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  • #2108
    José Juan
    Participante

    Me permito enviaros este artículo porque me parece que centra y contextualiza bastante bien los hechos acontecidos en Europa, España y Cataluña.

    Artículo de Rafael Aguirre en Diario Vasco 9-9-2017

    RAZON DEMOCRATICA Y EDUCACIÓN SENTIMENTAL.

    Propongo tomar una cierta distancia para comprender mejor la grave convulsión política y constitucional que atraviesa España. Lo que sucede en Cataluña es inexplicable sin la crisis que afecta a los sistemas democráticos en toda Europa.

    El otro día, en una magnifica conferencia, el exministro Margallo recordaba que el Brexit respondía a un movimiento de masas que sobrepasó a los tres grandes partidos británicos que eran partidarios de la permanencia en la UE; que en Italia es perfectamente posible un gobierno de la Liga (que se ha desprendido de su localismo y se ha convertido en un partido con un programa xenófobo para el conjunto de Italia) con el movimiento Cinco Estrellas; que en Holanda un partido xenófobo ha alcanzado el 20% de los votos; que en la primera vuelta de las presidenciales francesas los antieuropeístas de izquierda y de derecha obtuvieron el 45% de los votos. Asisitimos a un ataque frontal contra la democracia representativa y no un mero deseo de reformarla. Utopías sedicentemente izquierdistas, nacionalismos y repliegues xenófobos de ultraderecha coinciden en cuestionar las bases de la democracia tal como se instauró en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

    No es ninguna casualidad que el dirigente del partido ultraderechista y xenófobo del Reino Unido haya levantado su voz en el Parlamento europeo para defender el soberanismo catalán y denunciar la falta de democracia en España.

    Lo que hoy sucede en Cataluña viene precedido de una larga cadena de despropósitos tanto de las autoridades catalanas como del Gobierno central. Pero no cabe ninguna equidistancia después de lo sucedido en el Parlament el 6 y 7 de septiembre con la aprobación de la ley del referéndum y de la desconexión. Fue una ruptura de la legalidad constitucional y estatutaria realizada de forma consciente y marrullera.

    Se dio un paso que no estaba en ningún programa electoral. Era el intento de un golpe de estado. Se fragmentó la sociedad catalana. Todo esto se veía venir y el Gobierno de Rajoy tenía que haber intervenido mucho antes.

    A estas alturas, después de 1-O, invocar el diálogo es desgastar una noble palabra mientras no se diga entre quienes y para qué. No se pude pedir diálogo y, al tiempo, afirmar que no se está dispuesto a cambiar un milímetro el plan secesionista previsto. El diálogo con un mediador internacional es conceder al Govern catalán, insumiso y que ha cometido un grave delito, la misma representación y legitimidad que al Gobierno democrático español. La crisis es muy grave y podría ser útil otra cosa: las gestiones discretas de personas con prestigio y ascendencia moral.

    El soberanismo catalán lleva años gestando su estrategia y ha considerado que los tiempos estaban maduros para la gran ofensiva final que consiste en poner a la legalidad democrática contra las cuerdas por medio de una gran movilización de los sectores soberanistas, bien organizados, atizando emociones y sentimientos, usando eslóganes sencillos («España nos roba», «Cataluña, la Dinamarca del Mediterráneo»).

    En esta dinámica el Govern y el Parlament juegan un papel secundario y autodeslegitimador porque se fundan en la Constitución y el Estatut.

    Artur Mas planteó unas elecciones en plan plebiscitario y las perdió. La movilización popular quedó en manos, como sucede casi siempre, de los más radicales y de unos organismos populares que no tienen ninguna legitimidad democrática, y son ellos quienes marcan el paso a una Generalitat, a cuyo frente han puesto un personaje de poco peso cultural y político, pero dispuesto a inmolarse.

    La guinda ha sido el referéndum, una farsa clamorosa que ha desprestigiado internacionalmente la estrategia del soberanismo catalán, pero que también ha perjudicado la imagen de España por la combinación de errores del Gobierno en la represión y en la habilidad del independentismo para proyectar una imagen victimista. Muchos sentimos ese día una gran tristeza, más profunda en la medida en que veíamos la alegría de los instigadores del proceso y la exaltación emocional.

    El mensaje del Rey fue firme y contundente. Quiero pensar que estaba consensuado con los partidos constitucionalistas, porque se jugó la Corona. Se centro en el punto clave, en el atropello flagrante de la legalidad democrática sin ningún tipo de concesión retórica. Es tan grave e intolerable el origen inmediato de la crisis que debe quedar bien claro. No caben equidistancias. Los errores y contenciosos previos no justifican en absoluto el golpe de estado del 6 y 7 de septiembre.

    Pero quizás lo más grave es que no respeta la pluralidad de la sociedad catalana. Quien no esté de acuerdo con el «tsunami» independentista queda marginado, estigmatizado o silenciado. Una soberanía que se persigue con esos medios desembocaría en un estado excluyente y no democrático.

    Los nacionalismos tienden a no ser democráticos porque suelen aspirar a troquelar de una forma determinada a la sociedad sobre la que actúan. La era de la posverdad y de la posmodernidad desconfía de la razón universalizable que hace posible la convivencia entre diferentes, y da el mismo valor a todas las opiniones y da rienda suelta a los sentimientos y emociones, que se presentan como adhesiones absolutas e indiscutibles. Pero es una tremenda falacia. Los sentimientos tienen que ser educados. El sentimiento religioso si no es educado y civilizado puede ser una fuente atroz de fanatismo. Lo mismo podemos decir del sentimiento nacional e, incluso, del amoroso.

