Sobre la Unidad
La Biblia explica que Dios creó al ser humano arquetípico: Adán. A continuación lo diferenció haciéndolo macho y hembra, para que pudiera reproducirse y multiplicarse; y más tarde, cuando ya había mucha gente en el mundo y todos hablaban la misma lengua y utilizaban las mismas palabras, Dios confundió sus lenguas, de modo que no se entendieran entre sí. Y los dispersó por toda la tierra.
Las lenguas de los que llegaron hasta la Península Ibérica se agrupan, según los lingüistas, en el subconjunto de lenguas iberorománicas, y son: el catalán, el castellano y el galaicoportugués. Nadie sabe de dónde proceden los que hablan euskera, o sea que, probablemente, ya estaban aquí. En cualquier caso, el resto de pueblos procedentes de Babilonia, los consideraron tan difíciles de entender cómo se tenían entre ellos mismos.
Esta actuación de Dios, confundiendo primero las lenguas y luego las mentes, es una de las tantas acciones sorprendentes que Él realiza y que a veces nos resultan difíciles de entender. Pero como la ignorancia no excluye el cumplimiento de la ley, sobre todo de la divina, mejor nos atenemos al consejo que reza: lo que ha desunido Dios no lo unifique el hombre; sobre todo por la fuerza.










