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  • en respuesta a: Película sexto trimestre: Encuentros con Hombres Notables #1973
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    El siguiente fragmento encierra un único mensaje: la salida no está en las ideas, no está en adquirir conocimientos sino en cambiar de nivel de conciencia. Este mensaje se da en varias pinceladas: el amigo de Gurdjieff que se separa de él porque es consciente de que debe estudiar primero sus mecanismos; la experiencia del príncipe que se ha dedicado a perseguir el conocimiento antiguo sin conseguir nada y, finalmente, la indicación a Gurjieff de que suspenda todo lo que está haciendo porque lo hace desde un nivel inadecuado. Es más, todo esto que hace, puede ser contraproducente para él.
    Aquí es de destacar que Gurjieff hace una pregunta y recibe una respuesta que acata. No pide xplicaciones ni exige que se le de una alternativa.
    Como curiosidad: el fragmento que el príncipe interpreta al piano es música que compuso Gurjieff.

    en respuesta a: Película sexto trimestre: Encuentros con Hombres Notables #1972
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    El Gurdjieff adulto se junta con otras personas que también persiguen el conocimiento. Aquí hay un primer mensaje: lo superior no es individual, la experiencia no puede partir de un esfuerzo particular. Esto le dicen a la muchacha que pretende estudiar la influencia de las vibraciones sobre la materia en base a experimentos científicos: estás trabajando en la oscuridad.
    El segundo mensaje es que este conocimiento es intemporal y ha de buscarse en la tradición. Aquí hay algunas instrucciones prácticas: no renunciar a priori por las dificultades que implica, ser pasivo y no involucrarnos en los problemas causados por terceros porque se resuelven por si solos y aceptar las heridas del camino porque son precisamente las que nos llevarán hasta lugares que jamás alcanzaríamos en condiciones normales.
    El tercer mensaje es que el conocimiento se paga pero no precisamente a quien pretende hacer negocio con él y se niega a facilitarlo. En esta secuencia Gurdjieff y sus compañeros resuelven su falta de liquidez engañando a terceros sin ninguna clase de escrúpulos.

    en respuesta a: Película sexto trimestre: Encuentros con Hombres Notables #1971
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    En este fragmento Gurdjieff, motivado por la experiencia que a punto ha estado de poner fin a su existencia, se interesa por las creencias que existen sobre la vida después de la muerte. Y confronta diferentes fuentes de información al respecto.
    En primer lugar, su padre, le previene contra las creencias basadas exclusivamente en ideas y le anima a descubrirlo por sí mismo observando qué le dice su intuición. Después el chaval constata la fuerza de las creencias observando como un niño yezidi se queda atrapada por un círculo que otros niños han dibujado en el suelo a su alrededor. Una persona con conocimientos científicos le explica este fenómeno como un producto de la histeria; es decir: de la fuerza que tiene las ideas para diseñar la realidad en nuestra mente.
    Esto podría haberle conducido a rechazar cualquier explicación que no fuera científica como simple superstición. Sin embargo, constata también con sus ojos como un difunto enterrado la víspera aparece de nuevo frente a su casa y asiste a la costumbre de atravesarle el corazón del cadáver con un cuchillo para que no se vuelva a levantar.
    Esta serie de sucesos finaliza con el mudo asentimiento que Gurdjieff concede a su padre sentándose a su lado mientras este parece reflexionar.

    en respuesta a: Película sexto trimestre: Encuentros con Hombres Notables #1970
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    El padre de Gurjieff no le educa por medio de ideas que discriminan la realidad; le orienta a ser él mismo y a enfrentar todas las situaciones sin miedo; por ejemplo:cogiendo una serpiente com sus manos.
    Pero, en su asolescencia,el chaval confunde el valor con la temeridad y con la importancia personal; lo cual le lleva a correr un peligro absurdo para demostrar su valentía.
    Sin embargo, el desgraciado episodio de los cañones le proporciona la posibilidad de experimentar el miedo a morir y de compartir esta experiencia con su rival. Esto hace nacer entre los dos una amistad de por vida, porque es la conciencia de la nulidad de la forma lo que pone de relavancia el espíritu que une a todos los seres humanos.

    en respuesta a: Película sexto trimestre: Encuentros con Hombres Notables #1969
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    En esta primera escena de Encuentros con Hombres Notables destaca también el ambiente que se respira entre todo los asistentes al concurso. No se advierte la excitación típica de los que van a contemplar algo extraordinario sino más bien la necesidad de comprobar que, una vez más, habrá alguien capaz de alcanzar la perfección. Pero es como si esta persona no hiciera más que representar los esfuerzos que realizan todos y cada uno en su esfera personal. Y además, no son ellos los que le juzgan sino el valle; es decir, una realidad que les comprende a todos.

    en respuesta a: LA IGLESIA CATOLICA #1954
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Entrevista interesante en El Pais:

    Jon O’Brien cree que la jerarquía católica está cada vez más alejada de sus fieles y de la realidad social. Sobre todo cuando se trata de derechos sexuales y reproductivos. Católico irlandés de 50 años y presidente de la organización estadounidense Catholics for Choice (Católicos por el derecho a decidir), O’Brien aboga por la laicidad del Estado y critica duramente al Vaticano por su trato a las mujeres y los homosexuales.

    Pregunta. ¿Están enfrentando bien las jerarquías católicas el reto de adaptarse a la diversidad de los creyentes en las sociedades contemporáneas?

    Respuesta. Hubo un gran teólogo que una vez dijo: “El catolicismo se define por la unidad y la diversidad”. En otras palabras, no hay una Iglesia monolítica. Cuando voy a misa los domingos y miro alrededor veo ahí mismo una pareja de gais que mantiene una relación desde hace tiempo, una pareja de lesbianas que han adoptado un niño; hay también una pareja que se ha divorciado y se ha vuelto a casar. Usamos anticonceptivos y muchas mujeres han tenido abortos. Esta es la realidad de la Iglesia católica en la actualidad. La Iglesia no es un edificio en un lugar de Roma o de Madrid. La iglesia somos las personas, y las personas tienen una sexualidad muy distinta de la que la jerarquía católica pone tanto énfasis.