    Hoy urge educar los sentimientos de la vida pública para hacerlos compatibles, integradores y razonables. Esta es una tarea vital en España y en Cataluña. Un movimiento impresionante de masas puede acabar en una gran tragedia y en una tremenda frustración.

    He dejado bien claro que hay que resistir y no ceder en la defensa de la legalidad democrática, que puede evolucionar y transformarse, pero hay que tener también una política inteligente para desactivar las mentiras con las que se moviliza a la gente, reconducir las emociones y no cometer errores que favorezcan a quienes son expertos en explotar el victimismo.

    Rafael Aguirre es Teólogo y escritor.

    Pienso que lo que está ocurriendo en Cataluña no debería de haber ocurrido de ninguna manera. Entre la dejación y pasividad de unos y el espíritu kamikaze de otros se ha generado un problema que puede terminar en una lucha frentista en la que vamos a perder todos. Todos, excepto los nacionalismos más extremistas: es posible que, en la trifulca, el nacionalismo irredento y fuera de la ley democrática incremente sus fuerzas con sus armas de victimismo y/o de supremacía, según interese y que el partido de Rajoy (que ha propiciado en gran medida que llegáramos hasta aquí, pero que no es responsable de la ruptura) se presente como el salvador de la patria y, cómo no, gane las próximas elecciones.

    Pienso que lo único que nos queda es ver, leer, escuchar, atender a todo lo que está pasando y suspender el juicio, no hinchar más la gran burbuja entrando en expresiones que en estos momentos se amplifican enormemente; vamos, no dar bola a los bulos que llenan el 90% de todo lo que se mueve. Lo de Cataluña, ahora, es pura posmodernidad: nada es lo que parece. Por aquí lo pasamos por decenios. Atentos.

    Y emanar toda la paz que podamos; pacificar, pacificar, pacificar.

    Gracias por vuestra paciencia.

    #2109
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Está bien tomar distancia pero el articulista ha tomado tanta que ha acabado instalado en la nube de los tópicos. Todo esto que dice no tiene nada que ver con lo que sucede en Cataluña. Aquí tenéis un vídeo hecho en una escuela en la que votaba mi hijo mayor. Está en catalán y es un poco aburrido pero sirve para hacerse una idea de la realidad en vivo y en directo.

    http://www.naciodigital.cat/sabadell/noticia/14103/video/periodista/tv3/retrata/assalt/al/nostra/llar/1-o/al/joanot/alisanda/reportatge

    #2110
    Pedro Zuberogoitia
    Participante

    Hola a todos,
    lleva razón Josetxo, le que vivimos actualmente es pura postmodernidad, la distopía descrita por Orwell en su libro 1984 va camino de cumplirse del todo. A mí el análisis de Rafael Aguirre me ha provocado un ligero escalofrío. Cuando ensalza al Borbón en su faceta más agresiva y militarista (con la foto de otro antepasado suyo detrás) veo que partiendo del mensaje de Jesús llegamos a sitios completamente diferentes. Por qué ocurre esto? Es evidente que la tradición política y el contexto socio-económico de cada persona pesan de forma decisiva. También está el tema de la identidad. Si niegas la existencia de un colectivo humano (llámalo pueblo o x, ahora nos da lo mismo el concepto)que por su recorrido histórico, lengua, etc. y SOBRE TODO porque en este momento del s XXI así lo desea se pueda conformar como estado-nación… ya me diréis quien es el que no está dejando fluir al curso de la historia y a la vida (constante cambio y adaptación).
    El artículo en cuestión me ha parecido muy flojo, el argumento central es la legalidad (como lo fue con la esclavitud, el divorcio o el servicio militar) y precisamente son los que la saltan los que van provocando los progresos. Pero es que además el análisis en el contexto europeo me parece casi disparatado. Comparar el movimiento en Cat con el auge que están experimentando las derechas xenófobas y seudonazis en muchos países me parece un error de bulto. Agirre debería pasar unos días entre catalanes indepes de diferentes tendencias para entender que se equivoca. Esta es, de hecho, otra de las razones (a añadir a las más arriba mencionadas) que nos llevan a defender puntos de vista tan diferentes, el recurrir a fuentes periodísticas e intelectuales que parten de presupuestos distorsionados.
    Os propongo otra lectura en clave europea. Llevaba semanas pensando cosas parecidas y me ha alegrado ver esta idea tan bien planteada:

    Un test de resistencia de materiales

    #2111
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Muy interesante el artículo

    #2112
    Jordi
    Participante

    Hola, os explico cómo he vivido estos días.

    Vivo en Girona desde los ocho años. Tradicionalmente me he sentido catalán y español. Me emocionaba con Els Segadors (el himno catalán) y también cuando sonaba el himno español.

    Desde que tengo uso de razón, el independentismo ha sido un tema de conversación recurrente a mi alrededor. He constatado, eso sí, una evolución en los últimos 20 años. En los 90 los independentistas procedían de familias catalanas de toda la vida (tradúzcase por gente con apellidos catalanes). Lentamente y, a partir de Carod-Rovira, esto fue variando. El independentismo se fue abriendo a todos los sectores de la población hasta el punto de que hoy en día nos encontramos con políticos independentistas como Antonio Baños y Gabriel Rufián, los cuales afirman en castellano: “queremos la independencia de Cataluña”, algo bastante inaudito tan solo unos años atrás. Ésta ha sido para mí una de las jugadas maestras del independentismo: abrirse a todo el mundo que viviese en Cataluña. Ha pasado de ser una minoría a ser la mitad de la población.

