Serie de reflexiones sobre la ponencia del III Congreso de ADCA «el compromiso esencial». Décima entrega: «LA ADULTERACIÓN DE LA MATERIA».

Repetidas veces se ha achacado equivocadamente el origen del mal a la materia, que de suyo es buena. Cosa distinta es la adulteración de la materia, una adulteración que se llama: mentira.
En el animal no tiene cabida la mentira, porque vive con la seguridad y la sabiduría inmanente a su vida y al instinto. El riesgo empieza con el hombre. De entrada la conciencia del hombre se percibe como “yo-con los demás”; pero de ahí brota una conciencia que se encierra en sí: la conciencia egoica del “yo-frente a lo demás” que contempla todo con una relación de oposición, sometimiento, violencia y poder. Por eso la creación aparece como algo hostil al hombre egoico.
Cuando el hombre comienza a considerar lo que es bueno y malo para él, corta con el Tú, que fundamenta su yo, y crea el personaje. El ego nace pues de un corte radical. A partir de ese momento toda vida humana es egolatría que intenta abrirse paso en la historia con la pasión del poder, consecuencia de la pérdida de seguridad y del sentimiento de temor a Dios y su verdad.
Esta egolatría lo impregna todo de una actitud de ignorancia y desinterés. Por eso el ego se siente desnudo ante el ser y se esconde a sí mismo con las hojas inconsistentes de la mentira. La visión de Dios es desde ahora un peligro mortal para el hombre. Pero Dios le plantea esta sorprendente cuestión: “¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo?”



















