No dependamos del exterior
Pero como hasta ahora yo estoy pendiente de las situaciones exteriores, como mi valoración la hago en relación con el mundo, con la gente, con las situaciones, entonces mis emociones dependen del acontecer, de la valoración que yo hago de las situaciones. Así, yo no vivo lo que soy en mí, sino que vivo sólo mi transacción con el mundo; y este modo particular de relación lo vivo como si fuera mi realidad, fuera mi inteligencia, mi felicidad. O sea, que estamos viviendo fuera de nosotros mismos. Estamos viviendo lo que es sólo una expresión nuestra como si fuera nuestra identidad. Y hasta que no descubramos que nuestra identidad está detrás de toda relación, y que ninguna relación puede afectar esencialmente a nuestra identidad -pues desde el principio al fin es siempre la misma-, estaremos pendientes de lo exterior, estaremos sobre un terreno completamente falso.
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