    P. ¿Sus doctrinas no se corresponden con la realidad?

    “La iglesia somos las personas, y las personas tienen una sexualidad muy distinta de la que la jerarquía católica pone tanto énfasis”
    R. Los dos últimos papados, el de Juan Pablo II y el de Benedicto, estuvieron muy centrados en la zona pélvica, en los genitales, en la adherencia a una norma. Pero si preguntas a los católicos de cualquier parte del mundo en qué creen, cómo se comportan, la respuesta es muy diferente de lo que hace la jerarquía católica, las élites. Creo que esa es la realidad de la Iglesia. Han fallado en que los católicos les sigamos. Y no representan a los católicos de verdad, se representan a sí mismos. Así que cuando los obispos ahora van al congreso en Estados Unidos, a la ONU, al Gobierno de España para convencerles de que conviertan su teología en ley no nos representan.

    P. ¿Está la jerarquía católica cada vez más lejos de la calle?

    R. Representan una manera errónea de pensar. Y están obcecados en todo lo relacionado con los genitales y la zona pélvica. Pero hay varias razones por las que la jerarquía católica terminó con una ética sexual completamente fracasada. A veces tenían buenas intenciones, porque querían estar más cerca de Dios y tenían la idea de que aquellos que son célibes están más cerca de Dios. Pero el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Creo que la realidad actual es que si no das a alguien un preservativo para prevenir el VIH estás obrando mal, si impides a las mujeres acceder a abortos seguros tendrán abortos inseguros y si frenas el acceso de las personas a la contracepción tendrán embarazos no deseados. Esa es la realidad. La realidad es que los matrimonios se terminan. La realidad es que hay personas que son gais y católicas, así que hay que tratar con la realidad. El mundo real nos dice que la visión de los obispos es realmente errónea y ciertamente los obispos tienen derecho a mantener su visión.

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    P. Pese a los avances sociales y cada vez más voces como la suya entre los fieles, la Iglesia católica no ha variado su postura contra el aborto, la anticoncepción o sobre homosexualidad.

    R. La jerarquía es la única que mantiene esa idea del catolicismo, y pone demasiado énfasis en ella. Creo que la mayoría de los católicos hemos seguido adelante con nuestras vidas. Yo sigo yendo a misa los domingos, al igual que lo hacen las mujeres que han abortado y usan anticonceptivos. No nos sentimos culpables. Sabemos que, como buenos católicos, podemos tomar una decisión basada en nuestra conciencia. El mismo centro de la enseñanza católica nos dice no solo que sigamos nuestra conciencia sino que «debemos» seguir nuestra conciencia. Y creo que las personas que usan anticonceptivos, que han abortado, que son gais y lesbianas están siguiendo su conciencia. Es algo entre ellos y Dios. Creo que la Iglesia es así hoy, y cada vez más.

    P. ¿Cómo deben ser las relaciones entre Iglesia y Estado?

    R. Nuestros obispos en España, Portugal e Irlanda deben dejar de reunirse con los políticos para decirles qué leyes quieren que se promulguen. Es inapropiado. Los actores religiosos pueden tener sus opiniones pero creo en un Estado verdaderamente laico. El Estado laico no es antirreligión, es neutral, tiene las leyes más justas y equitativas, que dan una gran protección a las personas religiosas, porque no pone ninguna fe sobre la otra.

    “Los actores religiosos pueden tener sus opiniones pero creo en un Estado verdaderamente laico”
    P. ¿Cree que la jerarquía católica interviene demasiado en las políticas de Estado?

    R. Sí, no hay ninguna duda de ello. Esos hombres presionan a los políticos para transformar sus creencias en leyes, aunque ni siquiera los católicos las siguen. Y vemos esto en todo el mundo, una y otra vez: las barreras a la anticoncepción gratuita, la lucha contra el matrimonio gay, contra el derecho al aborto. Si nos fijamos en Polonia, en España o en Irlanda, la batalla contra la igualdad de derechos de los ciudadanos desgraciadamente está encabezada muy a menudo por la jerarquía de mi Iglesia. Y no es fácil, pero los católicos debemos reaccionar porque cuando ves a alguien obrando mal has de decirlo. Debemos levantarnos y decir que esa manera de comportarse de la jerarquía y de la Iglesia es errónea, y que cuando hablan no hablan por nosotros.

    P. Hablemos del papa Francisco. Algunos lo han definido como un político

    R. Bueno, creo que hay algo verdaderamente genuino en este papa. Y es que es mucho más pastoral que político, mientras otros papas han tratado de hacer que los Gobiernos hagan esto o lo otro, él se preocupa verdaderamente de la condición humana. Pone más el acento en el cuidado de las personas, para que se sientan bien, vayan a la iglesia y no se sientan excluidas. Y eso es algo de agradecer, porque hemos tenido con demasiada frecuencia una Iglesia católica política y no pastoral. Y con esto no pretendo hacer ver que el papa Francisco esté de acuerdo conmigo en estos asuntos, pero está dando más amor y cariño que sus predecesores. Él es argentino, pero no creo que el papa Francisco sea Che Guevara, no lo es; pero puede que sea más como Gorbachov cuando tenía algo que decir.

    P. ¿Ha abierto un canal de comunicación y de cambio en la Iglesia?

    R. Él introdujo la idea de que las personas debemos hablar sobre qué tipo de sociedad tenemos. Quién sabe si los obispos con el papa Francisco van a ser más valientes y van a admitir que hay cosas en la jerarquía católica que son injustas. Una de ellas es el comportamiento de la Iglesia con las mujeres, a las que no trata con la dignidad y respeto, ni como iguales a los hombres.

