus casas y enviaban a la policía a reprimir las manifestaciones. Y a altas horas de la madrugada, la policía política, llamaba a nuestras casas y nos llevaba presos a los malos. Esto sucedía en las mejores familias. Y cuanto mejores eran las familias, más desgracia suponía para ellas.
El malo es siempre el que remueve la calle y las conciencias, no es el que promueve el desorden sino el que lo pone de manifiesto. Siempre nos olvidamos de que algunos tipos de orden encubren un desorden de facto, un desequilibrio latente; y que para restablecer este equilibrio es indispensable que haya algún tipo de perturbación. Para evitar esta perturbación, los que defienden el estatus quo, sea por interés por comodidad o por miedo, suelen recurrir a la fuerza y a la moral, siempre por este orden: la fuerza para reprimir y la moral para llamar a la convivencia y a la unidad.
A lo que nunca se recurre es a la inteligencia, a la información; al contrario, se procura desinformar lo máximo posible. Y lo más lamentable es que, incluso teniendo la posibilidad de informarse, la mayoría de la población recurre a estas dos vías para sacarse de encima su responsabilidad como ciudadanos: prefieren sentirse seguros al amparo de los represores o significarse como buenos al amparo de los que están en contra de la violencia.
Ayer noche, los abogados que defendieron a los ahora condenados comentaban que los cuatro meses de juicio no habían servido absolutamente para nada, que se les había permitido presentar todas las pruebas pero se había hecho caso omiso de ellas. Entendían que la sentencia estaba escrita de entrada y que solo se habían tomado el trabajo de sustituir “rebelión” por “sedición” con algunos olvidos involuntarios que aparecían en el texto. Los que estuvimos siguiendo el juicio a diario durante estos cuatro meses damos fe de que esto fue lo que ocurrió.
Y claro, ya estaba previsto que tras la publicación de la sentencia hubiera protestas, pero como los catalanes nos hemos ganado la fama de civilizados y pacíficos, se esperaba que estas protestas no pasaran de algún corte de carretera y alguna marcha de estas de miles o millones de personas, da igual la cantidad, a la que somos tan aficionados. A lo mejor el año que viene nos da por organizar una marcha de miles de personas hasta Bruselas, comernos algunas bolsas de mejillones con patatas y volvernos de vuelta a casa orgullosos de la capacidad de movilización que tenemos, una capacidad que se ha demostrado absolutamente inútil. Por eso, los partidos que están en campaña electoral se atreven a seguir dando leña al mono catalán dejando claro que se han de cumplir las penas, porque esto les da votos en las generales.
Aquí tenéis un comentario que aparece en las redes en relación a los últimos acontecimientos:
“Lo que pasó anoche: chicos de 18 a 25años que en los últimos 7 años han salido a manifestarse sin tirar un papel al suelo y se les ha tratado de terroristas, nazis, pro etarras, comandos, golpistas, sediciosos, violentos y poco menos que asesinos; chicos a los que han tirado a la basura sus votos en todas las elecciones que han participado: 3 generales, 2 catalanas, 1 europea, habiendo votado a líderes que M. Rajoy no solo decía que podían presentarse si no que debían hacerlo.
Chicos a los que habéis masacrado, junto a sus familiares y amigos, por votar el 1 octubre; a los que habéis robado el dinero de sus pensiones, de su educación, de su sanidad, de su jubilación; chicos que pagan con sudor y lagrimas cantidades indecentes, trabajando y estudiando, por unas carreras que en otros lugares parece que regalan. Son jóvenes que han dicho basta, que no quieren estar más donde se les ningunea, se les menosprecia, se les roba; donde no tienen ni voz ni voto, donde viven los asesinos de sus abuelos, donde se homenajea al franquismo y se encarcela a líderes políticos por poner urnas.
Jóvenes que no admiten que se rescate a la banca con miles de millones del dinero de su futuro por unas casas que, aun habiendo pagado buena parte de su hipoteca, han sido embargadas y con ellas la de los padres avalistas, los sueldos de todos. Y para remate le sigues debiendo al banco de por vida. Se rescatan autopistas, oleoductos ilegales, aeropuertos fantasma, pabellones no inauguran porque ahora no son viables, macro discotecas, polideportivos gigantes en ciudades donde no vive casi nadie. Un robo constante.