    También hay que tener en cuenta que Cataluña ha estado mucho años dirigida por un partido, CiU, que ha jugado con los sentimientos de los catalanes para provocarnos en contra de España, exponiendo que Madrid es el enemigo y que “España nos roba”. CIU, un partido para el que la “normalización lingüística” ha consistido en renunciar al castellano y apostar al 100% por el catalán (al menos en Girona). Un partido con una ideología que, gustase más o menos, era el punto de referencia de todos los catalanes, fuese para darle apoyo o para criticarlo, pero el punto de referencia.

    La caída del “pater familias” Jordi Pujol ha supuesto tal descalabro que no nos hemos recuperado aún. Jordi Pujol era una especie de Dios al que nadie cuestionaba nada, ni tan siquiera que no hubiese aceptado el concierto económico que en su momento le ofreció Suárez. Ver que no es quien nos pensábamos que era y no sólo eso, sino ver que ha robado y traicionado a todos los catalanes es algo de que nos ha dejado en estado de shock. No sólo ha caído Pujol sino que ha caído toda su manera de hacer política y en definitiva el punto de referencia de todos.

    El independentismo es un tema que nunca me ha interesado especialmente y del que siempre he evitado hablar por parecerme un tema eterno, cansino y sin solución. De hecho, nunca me ha parecido un tema muy importante porque nunca he creído que mi vida fuese a cambiar en un Cataluña independiente. Y es que para mí, ya es como si viviese en un Cataluña independiente: mi día a día es 100% en catalán, todo mi entorno es catalanoparlante y lo único que hago en castellano (mi lengua materna) es el Trabajo.

    Sintiéndome cómodo así, en una Cataluña dentro de España y también estando a favor de que la gente vote, el día el 9 de noviembre de 2014, día en que se celebró la consulta independentista no vinculante, fui a votar y voté no a la independencia.

    Y llegó el 1-O. No me pareció bien que no nos dejasen ir a votar. Considero que es un derecho. Por eso ese día a primera hora estuve ya en el colegio electoral que me tocaba. Allí percibí lo que comentaba Jordi, que formaba parte de algo mayor a mí, fue fantástico. Luego empezaron a llegar los vídeos de colegios donde había intervenido la Guardia Civil y la Policía Nacional, vídeos algunos de ellos donde aparecían conocidos míos y compañeros de trabajo siendo aporreados. Voté sí a la independencia. Tratándonos de ese modo, el Estado no nos deja otra opción. No quiero formar parte de un Estado que trata de este modo a sus conciudadanos. Nos organizamos y nos pasamos el día entero de colegio electoral a colegio electoral “protegiéndolos”. Las furgonetas de la Policía Nacional pasaban delante de los colegios y si había mucha gente congregaba solían (no siempre) desistir. En los colegios en los que estuve yo no intervinieron.

    Con respecto a este hecho quiero mencionar que creo que fuimos utilizados por el Gobierno catalán. No me creo que no supiesen lo que iba a pasar. Lo pintaron todo como si fuese una fiesta. La gente iba en familia a los colegios. Incluso yo acudí al colegio con una amiga y su hija de 18 meses pensándonos que aquello era algo lúdico-festivo. Por suerte nos dimos cuenta del riesgo y ella se llevó a su hija a casa. Los fuerzas de seguridad de Estado hicieron su trabajo y allí están los vídeos que todos hemos visto.

    La sensación que se te queda en el cuerpo al verte tratado así por la policía de tu propio país, a la que pagas con tus impuestos y que se supone que te tiene que proteger es de desolación.

    Te sientes desprotegido. Ves que el Estado al que creías que pertenecías no te respeta ni te quiere y además te maltrata. Como el matrimonio de matratador-matratada del que habla Jordi Sapés en uno de los comentarios. No te dejan alternativa. Te quieres ir de allí.

    Luego vino el día de la vaga del 3-O y el discurso del Rey. El discurso me dejó estupefacto. La verdad es que siempre había sentido cierta simpatía por la Corona, una institución como de país de cuento de hadas que me despertaba interés de chafardero, de revistas Hola y Diez Minutos. Cuando vi cómo el que se supone que es rey de todos los españoles ignoraba el trato recibido por los más de dos millones de personas que fuimos a votar, algo se acabó de romper dentro de mí.

    La sensación que tengo ahora es que Cataluña es una simple colonia española. No se nos quiere. Bueno, sí se nos quiere, claro, se nos quiere como se podía querer en su momento a Filipinas o a Cuba. Ya no me siento representado por España. Ya no es mi país.

    #2113
    Jordi
    Participante

    prueba

    #2143
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    En este recorrido que hemos hecho por la península desde nuestro regreso de EEUU hemos tenido que escuchar toda clase de insultos en relación con el pueblo del que formamos parte, hasta el punto de que en Oseira, al preguntarnos los huéspedes que encontramos en el monasterio de dónde éramos, decidimos contestar que éramos catalanes que viajábamos de incógnito. Jamás ha habido tanto silencio en el comedor como durante esta semana.

    Previamente, en el Congreso de Antropología de Ávila, suerte tuvimos de alguna alma caritativa que nos hizo de parapeto y procuró distraernos con su conversación; porque el machaque era total y estaba protagonizado por personas que supuestamente tenían un cierto nivel intelectual y religioso. En un par de casos intentamos dar nuestra visión del asunto y nos encontramos como respuesta, ya no digo incomprensión, sino un odio profundo.