    P. ¿Es esa desigualdad de género uno de los mayores problemas en la Iglesia?

    R. Creo que si la Iglesia debe resolver una injusticia es esa. La idea de que una empresa, por ejemplo Apple, que diga que mañana no va a tener ninguna mujer en los puestos de dirección sería una locura para su negocio. O para cualquier institución. Y creo que es una locura también para la Iglesia. Excluir a las mujeres de la Iglesia no es inteligente. Así que cuando los obispos se reúnen y hablan sobre los problemas de la mujer, su salud, su vida y el papel de la mujer en la Iglesia, creo que su postura es la de la mitad de la Iglesia.

    “Uno de los secretos peor guardados de la Iglesia católica es que una parte importante del clero es gay”
    P. ¿Qué supone que un prelado haya declarado públicamente su homosexualidad y, además, tener pareja?

    R. Uno de los secretos peor guardados de la Iglesia católica es que una parte importante del clero es gay. Agradecería una visión mejor informada sobre la homosexualidad en mi Iglesia. Nosotros, los fieles también agradeceríamos más sinceridad sobre el divorcio, el casarse por segunda vez, las mujeres que han abortado, las parejas que usan anticonceptivos. Hay toda una serie de asuntos que se deben poner sobre la mesa para el debate. Con este error de no hablar del mundo real, los pecados de omisión de la jerarquía católica van más de un cura gay en el vaticano que no pudo soportar la hipocresía y mentiras. La lista llega al mismo corazón de las enseñanzas de las enseñanzas católicas en asuntos conectados a la zona pélvica. Necesitamos que se haga justicia social, no solo sacerdotes gais hablando de sacerdotes gais.

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    en respuesta a: Película sexto trimestre: Encuentros con Hombres Notables #1949
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    De momento solo un apunte:
    Esta película parte, como se dice, de la obra de Gurdjieff: «Encuentros con hombres notables». Pero hay que matizar que, si bien utilizó probablemente elementos de su vida personal, la serie de relatos que presenta tiene un contenido más simbólico que autobiográfico. De hecho, la obra y la película constituyen un resumen de toda su doctrina.

    en respuesta a: EL PROBLEMA CATALÁN #1933
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Artículo aparecido en Eldiario.es

    El dial de la radio es agotador, emisora tras emisora, lo mismo: cada día la ración de yogur griego sin azúcar, una lección del desastre a que conduce el pretender tener dignidad, y a continuación sacan el cañón de los denuestos y, ya directamente, los insultos contra catalanes.

    La secuencia de canales de televisión es similar, supuestas informaciones con imágenes de políticos catalanes o, ya directamente, ciudadanos y ciudadanas de ese país y sobre ellas las voces de los redactores opinando. También ofrecen un espectáculo verdaderamente asombroso, tertulias de varios opinadores donde no hay una sola persona catalana o, caso de haberla, contraria al asunto del que se está hablando, el proceso soberanista catalán. Lo más ecuánime y considerado que llevo oído estas semanas es una tertulia radiofónica en la que discutían sus opiniones cinco políticos, cuatro en contra, PP, PSOE, Podemos e IU, y uno a favor, Convergència. ¿A que no saben quién ganó?

    Sobra decir que todos esos medios de comunicación y sus periodistas y opinadores no emiten desde Barcelona, por ejemplo, sino desde Madrid. Puede que eso sea una explicación para tal desequilibrio y tal nivel de intoxicación, que irá subiendo y subiendo y subiendo conforme avanzan las semanas. El nivel ya apunta desde hace tiempo, el secretario general del PSOE, antes, y el portavoz del PP, ahora, ya llamaron «insensato» al presidente de los catalanes.

    En la política española lo normal es que los políticos desde primera hora de la mañana ya se desahoguen como parroquianos de madrugada en el bar. Pero acabo de oír al ministro del Interior decir que a él le daban «asco» esos millones de personas que estaban «haciendo el indio». Por si no tuvieron ocasión de conocerlo, les aviso que cuando los franquistas expresan odio, y más si mandan en la policía y la Guardia Civil, no es broma.

    No soy catalán, soy gallego y lo llevo con un orgullo razonable, tampoco vivo allí ni nunca deseé en sí misma la independencia de Catalunya, me habría gustado y me gustaría encontrar formas de compartir soberanía y cuando pude intenté ayudar a levantar puentes, pero hace tiempo que, si fuese catalán, no dudaría en coger puerta. Nadie que tenga un mínimo de dignidad desearía vivir en un país que te detesta de ese modo, vivir recibiendo odio es insoportable.

    Odio de todas las maneras, del modo brutal de los franquistas declarados y de los españolistas y centralistas sofisticados, el odio se alimenta de muchas maneras.

    Hace unas semanas un grupo de economistas gallegos hicieron público un informe con el cálculo de lo que perdería Galicia si Catalunya se independizase, más o menos el equivalente al coste de la educación. La prensa gallega se hizo eco de esa pérdida, de modo que sus lectores y espectadores pudieron saber lo que los catalanes pretenden «quitarnos», la educación de nuestros hijos e hijas. No fuimos informados nunca antes de lo que los catalanes nos estaban aportando, de lo que nos estaban transfiriendo, financiando, sino que pervirtiendo un hecho, a quienes nos están dando, en vez de agradecérselo, los culpamos de nuestros males.