Jóvenes frustrados al ver a sus guías pacifistas en prisión por 100 años y escuchar que hay que modificar la ley para que cumplan la pena íntegramente. Jóvenes que ven como son detenidos y encarcelados por una canción, un tuit, un zumo de naranja, una col lombarda, una careta, un cordón de zapato, un libro, una obra de títeres…
Esta juventud ha dicho basta; se bajan de este mundo, lo harán mejor o peor, pero se mueven con dignidad y por unos derechos cada vez más y más recortados. A estos jóvenes ya no los engañáis más, los habéis perdido para siempre como a la mayoría de Catalunya, podéis encarcelar sus cuerpos pero jamás sus ideas; estos jóvenes “han dit: prou.”
Esos jóvenes son los nietos de los que enterrasteis en cunetas sin saber que eran semillas.
Como decía David en su comentario: no toda la violencia es igual, no es lo mismo quemar un contenedor que reventarle un ojo a un manifestante. Bien pues en este texto tenéis reflejadas otra serie de violencias que se cometen cada día bajo el amparo de estas leyes que, supuestamente, no se pueden alterar y se tienen que cumplir.
Ayer en Barcelona, una serie de personas se interpusieron entre la policía y los grupos de jóvenes y consiguieron evitar los enfrentamientos de noches anteriores. Muy bien, pero ¿qué alternativa les vamos a dar a estos jóvenes airados si ni tan siquiera nos atrevemos a reconocer y rechazar la violencia que estamos sufriendo como parte de esta sociedad?, ¿de verdad consideramos que estas leyes y esta justicia pueden ser un punto de referencia para nosotros
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorCuando una persona consciente se interesa por el colectivo, vas más allá de una reivindicación concreta como puede ser el respeto por el carácter nacional de un pueblo.
Los sindicatos convocantes de la huelga general de ayer, 18 de octubre, presentaron en el acto de clausura de las cinco marchas por la libertad que reunió unas 750.000 personas, esta serie de reivindicaciones que se exponen a continuación.Os invito a leerlas y a constatar tanto que son pertinentes como a observar el estado que nuestra sociedad padece después de tantas décadas de supuesto desarrollo económico. Este desarrollo económico es un hecho, pero la riqueza generada está en manos de una minoría que, últimamente, ni tan siquiera la reinvierte. De aquí la crisis, una crisis que pretenden aprovechar para seguir manteniendo la acumulación de capital a costa ahora de los salarios de los trabajadores y del estado del bienestar que se había conseguido.
Esta es una ocasión para contemplar esta cuestión que venimos resaltando estos últimos tiempos: la preocupación por el nivel colectivo e impersonal de nuestra realidad existencial.
DISCURSO DE LOS SINDICATOS CONVOCANTES DE LA HUELGA GENERAL EN CATALUNYA DEL VIERNES 18 DE OCTUBRE
El contexto actual de políticas de austeridad y gobiernos neoliberales del Estado y de la Generalitat han configurado un escenario de excepción, ataque permanente a los derechos más básicos de los trabajadores y servicio a las patronales.
Eres, reformas laborales, privatizaciones, desmantelamiento de las pensiones, de la sanidad y educación públicas, de los servicios sociales; ahogo económico de las universidades públicas; políticas productivistas que atentan contra el clima y la salud de los trabajadores; legislaciones laborales que profundizan la precariedad, la brecha salarial, la feminización de la pobreza y la invisibilidad de los trabajos de cuidados y reproducción… La precariedad laboral permite a los empresarios utilizar sistemáticamente el despido o la no renovación como herramienta para impedir la constitución de secciones sindicales o, simplemente, la reclamación de los derechos más básicos por parte de cualquier trabajador. Pero la represión alcanza más aspectos: decenas de sindicalistas están siendo perseguidos y condenados a prisión por el hecho de luchar.
A medida que las políticas neoliberales de guerra económica y social contra los trabajadores avanzan, a medida que los gobiernos desmantelan el estado social, se incrementa la utilización del código penal y aumenta exponencialmente la represión a los trabajadores, las leyes de extranjería, los desahucios y la criminalización de la lucha social y laboral.
Como intersindical alternativa estaremos siempre en la defensa de los derechos de las personas, de los derechos económicos y democráticos, sociales y ambientales: de todos los derechos. Porque la lucha de los trabajadores por una vida mejor incluye por supuesto las reivindicaciones laborales, el reparto de los trabajos y de la riqueza, pero también el feminismo y el derecho a un medio ambiente sano, tanto para las generaciones actuales como para las futuras, pasando por la defensa de los servicios públicos.