    Por último, en Madrid, tuvimos ocasión de hablar del tema con personas que nos aprecian y nos respetan y constatamos la absoluta desinformación que hay allí acerca de lo que pasa en Cataluña. Son los nuevos tiempos de la post-verdad, que se impone ya no en Internet sino en los propios medios de comunicación, de manera que las emociones se sobreponen al interés por averiguar lo que realmente sucede. Cualquier reivindicación catalana se contempla como exagerada y fuera de lugar. Por poner un ejemplo, nadie sabe que nuestros trenes de cercanías se averían un día sí y otro no por falta de inversiones del Estado en algo que es de su competencia.

    Situados en Catalunya, nuestra impresión es que la población se ha comportado con una firmeza y decisión que van muy por delante de la capacidad de previsión de unos políticos que no se esperaban una respuesta tan extraordinaria. La única instancia que ha estado a la altura ha sido nuestra policía. Y la sensación actual es la de ser un país ocupado al que se pretende humillar. Además hay mucha frustración por la ausencia del apoyo que se esperaba por parte de Europa. En cambio, las dificultades económicas que tanto se quieren resaltar: el traslado de la sede de las grandes empresas y la disminución del turismo y del consumo se interpretan como algo lógico, dadas las circunstancias. Parece que el espantajo de la depresión económica no surte efecto: otro motivo para sentirnos orgullosos.

    Está claro que en Catalunya se han cometido ilegalidades. Una ley que por una parte permite a los partidos presentar un programa electoral defendiendo la independencia y por otra cesar y encarcelar a un gobierno legítimamente elegido con tal programa cuando pretende ponerlo en práctica, es una ley que está llamada a ser transgredida. No obstante esta transgresión se ha ejecutado de forma innecesariamente atropellada y poco estética desde un punto de vista parlamentario, dando así argumentos a la fiscalía española.

    Pero ya me diréis que clase de elecciones son estas que se han convocado desde el Gobierno Central que ha “perfeccionado” esta ley utilizando propuestas de Fraga que, en su día, fueron desestimadas por los constituyentes. Y qué sentido tiene ir a votar en estas condiciones. Tanto más cuando las declaraciones de los políticos de uno y otro lado asemejan una riña de patio de colegio en la que no se adivina la más mínima intención de ponerse a trabajar para resolver un problema que la represión no hace más que agravar.

    En medio de esta atmósfera intelectualmente opaca y emocionalmente envenenada, brilla especialmente la comprensión y la altura de miras que estáis expresando todos los compañeros del Trabajo desde todos los rincones de la Península. Esto demuestra que nos encontramos en un nivel de conciencia más alto y somos capaces de entender esta situación como un reto, sin necesidad de condenar personalmente a nadie.

    Desde este nivel de conciencia más elevado, yo diría que colectivamente estamos participando en un cambio fundamental en la Unión Europea que dará lugar a la desaparición de los actuales Estados y concentrará el poder legislativo y ejecutivo en un Parlamento y un Gobierno Europeos compatibles con una descentralización a nivel regional; es decir, estamos encabezando el tránsito de la Europa de las Naciones a la Europa de las Regiones.

    Y por otro lado, estamos denunciando, por enésima vez, una transición imperfecta e inacabada del franquismo a la democracia, porque el pueblo español sigue siendo sociológicamente franquista y proclive a las soluciones autoritarias. Así que, si se quiere arreglar la cuestión territorial habrá que hacer un lavado profundo en las estructuras políticas españolas para liberarlas de esta lacra antidemocrática que adora la visceralidad y admira la corrupción.

    #2144
    Mª Pilar de Moreta Folch
    Superadministrador

    Fui testigo; el tema del ferrocarril no es el único problema que tiene Catalunya son muchos más, pero no los podemos ni enunciar sin que alguien diga que estamos instalados en el victimismo.
    ¿Que hacer? ¿Como hacer para informar de lo que aquí acontece sin ser anulado por estos prejuicios?.

    #2145
    manuela
    Participante

    ESto es así tristemente.

    No es solo el gobierno y los pensantes radicales derivados del franquismo, es en general una ignorancia total de la realidad, por parte de muchísimas personas, una gran mayoría.
    Para mi el periodismo actual esta totalmente vendido, o asustado y en muchos casos comprado y bien pagado, ni que decir de las televisiones, un auténtico cáncer, los españoles creen todo tipo de mentiras, que los poderes económicos, facticos, y gubernamentales nos meten a fuego en el mundo de las ideas de lo que ocurre. Nada que se parezca a la realidad.

    En el fondo los españoles somos muy cerrados de mente,no nos interesa la verdad y con una pachorra y comodidad extraordinaria, nos dejamos conducir cual ganado hacia guerras absurdas, que nos perjudican a todos, pero de paso machacamos a los mas despiertos y valientes.
    Quiera Dios que tanta locura y caos, acabe con un transito hacia mayores miras de todos y para el bien de todos.

    #2146
    manuela
    Participante

    Para PILAR
    Yo creo que no se puede hacer nada o casi nada.

    Lo dijo JESUS, NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER.
    EN cuanto al que piensen que sois victimistas, pues allá ellos, siempre estarán buscando escusas para tener razón y no querer Ver.

    #2188
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Se quiera o no, las elecciones convocadas a través del artículo 155 se han de leer por bloques. En Cataluña se pueden diferenciar tres bloques: los independentistas, formados por la lista del President Puigdemont, Esquerra Republica y la CUP; los unionistas, formados por Ciudadanos y el Partido Popular y los no saben/no contestan en el que podemos meter el Partir Socialista de Catalunya y Podemos. Para vuestra información el PSC apoya el 155 con la boca pequeña al tiempo que intenta descolgarse de esta estrategia de represión.