    Ese punto de vista tiene una doble perspectiva, en el caso gallego creo que lo que corresponde es localizar las causas de que un país con recursos naturales enormes, estratégicamente situado en las rutas atlánticas, con una lengua, el gallego-portugués, que se extiende por cuatro continentes no pare de exportar a sus hijos e hijas, de perder población y recursos económicos de todo tipo desde hace más de cien años. Con la perspectiva gallega esos economistas podrían calcular los costes de la dependencia, sin embargo aportan su grano de arena al retrato de unos catalanes que nos quieren quitar lo nuestro. En conjunto, una argumentación económica del centralismo impecable. Cálculos y argumentaciones semejantes sé que se hicieron y se harán en otras comunidades autónomas, y servirán como leña para una pira simbólica al independentismo catalán y, digámoslo claramente, a la xenofobia hacia la sociedad catalana en conjuntol. Nadie dirá «gracias», dirán «son culpables de traición».

    No es extraño que una parte importantísima de la población catalana, probablemente no la mayoría, no desee formar parte de lo que la Constitución llama «el pueblo español». Sin duda es mérito de los nacionalistas catalanes pero sería imposible sin el enorme mérito de los nacionalistas españoles de todo tipo. Como esos millones de catalanes, la parte de la sociedad movilizada, organizada y con más aliento cívico no van a desistir, seguirán y seguirán, y como los partidos españoles solo les ofrecen la vía de sus tribunales solo cabe una salida: meterlos presos.

    Que el Gobierno denuncie a los millones de personas que votaron en ese referéndum que vituperan los políticos y medios de comunicación españoles, esas personas constan con sus nombres, domicilios y número de DNI. Que los tribunales españoles los juzguen y los condenen por sedición, que el Tribunal Constitucional rubrique esos procesos, no habrá problema, y que el ministro del Interior los saque de sus casas de madrugada y se los lleve. Naturalmente habrá que crear campos de concentración, el Gobierno israelí podrá ayudar con la logística para construirlos. Los niños y niñas puede que aún sean recuperables, a los hijos de esa gente habrá que aplicarles el plan de españolizar niños catalanes del exministro Wert. Habrá que intentarlo, aunque ya se sabe que la mala simiente… Tal como están planteadas las cosas, no cabe otra solución.

    Puede que tenga una consecuencia indeseable, la caída del PIB español cuando todas esas empresas y trabajos desaparezcan pero es un precio insignificante ante lo que se perdería, la unidad de España y la honra. Pero más vale honra sin catalanes que catalanes sin honra.

    Así pues, por favor, procedan porque este bombardeo de descalificaciones contra esos malos vecinos ya nos tiene derrotados también a los demás habitantes de este democrático Estado. ¡Aplíquenles la Ley Mordaza , métanlos presos y acaben de una vez!

    en respuesta a: LA IGLESIA CATOLICA #1930
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Otra reseña de El Pais, sobre el viaje del Papa:

    En seis días de viaje por los tres países más pobres del Continente, Francisco ha roto (ese ha sido su empeño) con la imagen de una Iglesia romana que pierde fieles a borbotones en América Latina no porque haya otras iglesias cristianas que lo hagan mejor, sino por sus desaciertos en la conducción de asuntos medulares, por ejemplo, el haber aparecido aliada de los poderosos contra Gobiernos empeñados en erradicar la pobreza, además de por las actitudes de muchos obispos principescos y sacerdotes enriquecidos y alejados de la gente humilde. Francisco despachó el asunto con candorosa dureza ante una multitud de paraguayos: “Los voy a bendecir sin cobrar”.

    Todo el viaje ha sido una sucesión de gestos y denuncias contra la pobreza y la injusticia social. En ningún momento se refirió a la Teología de Liberación (TL), que Juan Pablo II y Benedicto XVI condenaron con severidad, pero Francisco ha hablado estos días como si fuera uno de sus pastores. No por casualidad, el Vaticano acaba de espantar los obstáculos que durante décadas impidieron elevar a los altares al obispo/mártir Óscar Romero, uno de los símbolos de la TL, asesinado en El Salvador por orden de católicos en el poder, y parece reconocer ahora que fue este movimiento teológico y pastoral quien hizo crecer de manera espectacular en América a la Iglesia católica, hoy en retroceso también allí.

    Todo el viaje ha sido una sucesión de gestos y denuncias contra la pobreza y la injusticia social
    Francisco accedió al pontificado romano para poner remedio a la crisis de la achacosa Iglesia romana en Europa, “una viña devastada por jabalíes”, según palabras del papa emérito Benedicto XVI poco antes de dimitir. Los cardenales lo sustituyeron rápidamente por un cardenal que venía “del fin del mundo”. Así dijo Bergoglio de sí mismo. Han pasado más de dos años y el discurso de Francisco es radicalmente distinto al de sus predecesores: los pobres, la misericordia, comprensión del diferente y de la homosexualidad, mirada distinta hacia la mujer, intransigencia radical contra la pederastia entre eclesiásticos…

    Pero Francisco no ha hecho aún reformas, se ha limitado a crear una comisión de ocho cardenales para aconsejarse. Solo palabras. Pero, ¡qué palabras! “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”, dijo en su primer encuentro con periodistas, de regreso de su primer gran viaje, a Brasil. De gira otra vez al “fin del mundo” si se mira desde la ostentosa Ciudad del Vaticano, se ha dicho que Francisco torció el gesto cuando el presidente de Bolivia, Evo Morales, le puso en sus manos un crucifijo con la forma de la hoz y el martillo. El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, jesuita como el Papa argentino, ha negado que el regalo disgustase a Francisco. Ambos son conscientes de lo chirriante que resulta en esta América doliente un pontífice romano hablando de los pobres cuando durante décadas el Vaticano execró y expulsó sin misericordia a los teólogos y pastores implicados en la liberación de los pobres. ¡Comunistas!”, sentenciaba Juan Pablo II y argumentó teológicamente su ‘policía de la fe’, el entonces cardenal Ratzinger, luego Benedicto XVI. “Si doy limosna a un pobre me llaman santo; si pregunto por qué hay tantos pobres me llaman comunista”, se defendía el arzobispo de Recibe (Brasil), Dom Hélder Cámara.