También ha de quedar claro que las organizaciones sociales no son ni pueden ser correas de transmisión de ninguna organización ni partido político. Es por eso que desde la IAC, ante este estado de excepción permanente de las patronales y de los gobiernos contra las clases trabajadoras de este país, convocamos huelga general en Catalunya y reclamamos:
– La retirada del proyecto de ley de contratos de servicio a las personas.
– Derogación de las reformas laborales del 2010 y 2012
– Fijar de manera permanente la subida de las pensiones vinculándola al incremento del IPC y derogar la reforma del año 2011 y 2013 y el factor de sostenibilidad.
– Derogación de los recortes del Real Decreto Ley 8/2010
– Que el Govern de la Generalitat ponga en marcha un plan de rescate social que garantice servicios públicos gratuitos universales, alimentación y viviendas adecuadas para el conjunto de la sociedad. Contenido mínimo: aplicación real y efectiva de la Renta Garantizada Ciudadana. Incremento en el primer Presupuesto de la Enseñanza Pública, la financiación necesaria para una universidad pública de calidad, la Sanidad Pública, los Servicios Sociales y la Administración de Justicia; acompañado de un plan de creación de 100.000 puestos de trabajo.
– Un calendario que aborde de manera inmediata el acuerdo de emergencia climática del Govern de Catalunya y que se tome las medidas necesarias para reducir inmediatamente a cero las emisiones de gases de efecto invernadero.
– Elaboración de planes para la igualdad efectiva de mujeres y hombres que recoja que las empresas están obligadas a respetar la igualdad de oportunidades y e trato en el ámbito laboral y, con esta finalidad, que adopten medidas dirigidas a evitar cualquier tipo de discriminación entre mujeres y hombres.
– La lucha efectiva contra las situaciones de acoso sexual en el ámbito laboral, la precariedad laboral y la alta tasa de contratos de jornada parcial y corta duración. Cobertura obligada de las sustituciones por maternidad y cuidado de enfermos.
– Se exige también a las Administraciones Públicas que desarrollen y lleguen a acuerdos con los grupos políticos para implementar de manera urgente medidas enérgicas para eliminar la violencia contra las mujeres, y que este sea considerado un tema prioritario a resolver.
– La eliminación del acoso laboral en las empresas, tanto en el ámbito público como en el privado. Garantizar la erradicación del mobbing com herramienta de la gestión de recursos humanos, chacra endémica en la administración pública y especialmente en la universitaria.
– Fortalecer la Atención Primaria para favorecer la promoción da la Salud e incidir en los procesos asistenciales de la Atención Especializada.
– Revertir los procesos de privatización y mercantilización de la Sanidad Pública.
– Una sanidad Pública 100% y un único convenio de Marco Laboral
– Recuperación de derechos laborales y económicos del personal eliminado por los recortes.
– Recuperación y ampliación de las plantillas con la finalidad de adecuarlas a las necesidades reales de los centros sanitarios.
– Eliminar la precariedad y los contratos basura de las universidades públicas; tanto entre el personal docente, investigador, técnico y administrativo como de las empresas externas de este ámbito.
– En Educación, restablecimiento del horario lectivo semanal anterior a los recortes para todo el personal (23 horas en Primaria y 18 horas en Secundaria)
– Reducción de los ratios: máximo 22 en Primaria y 27 en Secundaria
– Conversión de los tercios de jornada en medias jornadas
– Incremento del personal de soporte a la docencia para atender la diversidad.
– Retorno al carácter lectivo de las dos horas de reducción al profesorado mayor de 55 años.
– Condiciones de trabajo dignas para los monitores de comedor y de las extraescolares, cocineros, auxiliares de cocina, cuidadores y personal de limpieza
– Establecer medidas reales de consolidación y estabilidad del personal en precario de las diferentes administraciones públicas.Nos sobran razones para luchar y movilizarnos contra la injusticia social que estamos viviendo en Catalunya. Y nos sumamos a todas las acciones y movilizaciones a favor de los derechos de la clase trabajadora. Huelga general.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorSí, el tuit se refiere a Jordi Sanchez y Jordi Cuixart. Pero es que además de ellos, todos los políticos catalanes independentistas con el nivel necesario para canalizar un movimiento de respuesta como el que está sucediendo están en la cárcel.
Los mossos no han utilizado el material peligroso porque en Catalunya está prohibido por ley. Pero parece que a la policía nacional, esta ley le tiene sin cuidado.