    El artículo 155 disolvió ilegalmente el Parlamento catalán y destituyó el Govern por real decreto, nunca mejor dicho. La estricta lógica democrática aconsejaba no participar en unas elecciones ilegales pero esto hubiera significado entregar el país al inmovilismo del PP, así que el bloque independentista aceptó participar teniendo a sus principales líderes encarcelados o en el exilio.

    En el estado español se puede defender políticamente la independencia, se puede plantear un programa que se comprometa a llevarla a término en 18 meses; y además se puede ser elegido por el electorado con este programa; pero ponerlo en práctica está prohibido y te lleva la cárcel. Te lleva a la cárcel acusado nada menos que de rebelión, delito que tiene una pena equivalente al terrorismo: 30 años de cárcel.

    No obstante, los líderes encarcelados no han sido condenados por este delito, están en la cárcel preventivamente, no sea que vuelvan a actuar de la forma violenta que justifica la acusación de rebelión. Los indicios que el juez aduce para retenerlos e impedirles participar en las elecciones se basan en la presunción de que se reunían con la finalidad de llevar a término lo que habían prometido hacer cuando fueron elegidos. Y la supuesta violencia se demuestra en las movilizaciones masivas que durante los últimos años se han llevado cabo en Cataluña con millones de personas pidiendo la independencia. Resulta que lo hacían de escondidas y con la intención de declarar la independencia.

    Bien, pues en estas condiciones se han celebrado estas elecciones ilegales y el mensaje ha sido clarísimo porque si leemos los datos por bloques el resultado es sustancialmente el mismo que había antes de la aplicación del artículo 155:

    2015 2017

    independentismo 49,81% 48,26%
    unionismo 27,57% 30,08%
    ns/nc 22,62% 21,67%

    La única novedad a destacar es que el Partido Popular ha desaparecido prácticamente del mapa y ha sido sustituido por Ciudadanos. Más que de un cambio en Cataluña podemos hablar del inicio de un movimiento que afectará a corto plazo al resto de España.

    En cuanto a Cataluña, después de una participación del 82 por ciento, ya no se puede hablar de voto oculto; el resultado de todos los esfuerzos para movilizar un electorado que se abstenía tradicionalmente en las contiendas catalanas ha sido este escaso 3 por ciento que han ganado los unionistas. En términos absolutos los partidarios de la independencia suman 2 millones, los que se oponen a ella 1,3 millones y los indecisos 0,9 millones.

    Olvidaros de esta cantinela constante del pueblo catalán dividido en bloques irreconciliables. Y no lo digo por este tercer sector indefinido sino porque, afortunadamente, las opiniones políticas contrarias conviven dentro de una estructura social que funciona perfectamente. Suponer lo contrario es como afirmar que los votantes del PP y del PSOE a nivel estatal se encuentran enfrentados y al borde de la guerra civil. En Cataluña ocurre simplemente que hay partidarios de la independencia y partidarios de mantenerse unidos a España. Y si un día se consigue hacer un referéndum en condiciones pues la opción que tenga la mayoría, si queréis cualificada, del 60 por ciento, decidirá por el conjunto de la población como sucede en todos los regímenes democráticos.

    Digo que no hay bloques enfrentados a pesar de que una de las opciones está siendo penalmente acusada, perseguida y encarcelada y de que los resultados electorales no parecen estar frenando esta línea de conducta sino todo lo contrario. Tenéis que admitir que en estas condiciones es difícil no caer en la provocación, pero es la suerte que tienen los débiles.

    No obstante donde sí hay enfrentamiento es en el interior de cada bloque: el PP y Ciudadanos compiten por ver quién es más intransigente con el nacionalismo y Puigdemont y Esquerra Republicana compiten por ver quién es más independentista. Así que las perspectivas de negociación para llegar a un acuerdo y solucionar el conflicto se alejan cada vez más.

    Con lo fácil que sería.

    #2255
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Magnífica entrevista de Daniel Gabarró en La Vanguardia, mostrando el espíritu co el que hay que vivir estas situaciones desde la conciencia:

    Algunos médicos aseguran que la situación que vive Catalunya en los últimos tiempos está afectando a la salud mental de parte de sus ciudadanos en forma de ansiedad y angustia. Al parecer, los hechos del 1-O y la incertidumbre política están dejando huella. Pero, ¿qué se puede hacer para sobrellevar mejor esta delicada situación? A esta pregunta intenta darle respuesta Daniel Gabarró (Barcelona 1964) en su libro Temps difícils, accions sàvies (En tiempos difíciles, acciones sabias). Licenciado en Humanidades y diplomado en dirección y organización de empresas, Gabarró, que ejerció de maestro de escuela durante 23 años, se define a sí mismo como sherpa espiritual. “Un sherpa es una persona que te acompaña en una travesía que transita por un terreno que conoce. Yo conozco el terreno interior [de ahí el concepto ‘espiritual’] y te acompaño en tu conocimiento propio”, asevera. Tras el 1-O, este barcelonés, que huye del término coach –“no me gusta”- se vio interpelado a escribir una especie de guía para ayudar a digerir algunas de las imágenes que dejó aquel día. Ahora ha querido compartir este compendio de reflexiones, recogidas en poco más de 100 páginas, con La Vanguardia.

    No actuar ante una cuestión que te afecta es imposible, asegura usted.