    Francisco nunca simpatizó con los teólogos de la liberación. Hoy parece uno de ellos. “Los comunistas nos han robado la bandera. La bandera de los pobres es cristiana (…). Los comunistas dicen que todo esto (la pobreza) es algo comunista. Sí, claro, ¿cómo no?… Pero veinte siglos después (de la escritura del Evangelio). Cuando ellos hablan nosotros podríamos decirles: ¡Pero si sois cristianos!”, ha dicho. ¿Es peronismo (decir en cada sitio lo que uno cree que esperan oír)? ¿Estamos ante un cambio radical del pontificado, menos romano, más católico y cristiano? Queda camino.

    en respuesta a: LA IGLESIA CATOLICA #1928
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Reseña de El Pais:

    Las palabras del papa Francisco no pudieron ser más rotundas: “Pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. Durante un encuentro con movimientos populares de todo el mundo en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), Jorge Mario Bergoglio pidió “tierra, techo y trabajo” para todos: “Son derechos sagrados. Hay que luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en Latinoamérica y en toda la Tierra”.

    Durante casi una hora, el Papa escuchó con atención los testimonios de los grupos de excluidos (indígenas, cartoneros, trabajadores precarios del mundo rural y de las periferias de las ciudades) de todo el mundo. También un encendido alegato del presidente de Bolivia, Evo Morales, contra los colonialismos pasados –“en 1492 sufrimos una invasión europea y española”— y los contemporáneos. Pero, en un foro dedicado a clamar contra las injusticias, quien se mostró más beligerante fue el papa de Roma: “Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común”.

    “Pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”

    “Este sistema ya no se aguanta”, dijo Bergoglio en un discurso de seis folios que transitó por pasajes ya conocidos –la globalización de la indiferencia, la condena de la cultura de la descarte…–, pero exploró otros que llamaron a la rebelión de los más humildes: “Necesitamos un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio redentor. Necesitamos un cambio real. Este sistema ya no se aguanta. Y los más humildes, los explotados, pueden hacer mucho. El futuro de la humanidad está en sus manos».

    En un pasaje que puso la emoción a flor de piel, Bergoglio quiso hacer protagonistas de la salvación del mundo a los más humildes: “¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora, frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para mis problemas?”.

    A continuación, el Papa, entre aplausos, contestó su propia pregunta: “¡Mucho! Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» (trabajo, techo, tierra). ¡No se achiquen!”

    «Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas. ¡No se achiquen!”

    El Papa clamó contra “la imposición de medidas de austeridad que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres” y contra “el colonialismo, nuevo y viejo, que reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato, engendra violencia, miseria, migraciones forzadas”. Fue casi al final cuando Francisco, que había convertido en su discurso a los más pobres en “poetas sociales”, admitió: “Alguno podrá decir, con derecho, que «cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia».

    Y añadió: “Al igual que san Juan Pablo II pido que la Iglesia «se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos». Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.

    No es la primera vez que un papa pide perdón a los indígenas, pero no desde luego con esta contundencia. El 13 de octubre de 1992, Juan Pablo II pidió en Santo Domingo a los indígenas que perdonasen las injusticias cometidas contra sus antepasados y, días después en Roma, insistió en su «acto de expiación por todo lo que estuvo marcado por el pecado, la injusticia y la violencia» durante la evangelización de América. Quince años después, el 23 de mayo de 2007, Benedicto XVI afirmó que “el recuerdo de un pasado glorioso” no puede ignorar “las sombras” que acompañaron la evangelización de Latinoamérica. “No es posible olvidar el sufrimiento y las injusticias infligidos por los colonizadores a las poblaciones indígenas, cuyos derechos humanos fundamentales eran con frecuencia pisoteados”, dijo Joseph Ratzinger.

    La diferencia en el fondo y en las formas es evidente, aunque también Francisco, como antes Juan Pablo II y Benedicto XVI, añadió que “para ser justos” tenía que reconocer a los sacerdotes que “se opusieron a la lógica de la espada con la lógica de la cruz”. Para finalizar uno de sus discursos más largos pero también más hermosos y combativos, Bergoglio exclamó: “Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez. Sigan con su lucha y, por favor, cuiden mucho a la Madre Tierra”.

    en respuesta a: LA IGLESIA CATOLICA #1900
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Artículo publicado en blog.periodista digital.com

    l Monacato. Una Revolución actual y permanente
    30.12.11 | 08:46.

    Como explica José Mª. Castillo en su libro “El Futuro de la Vida Religiosa”, el primitivo monacato, nacido en Egipto y otros lugares del Cercano Oriente hacia finales del siglo III, al salir de las ciudades y marchar al desierto, no hace otra cosa que practicar el modo de protesta que los rebeldes, disidentes y marginados sociales de la época solían emplear para expresar su rebeldía con el sistema social dominante.

    Por ello, los monjes serán vistos con mucha desconfianza por la Iglesia institucional del Imperio hasta que San Atanasio de Alejandría no salga en defensa del monacato (buscando seguramente recuperar su fuerza y autenticidad para evitar la burocratización de la Iglesia institucional), escribiendo una biografía elogiosa de San Antonio, considerado el primer monje ermitaño, la llamada Vita Antonii.

    El monacato no intentaba otra cosa que vivir el cristianismo de forma integral, recuperando su carácter profético y “revolucionario”, es decir, su carácter alternativo al sistema dominante o “mundo”, entendido como un modelo social dominante basado en el dinero, el poder o el prestigio y contrario al Evangelio. El cristianismo primitivo se concebía a sí mismo realizando en la práctica, aquí y ahora, de un modo histórico y universal, si bien no todavía perfecto, la promesa central de la Biblia: salir, apoyados en Dios, del sistema basado en el egoísmo (éxodo) hacia la Tierra Prometida (el Reino).

