El punto de partida de la espiritualidad

Todos los que conocen el planteamiento de Antonio Blay saben que el estado ordinario de las personas es el de identificación con una descripción fantástica de nosotros mismos que llamamos personaje. Esta descripción es fruto de una educación, recibida en la infancia, que nos ha desconectado de nuestra naturaleza esencial.
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Si algo tiene de específica la enseñanza de Antonio Blay es su insistencia en presentar el personaje como algo que no es connatural en el ser humano, puesto que se puede eliminar.
Este guion de vida se utiliza como una plantilla que se sobrepone a la existencia promoviendo la interpretación sesgada de todo cuanto aparece en la conciencia del sujeto, empezando por él mismo.