    Sí, porque la no actuación tiene implicaciones. El hecho de que tú no actúes es una manera de actuar.

    La inacción, de alguna manera, se convierte en acción.

    Si hay una reunión de vecinos en el edificio y yo, que soy vecino, no voy, mi no voto influirá en el resultado. Existe la fantasía de que una cosa es el mundo y otra soy yo, pero en realidad ambos somos una única cosa. Hay una frase que dice que ‘no se puede separar al bailarín de la danza’, pues es lo mismo. No puedes separar la acción de la no acción, ambas tienen consecuencias. Por lo tanto, decide qué haces con consciencia.

    El sentimiento patriótico, sea cual sea la patria que se venera, ¿es saludable?

    Lo que es saludable es el sentimiento de pertenencia, que se podría leer como patriótico: hay un grupo con el que tengo mucha más afinidad, hay una cultura a la que pertenezco, a la que quiero contribuir, y que tiene una visión del mundo que quiero que se escuche. Todo el mundo pertenece a alguno.

    ¿Pero puede ser fuente de conflicto?

    El problema es cuando mi autoafirmación incluye la exclusión del otro. Cuando veo que una persona tilda a los otros de nacionalistas mientras ella defiende a su patria digo, ¿perdona? Tú tendrás tu patria y otro tendrá la suya, no nos hagamos trampa con las palabras. Y la tuya no será ni mejor ni peor que la mía, simplemente, son distintas. Y si son distintas, significa que podemos llegar a acuerdos. Las comunidades llegan a acuerdos, pero a veces surgen conflictos. Y hay que entender que los acuerdos, o se pueden renegociar o, si no, lo que tenemos no es un acuerdo, es una imposición. Los acuerdos, o se pueden renegociar, o si no lo que tenemos no es un acuerdo, es una imposición.

    ¿Y si no hay acuerdo?

    Si no hay acuerdo y existe una violencia de una parte sobre la otra, por amor a la persona violenta y por amor a uno mismo vale la pena no enfrentarse. Por amor a mí mismo porque el hecho de que puedan agredirme y puedan romperme una pierna no va a hacer que la realidad cambie, no voy a ser más útil por eso. Si estoy enfermo, roto o muerto difícilmente podré transformar la realidad. Por lo tanto, mientras me cuide, podré seguir actuando.

    ¿Y por amor a la persona violenta?

    Si mi actuación te anima a seguir siendo violento, de alguna forma mi actitud te está ayudando a que sigas siendo un monstruo, y eso es una forma de no amarte. Eso no quiere decir que no te denuncie, que no acuda al Tribunal de Derechos Humanos… Que no me enfrente violentamente no quiere decir que no actúe, quiere decir que actúo desde otro nivel, porque si actúo permitiendo que tu seas violento, de alguna forma me vuelvo cómplice del hecho de que tú seas un monstruo, y eso no hablaría bien de mí. Si mi actuación te anima a seguir siendo violento, mi actitud te está ayudando a que sigas siendo un monstruo.

    Y el amor por una bandera, por un símbolo, ¿une o separa?

    Los símbolos pueden unir o separar. A mí me encantó cuando Puigdemont besó la bandera española. Fue precioso. Yo soy capaz de besar la bandera española, la independentista, la alemana y la holandesa, porque deseo el máximo bien a todo el mundo. El problema es cuando yo solo puedo besar la mía, cuando no puedo besar otra, porque eso significa que aquellos que se sienten identificados con esta última no los acepto, los odio. Y eso es un patriotismo excluyente. Creo que llegará un día que la Humanidad -y no lo veremos porque nos moriremos antes, con lo cual seguiré insistiendo en que tengo razón [risas]- será un conjunto de pueblos con culturas propias en pie de igualdad.

    ¿Y cuánto queda para eso?

    500 años, o 600 o 2.000, no tiene ninguna importancia. Yo no tengo esos 500 años pero la Humanidad sí. Lo único que tenemos que hacer es trasladar los valores de la familia al ámbito público. No digo que se tengan que crear valores nuevos, digo que los valores que en estos momentos están arraigados en la familia hay que llevarlos a la economía y a la política.

    No parece fácil.

    Estos valores ya están en la educación, en el trabajo social y en la sanidad, por lo tanto ya hay un ámbito público en el que están presentes. Fíjate que en la familia, a ti no te afecta, por decirlo de alguna manera, que el niño no tenga mucho criterio y necesite mucha ayuda, o que tengas al abuelo con alzheimer, porque tú los querrás y los cuidarás. Creo que llegará un momento en el que estos valores, a nivel social, también los viviremos. La cuestión es si yo puedo tener estos valores en mi vida, porque si es así el mundo ya es perfecto.

    Su mundo…

    Pero mi mundo te incluye a ti.

    Combatir las injusticias, explica usted, puede ser contraproducente porque puede desembocar en odio. Entonces qué es mejor, ¿que las injusticias permanezcan?

    Esta es una cuestión nuclear. Lo primero que te diría es actúa, intenta transformar el mundo. Yo mismo he creado más de siete asociaciones, pero no lucho contra la injusticia, trabajo a favor de cosas que son mejores de las que tenemos ahora, que es diferente. Te pondré un ejemplo. Yo trabajo en favor del colectivo LGTB, pero no lucho nunca contra la homofobia. Al contrario, intento ayudar a las personas homofóbicas, porque son ellas las que viven en una prisión.
    Intento ayudar a las personas homofóbicas, porque son ellas las que viven en una prisión.

    Curiosa filosofía.