    Los primeros cristianos ven en Jesús al Cristo liberador, el que nos capacita gratuitamente para vivir de un modo nuevo, humano, fraterno y libre, y, por eso, serán seguidores de “este Jesucristo”. No es pues un movimiento político en el sentido de un movimiento que busque el poder, sin cambiar el modo de ejercerlo, pero tiene una fuerte carga política en la medida que pone en cuestión las bases del sistema social dominante y desea sustituirlas por otras, el Amor o fraternidad más allá del ego; intenta así ordenar la vida, no basándose en la justicia entendida como retribución (dar a cada uno lo que se merece), sino entender la justicia como un colocarse del lado de los más pobres y débiles, sabiendo que en último término todo nos es dado por la Realidad o Dios, más allá del ego; tomar conciencia de que todos somos pobres y necesitados. Descubrir que abrirse a la transcendencia es abrirse a los pobres. Esto supone establecer unas nuevas relaciones entre los hombres que no se basen en la dominación de unos sobre otros.

    Como explica el teólogo Antonio González en su libro “Reinado de Dios e Imperio”, esto es lo que está detrás de la famosa frase del Evangelio: “Devolved a Cesar lo que es de Cesar y lo que pertenece a Dios, a Dios”. No se trataría de que Jesús diga que hay que separar la religión y la política (otra cosa es separar iglesia y Estado), sino que pide separarse del sistema dominante representado por Cesar (de ahí que diga “devolver” y no “dar”, como algunos traducen) y devolver a Dios lo que le pertenece, el Pueblo, dominado por los dirigentes religiosos. Llama a una revolución espiritual y social hecha desde el Amor.

    Lo que plantea el monacato es ser fiel a este mandato, señalando la necesidad de que la revolución sea permanente y actual; es decir, no se trataba (ni se trata) de tener el poder social, sino de vivir aquí y ahora, y primero en uno mismo, lo mejor posible, los valores del Reino (fraternidad, igualdad, libertad podrían expresarlos bien).

    El monacato era consciente de que la revolución cristiana, que se había hecho desde las bases y la persecución, estaba siendo institucionalizada y burocratizada, en aquel sigo III, perdiendo su carácter transformador del sistema. Denunciaban los monjes esta burocracia que ya no era “revolucionaria” o cristiana en plenitud.

    A lo largo del tiempo el monacato intentará contribuir a que esa revolución se plasme en la sociedad, colaborando con los movimientos de reforma y actuando según los medios y las circunstancias de cada momento. Para el monacato benedictino esta idea de un orden armónico personal y social es lo que está detrás del lema de la orden: Pax, paz. Alcanzar la Paz es la forma de describir ese nuevo estilo de vida, tanto personal como social, basada en la armonía, la fraternidad, la justicia, la resolución no violenta de las tensiones sociales… Los monjes benedictinos contribuyeron, a su manera, en los diversos movimientos que en Occidente se vivieron para mejorar la justicia y la ordenación de la sociedad, por ejemplo, apoyando el movimiento de reforma de Carlomagno en el siglo IX, o la renovación social del siglo XI y XII, en la que los cistercienses tomaron un papel muy activo. Por supuesto, todos estos modelos eran muy primitivos e imperfectos, no pueden servirnos de modelo hoy, pero sí nos indican la importancia de que los ideales de cambio y renovación social deben continuar hoy (hay mucho que mejorar), apoyados también por ,y en, los monjes.

    El monacato podría tener pues un mensaje permanente para todo movimiento que busca el cambio social de verdad, la revolución espiritual y social. Paso a señalar algunos de estos posibles mensajes monásticos:

    1) La Revolución no debe caer en el oportunismo, es decir, en esperar el cambio en el futuro para justificar el acceder ahora al poder sin transformarlo, renunciando a la transformación actual de las cosas para hacerlo en un futuro que nunca llega. Para evitar esto debemos “salir del sistema”, devolver al Cesar lo suyo, que no quiere decir necesariamente no participar en la vida social, sino no asumir la lógica del sistema y actuar desde otra lógica: la de la Revolución. Esto es: vivir en el mundo sin ser del mundo. Por eso, el monacato genera ya aquí y ahora comunidades, que intentan plasmar, de un modo siempre imperfecto, el proyecto del Reino.

    2) La Revolución no debe caer en el sectarismo. Buscar el cambio sólo para un grupo de “puros y elegidos”, que viven de acuerdo en todo a un modelo considerado el ideal, excluyendo al resto. Se debe buscar el cambio para todos, el bien para tod@s; esto supone, reconocer la verdad en otras visiones diferentes a la propia, considerada como ideal, y reconocer las limitaciones y errores propios. Intentar que nuestra visión sea lo menos excluyente y lo más abarcadora posible, sabiendo que siempre será limitada y sujeta a error. El mismo marxismo, el pensamiento revolucionario actual más rico y fecundo (cuando no ha caído en el dogmatismo estalinista o maoísta), señala la necesidad de que el pensamiento revolucionario sea un “pensamiento dialéctico” que llegue a la síntesis de las diversas visiones opuestas, entendidas como tesis y antítesis que deben superarse.

    3) La Revolución no debe caer en el reduccionismo; es decir, en excluir dimensiones de la realidad que nos constituyen. No basta tener en cuenta, ni sólo la realidad material e histórica, ni sólo la espiritual; hay que tener en cuenta todas las dimensiones de la realidad. Esto también es señalado por el marxismo, si bien en sus formas más degeneradas se ha olvidado; como recordaba Engels, no se trata de creer que la única dimensión es la material, sino de ser consciente que todas las dimensiones están mediatizadas por esta dimensión, si bien todas se influyen unas a otras. La revolución no puede ser sólo social, económica o política, debe ser personal, cultural y espiritual. Y esto es fundamental para no crear monstruosidades totalitarias. Es importante aquí señalar que la revolución no se puede hacer desde el ego (el subjetivismo) sino apoyados en la Realidad, más allá del ego, entendiendo ésta como la entendamos: Historia, Misterio, Dios… Para los cristianos sin apoyarse en lo que está más allá de mi ego, la Gracia, Dios… no será posible un cambio verdadero.