Otra cuestión es la actuación de los mossos en los desahucios. No te confundas: una cosa es el nacionalismo y otra el capitalismo. En estos momentos hay una ofensiva de fondos de inversión extranjeros que están comprando edificios enteros y echando a los inquilinos poniéndoles alquileres imposibles de pagar. El que ordena el desahucio es el juez pero la gente se está organizando para impedirlos y esto empieza a preocupar a los guardianes del capital, que no tiene nacionalidad alguna.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorParece que vuelve a ser momento de reconsiderar el problema catalán porque ya tenemos una sentencia judicial.
En primer lugar esta sentencia dice que no ha habido la violencia suficiente para poder hablar de rebelión, cosa evidente para nosotros que tenemos claro que la única violencia registrada fue la inesperada de la policía y la guardia civil. Pero resulta que esta acusación que ahora decae ha sido el pretexto utilizado para mantener a los encausados en prisión provisional e impedirles ejercer los cargos para los que han sido elegidos en las diferentes convocatorias electorales que se han desarrollado durante estos dos años. El caso es que los votos de dos millones de personas han sido ignorados de manera continuada con la excusa de la rebelión.
Los que estuvimos siguiendo el juicio sin perdernos ni una sola sesión, teníamos claro que la única acusación que se sostenía era la de desobediencia, por la que tres de los encausados han sido condenados a un año y 8 meses. Y también que ninguna de las autoridades del Estado, que se llenaban la boca acusándolos de golpistas, tenía la gallardía suficiente para admitir que había ordenado personalmente la intervención de las fuerzas del orden en uno de los episodios más vergonzosos de la historia reciente de este país.
Pero la sentencia ha sido sedición, lo cual convierte en sediciosos a todos los que fueron a votar, aunque el tribunal ha tenido piedad de ellos y los ha declarado débiles mentales que se habían creído el cuento de que iban a conseguir la independencia. Esto después de 5 o 6 años de manifestaciones multitudinarias y pacíficas de miles de personas que han sido las que han forzado a los políticos a plantear esta cuestión, no al revés. De pronto, estas manifestaciones pacíficas se han convertido en tumultuarias y por tanto violentas; aunque no hasta el punto de poder ser consideradas rebelión porque no tenían la fuerza suficiente para conseguir sus propósitos.
La sentencia se burla de todas estas personas que fueron a votar, supuestamente instrumentalizadas por unos políticos que no pretendían realmente declarar la independencia sino solamente presionar al Estado para que se aviniera a negociar. En esto tienen razón, solo había una intención de hacer presión, porque siempre se ha intentado dialogar y negociar. Y a lo mejor tenemos que admitir cierta debilidad mental por el hecho de seguir considerando posible este diálogo a pesar de que en el otro lado solo encontramos odio y ganas de escarmentarnos para que callemos y volvamos al redil. En cualquier caso, esta semana tenemos menos motivos que la anterior para querer continuar formando parte del Reino de España.
Esta sentencia es fruto de la arbitrariedad de un abuso de poder que interpreta las leyes de manera que en vez de dignificar el Estado de derecho y la Constitución lo denigran. Es una sentencia que solo servirá para dar más votos al independentismo porque, si pretendía ser ejemplar, tenía que haber incluido penas para la negligencia pirómana de los incompetentes que llevan años actuando para fomentar la discordia, el inmovilismo y los agravios territoriales.
A ver si somos capaces de señalar a los auténticos responsables de este desaguisado en vez de meternos con los que ocupan el aeropuerto y cortan carreteras o con la policía que intenta restablecer el orden y evitar males mayores. No es lo mismo impedir que se invadan las pistas del aeropuerto que zurrar a la gente que está haciendo cola para votar pero, en cualquier caso, el responsable es el cobarde que lo ordena y no es capaz de dar la cara y justificar su acción.
Y tampoco pidamos que la gente agache la cabeza y se retire a sus casas a “hacer bondad”; por lo menos se nos ha de permitir defender nuestra dignidad como pueblo oprimido llamando un poco la atención en las noticias internacionales. Tened presente un dato muy preocupante que no debéis pasar pro alto: hacer manifestaciones pacíficas de miles y miles de personas es algo que hasta ahora no servía para nada pero en estos momentos se ha convertido en sedición y te puede llevar a la cárcel.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorGracias Isabel, muy interesante como colofón.
Jordi
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