    Este pensamiento parte de una base filosófica en la que se sustenta todo mi trabajo. Y esta filosofía defiende que el mal no existe.

    ¿De verdad lo cree?

    Sí. Y si el mal no existe, la injusticia no existe. Y voy más allá: si el mal no existe y la injusticia no existe, el culpable no existe. Lo que existe son personas que se equivocan, que tienen que aprender, personas a las que hay que ayudar para que vean la realidad de manera distinta, personas que a lo mejor habrá que apartar, para que no dañen a los demás… pero son personas que hacen mal convencidas de que están haciendo el bien, convencidas que es lo que toca. Nadie se levanta y se dice a sí mismo: ‘Hoy me equivocaré a propósito’.

    Ya, pero…

    Si tú luchas, dentro de tu mundo hay buenos y malos. Y si hay buenos y malos, ¿qué tienes que hacer con los malos? Masacrarlos. Por lo tanto, dentro de ti hay violencia. Después te preguntarás por qué fuera hay violencia.Que exista una palabra no quiere decir que exista el concepto.

    Usted dice que lucha en favor de algo, no para acabar con las injusticias. Pero luchar para conseguir un objetivo muchas veces conlleva al mismo tiempo minimizar una injusticia, es algo inherente.

    No estás minimizando la injusticia, sino maximizando el bienestar. Hay un error, que exista una palabra no quiere decir que exista el concepto.

    Explíquemelo.

    La luz existe porque hay fotones. Tú puedes abrir la ventana y que entren los fotones. Pero, ¿puedes abrir la ventana y que entren ‘oscuritones’? No, la oscuridad no existe, pero es una palabra. La gente dice ‘tenemos que luchar contra la oscuridad’. Yo digo que no, que hay que encender la luz. Y me dicen, ‘pero es lo mismo, al final lo que ocurrirá es que la oscuridad disminuirá’. Pero la oscuridad no puede disminuir porque no existe, lo que hay que aumentar es la luz.

    Entiendo.

    Lo que estoy diciendo es que, en realidad, nuestro nivel de injusticia sería deseado y aplaudido por todas la personas que vivieron hace 2.000 años, porque ahora hay mucha más consciencia, mucho más bienestar.

    Pero lo que está haciendo usted es trabajar en favor de algo para que se cree una masa crítica que cambie las cosas, cosas que no le gustan por injustas…

    El origen del sufrimiento humano es la división del mundo entre el bien y el mal, eso nos lleva a la lucha. Si tú crees en la injusticia te convertirás en justiciero, y yo no quiero. Para mí, hay tres tipos de personas con respecto a la idea de justicia.
    Si tú crees en la injusticia te convertirás en justiciero, y yo no quiero.

    Adelante.

    El primero, las personas que luchan y fracasan. Se pasan la vida luchando contra las injusticias, enfadados… ¡qué pringue de vida! El segundo tipo corresponde a aquellos que luchan y tienen éxito. Aquí abro un paréntesis: habrían tenido éxito igual si en lugar de luchar hubieran trabajado a favor, porque la sociedad ya estaba preparada. ¡Vaya pringue de vida también! Hay personas que se erigen como catalizadores de cambios sociales, pero cuando la sociedad está preparada…

    Falta el tercer grupo.

    Son los que miran si la cosa está madura, y si está madura aportan y el fruto cae. Y si no está madura, aportan y piensan que las generaciones futuras recogerán el fruto. Y las personas que conforman este grupo siempre viven en paz, al margen de lo que les toque vivir. Yo estoy en contra de las dictaduras, vaya por delante, pero espero que las personas que vivieron el franquismo fueran felices. ¿Durante 40 años te tienes que sentir amargado?

    Usted también afirma que “quien más hiere, más amor necesita”.

    Viene de mi experiencia como maestro. Aquella persona a la que no le gusta la escuela, que se enfada con todo el mundo, que no tiene amigos y además no quiere aprender, lo que necesita es tu ayuda como profesor. Muchas veces es el que cae peor, ya lo entiendo, pero hay que tener claro que el amor no es un sentimiento, sino querer el máximo bien para ti y para el otro. Las emociones que te despierte esa persona no tienen ningún tipo de importancia. Eso habla de mí, de mi incapacidad por aceptar al otro.

    Visto así…

    ¿Tú no has mentido nunca? No hace falta que me contestes, pero la respuesta es sí. Por lo tanto, cuando otro miente, ¿le puedes comprender?

    Pero hay mentiras y mentiras…

    Sí claro, las tuyas siempre son las buenas [risas].Todo el mundo miente en la medida en que el cargo que ocupa se lo posibilita.

    ¿Usted cree que el 1-O hubo un uso de la fuerza desproporcionado?

    Creo que sí, pero en todo caso es algo subjetivo. Lo que me parece más de película es la afirmación de que el 1-O nadie votó. Pero date cuenta de una cosa: todo el mundo miente en la medida en que el cargo que ocupa se lo posibilita. Cuando tú estás en una discoteca e intentas ligar con alguien, ¡mientes como un bellaco!

    Claro…

    ¡Hombre claro! [risas]. O cuando vas a una entrevista de trabajo, donde muestras todo lo positivo y minimizas lo negativo.

    Ya…

    Al final, de lo que estamos hablando es de qué hacer para que las personas crezcan, porque hay una relación directa entre el interior de las personas y su actuación. Por lo tanto, existe una relación directa entre el interior de las personas y la cohesión social, la economía, la solidaridad… Cuando las personas crecen el país crece a nivel moral, y eso quiere decir que la evolución moral de las personas es un tema político. La evolución moral de las personas es un tema político.