    Esto supone, reconocer en el ser humano una realidad más allá del individuo o el ego, la persona, que se caracteriza por su libertad y que es inviolable; es decir, nunca puede ser sacrificada a la colectividad, si bien, sólo puede realizarse en la relación con los demás; la persona es una realidad comunitaria y relacional y no un ego individual, como cree implícitamente el capitalismo liberal. De ahí la necesidad de sociedades que permitan que las personas se realicen en plenitud y no sean puestas por debajo de intereses económicos, burocráticos o tecnológicos.

    Otro elemento importante para no caer en el reduccionismo es no cortar ni despreciar las tradiciones de la humanidad. Ellas transmiten la experiencia humana y son guía para humanizarnos. Ahora bien, las tradiciones tienden a anquilosarse y a quedarse fijadas en elementos no esenciales. La revolución no rechaza la tradición humana, sino que intenta depurarla de sus elementos espurios y decadentes, para poder vivir los elementos esenciales de esa experiencia que las tradiciones nos transmiten.

    4) La Revolución ha de ser permanente. Es el aspecto escatológico del cristianismo, es decir, nunca se realiza en plenitud la “sociedad ideal”, el Reino, si bien eso no debe ser motivo para no ir caminando en la historia hacia esa Utopía. El Reino se va realizando ya aquí y ahora cuando se viven sus valores, si bien, su plenitud es para más allá de la historia actual. Esto supone relativizar todos los sistemas políticos, por muy humanizadores que sean, y ser siempre críticos y creativos para mejorarlos, a la vez, que capaces de reconocer los logros de la humanidad y de los diversos sistemas sociales que ha creado.

    Evidentemente hoy el monacato ya no tiene de forma tan visible esta dimensión “revolucionaria”; como suele ocurrir con los movimientos de cambio y alternativos, que consiguen tener éxito, terminan perdiendo energía transformadora a medida que se van burocratizando. Es, por ello, que cada cierto tiempo se necesita volver a recuperar sus ideales primitivos y reactualizarlos en cada época de acuerdo a las circunstancias del momento.

    Cristianía, en cierta forma, querría ser una experiencia que ayudara a recuperar esta dimensión monástica fundamental: la dimensión “revolucionaria”, en el “buen sentido” de la palabra (cambiar, de verdad, de forma integral, para humanizarnos más).

    en respuesta a: LA IGLESIA CATOLICA #1899
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    En un vigoroso ataque a la hipocresía, el Papa Francisco advirtió que no se pueden utilizar ni la asistencia a misa, ni la comunión, ni las limosnas a la Iglesia como excusas para no pagar salarios justos. Señaló también que el mejor ayuno de Cuaresma es pagar los salarios enteros- no «en negro», escamoteando la pensión y la cobertura sanitaria-, y ayudar a los necesitados.
    Durante la misa de la mañana, Francisco preguntó hipotéticamente: «¿Cómo es la relación con tus empleados? ¿Les pagas en negro? ¿Les pagas el salario justo? ¿Pagas tu cuota para sus pensiones y su seguro sanitario?».
    Si no se hace, la limosna no justifica pues, «tú no puedes hacer donativos a la Iglesia a costa de la injusticia con tus empleados. Es un pecado gravísimo: usar a Dios para cubrir la injusticia».
    La sinceridad es parte del espíritu de la Cuaresma -los cuarenta días preparatorios de la Semana Santa-, iniciados este miércoles de Ceniza, en los que se ofrece el sacrificio de abstenerse de comer carne los viernes.
    En el tono coloquial de las homilías en casa Santa Marta, el Papa subrayó la importancia de la sinceridad del corazón presentando como hipócrita a quien diga: «Hoy es viernes, no se puede comer carne… Me haré un hermoso plato de marisco, un pequeño banquete… y así evito la carne».
    En la misma hipocresía caen los que valoran los tres primeros mandamientos, referidos a Dios y descuidan los otros siete referidos al prójimo.
    Francisco dejó claro que «no es buen cristiano quien no hace justicia a las personas que dependen de uno, quien no se desprende de algo para dárselo a quien sufre necesidad».
    E insistió en que el camino de la Cuaresma «es doble: es Dios y el prójimo. Es real, no es formal. No consiste en abstenerse de carne el viernes y hacer alguna cosilla buena, al tiempo que se deja crecer el egoísmo, la explotación del prójimo, el ignorar a los pobres».

    en respuesta a: LA IGLESIA CATOLICA #1889
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Artículo de González Faus en La Vanguardia

    DSI

    Tranquilo que no le van a pedir el DNI ni el NIF. Las siglas del título aluden a la Doctrina Social de la Iglesia. Dicen muchos que ha recobrado actualidad con motivo de nuestra crisis. Resumámosla para ver por qué.

    1. Principio general: bien común y subsidiariedad. Toda la DSI se apoya en un axioma básico: el fin de toda actividad política y económica es el llamado «bien común», no bienes particulares. Se define ese bien común como «conjunto de condiciones de la vida social que hace posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil» de su humanidad (GS 26,1). Subrayando la legitimidad de defensa cuando esto no se cumple (GS 74,1).

    Pero ese bien común debe realizarse complementándolo con el «principio de subsidiariedad», proclamado por Pío XI y mirado como una de las más serias aportaciones de la Iglesia: lo que puedan hacer los de cerca que no lo hagan los de lejos; lo que pueden hacer los de abajo que no lo hagan los de arriba: lo que puede la iniciativa privada que no lo haga el Gobierno (QA 79; MM 53). El Estado tiene un papel imprescindible pero siempre supletorio o corrector. Lástima que la Iglesia haya practicado eso tan poco.