    Interesante reflexión.

    No puedes tener un país puntero si sus ciudadanos éticamente son primitivos. Y esto es básico.

    Usted defiende en el libro que a los niños hay que explicarles lo que sucede en la sociedad. ¿En la escuela también?

    Obviamente. Que haya personas que se equivoquen mucho, que haya cargos públicos que utilicen la educación como un arma política es comprensible en una sociedad poco evolucionada moralmente. Pero, ¿cuál es la misión de la escuela?, hacer comprensible el mundo, por lo tanto en la escuela hay que hablar de todo y hay que ayudar a los niños a que encuentren respuestas. No soy yo quien explica, sino quien ayuda al niño a que encuentre sus respuestas. Yo le hago inteligible la realidad.No puedes tener un país puntero si sus ciudadanos éticamente son primitivos.

    ¿Pero quién determina quién es el poseedor de la verdad y, por lo tanto, el legitimado para explicar un hecho?

    No hay ningún poseedor de la verdad. Yo no puedo dar respuestas a los alumnos, sino que les hago preguntas para que encuentren sus respuestas. Y tengo que admitir que algún alumno tenga una visión distinta a la mía, eso no tiene ningún tipo de importancia. En todo caso, tengo que animarle a que verifique si su visión del mundo es más ajustada que la mía. Lo que importa es la verdad, y no tener razón.

    Parece lógico.

    Tenemos que renunciar a la necesidad de tener razón. Yo debo mirarte a ti con la intención de querer entenderte: ¿por qué dices eso?, ¿cómo lo dices?, porque tú tienes una parte de razón que a mí me enriquecerá mucho. Cuando tú eres inflexible, yo aprendo a ser flexible, y curiosamente quien gana soy yo. Que haya cargos públicos que utilicen la educación como un arma política es comprensible en una sociedad poco evolucionada moralmente.

    ¿Cómo acabará el caso catalán? ¿Habrá acuerdo?

    Para empezar, todas las cosas acaban bien. Si no están bien es que todavía no han acabado. Ahora, ¿qué quiere decir ‘bien’?, no tengo ni idea. Si me preguntas si llegará la independencia de Catalunya, te diré que no soy futurólogo, pero mi intuición me dice que sí, y que yo lo veré.

    Entiende que habrá acuerdo.

    Sí. Y habrá una relación mucho mejor con lo que denominamos España. El reto será que la gran mayoría que viva en Catalunya sienta que este es un espacio que les acoge, al margen de muchas otras cosas.

    #2256
    Pedro Zuberogoitia
    Participante

    Me ha gustado mucho la entrevista y también me alegra que te haya gustado Jordi, sabes que en más de una ocasión he defendido la labor de Dani cuando el viento en ADCA no soplaba a su favor…
    Ahora vamos con las complicaciones. Esta entrevista es toda una joya pues nos permite analizar las dificultades que se presentan cuando pretendemos hablar de la problemática político-social concreta partiendo de los presupuestos del Trabajo. Por un lado está los planos de conciencia del personaje (distorsión total) y del Yo Experiencia y por otro el plano de conciencia superior. Desde este último se pueden hacer afirmaciones como la de que «el mal no existe». Pero, cuidado, si a continuación indicas que «hay gente a la que habrá que apartar porque pueden dañar a otros» o «hay quien actúa mal creyendo actuar bien» el discurso chirría. ¿Cómo encajan estas dos afirmaciones con el presupuesto de que no existe el mal?
    Por otro lado, afirmaciones como la de que «todo acaba bien» son difíciles de asumir. E

    #2257
    Pedro Zuberogoitia
    Participante

    Se me ha escapado el texto sin haberlo acabado. En resumen, la entrevista muestra claramente que cuando salimos a explicar el mundo a un medio de gran difusión hay afirmaciones que nos pueden hacer parecer vendedores de humo. Creo que tenemos tarea limando esas contradicciones y construyendo un relato coherente para gente que de momento no pueda acceder a niveles superiores al Yo Experiencia.

    #2258
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    No me consta que en ADCA soplemos en contra de nadie porque no opinamos sobre las personas sino sobre las cosas que defienden y sobre su idoneidad en relación a lo que pretenden resolver. Si nos parece equivocado lo decimos y si nos parece interesante lo resaltamos. Este es el caso de esta entrevista.

    Creo que tu objeción se resuelve si tenemos en cuenta los diferentes niveles de conciencia: aquello que se percibe como conveniente en determinado nivel se ve inadecuado desde otro nivel de conciencia superior; y esta inadecuación es lo que se indica con la expresión: “actuar mal”.

    Si miras la entrevista verás que en diferentes fragmentos se contrapone una visión unilateral de las cosas con otra más amplia que incluye a los supuestos contrarios. El hecho de que esta visión más holística no necesite condenar a nadie no excluye que tú te defiendas de los ataques que recibes y que luches por convencer a la mayoría de la bondad de tus propuestas.

    Y por otro lado, la voluntad de no rechazar a nadie es una aplicación práctica de la evidencia de que el mal no existe en el plano del yo experiencia. Es sabido que determinadas posturas se nutren de la existencia de un enemigo, o sea que dejarles sin enemigo es una forma de debilitarlas.

    Además, hay muchos que está buscando respuestas y conviene que vayan degustando conceptos novedosos que ayuden a dibujar una alternativa. Creo que debemos tener más confianza en la gente: la prueba está en la serenidad que el pueblo catalán está demostrando en estos momentos tan críticos.

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