    2. Economía sometida a la política, no al revés. Pío XII recordó que ya León XIII declaraba a los políticos «ser obligación suya procurar el bienestar de todo el pueblo, particularmente de los débiles y desheredados». Según Pío XII el Estado casi no tiene otra razón de ser que garantizar la defensa de los pobres: pues (citando otra vez a León XIII) «la raza de los ricos, como se puede amurallar con sus propios recursos, necesita menos del amparo de la pública autoridad; (pero) el pueblo pobre, como carece de medios propios con que defenderse, tiene que apoyarse mucho en el patrimonio del Estado» (RN 22.23). Por eso hay que evitar «el error de que la autoridad civil sirva al interés de unos pocos, pues fue establecida para procurar el bien de todos» (PT 51).

    O sea: exacto al revés de lo que pasa…

    3. Trabajo por encima del capital, no al revés. «Las riquezas o el capital se atribuyen demasiado a sí mismos» (QA 54). El capital «no puede ser poseído contra el trabajo porque el único título legítimo para su posesión es que sirva al trabajo, en forma de propiedad privada o pública». Desde esta perspectiva «es inaceptable la postura del capitalismo que defiende el derecho exclusivo a la propiedad privada de los medios de producción como dogma intocable de la vida económica» (LE 12-14).

    4. No a la búsqueda del máximo beneficio. «Oprimir para provecho propio a los necesitados y desvalidos buscando la ganancia en la pobreza ajena no lo permiten las leyes divinas ni las humanas» (RN 14). Ingenuo Papa, pues las leyes humanas ¡vaya si lo permiten! La economía «es viciosa si el capital abusa de los obreros para que los negocios e incluso toda la economía se plieguen a su exclusiva voluntad de provecho» (QA 101). «El provecho como motor esencial del progreso económico… fue denunciado por Pío XI como imperialismo internacional del dinero» (PP 26). «Un dominio ejercido del modo más tiránico por quienes, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él, se apoderan de las finanzas y señorean sobre el crédito. En consecuencia, una dictadura económica se adueña del mercado libre» (QA 104-105).

    5. Salario justo. «Si el obrero, obligado por la necesidad o acosado por el miedo de un mal mayor, acepta sin quererla, una condición más dura porque la impone el patrono, esto es sin duda soportar una violencia contra la cual reclama la justicia» (RN 32). «Que los padres de familia reciban un sueldo suficientemente amplio para atender convenientemente a las necesidades domésticas ordinarias» (QA 71). «El salario es la verificación concreta de la justicia del sistema socioeconómico» (LE 19b).

    A ver si se enteran Merkel y Rajoy…

    6. Límites al derecho de propiedad. «Jamás debe perderse de vista el destino universal de los bienes» (GS 69). «Todos los demás derechos, incluido el de propiedad, están subordinados a eso. La propiedad no es un derecho incondicional y absoluto… El bien común exige a veces la expropiación» (PP 22.24). Y consecuencia de estos principios:

    7. Desautorización de nuestro sistema económico. «La economía actual (está) plagada de vicios gravísimos» (Pío XI en 1931). «Ha de tener algún vicio profundo, una radical insuficiencia este sistema» (Pablo VI en 1964). Si eso valía entonces, ¿qué habría que decir hoy? Vicio profundo porque el principio rector de nuestro sistema es que lo más eficaz económicamente es pisotear los derechos humanos. La DSI aparece así de una radicalidad y una actualidad llamativas. Se la podrá aceptar o rechazar, pero al menos hay que denunciar la hipocresía de esos grupos que dicen ampararse en el humanismo cristiano, mientras pisotean las enseñanzas sociales cristianas y además presumen de supuestos éxitos económicos conseguidos de forma tan anticristiana. Puestos a soñar, esos principios serían más factibles si hubiera una seria «coeducación social», no sólo de género. En la escuela pública y como condición indispensable para la concertada.

    en respuesta a: LA IGLESIA CATOLICA #1888
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Artículo de Gonzalez Faus en La Vanguardia

    DSI: Tranquilo que no le van a pedir el DNI ni el NIF. Las siglas del título aluden a la Doctrina Social de la Iglesia. Dicen muchos que ha recobrado actualidad con motivo de nuestra crisis. Resumámosla para ver por qué.

    1. Principio general: bien común y subsidiariedad. Toda la DSI se apoya en un axioma básico: el fin de toda actividad política y económica es el llamado «bien común», no bienes particulares. Se define ese bien común como «conjunto de condiciones de la vida social que hace posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil» de su humanidad (GS 26,1). Subrayando la legitimidad de defensa cuando esto no se cumple (GS 74,1).

    Pero ese bien común debe realizarse complementándolo con el «principio de subsidiariedad», proclamado por Pío XI y mirado como una de las más serias aportaciones de la Iglesia: lo que puedan hacer los de cerca que no lo hagan los de lejos; lo que pueden hacer los de abajo que no lo hagan los de arriba: lo que puede la iniciativa privada que no lo haga el Gobierno (QA 79; MM 53). El Estado tiene un papel imprescindible pero siempre supletorio o corrector. Lástima que la Iglesia haya practicado eso tan poco.

    2. Economía sometida a la política, no al revés. Pío XII recordó que ya León XIII declaraba a los políticos «ser obligación suya procurar el bienestar de todo el pueblo, particularmente de los débiles y desheredados». Según Pío XII el Estado casi no tiene otra razón de ser que garantizar la defensa de los pobres: pues (citando otra vez a León XIII) «la raza de los ricos, como se puede amurallar con sus propios recursos, necesita menos del amparo de la pública autoridad; (pero) el pueblo pobre, como carece de medios propios con que defenderse, tiene que apoyarse mucho en el patrimonio del Estado» (RN 22.23). Por eso hay que evitar «el error de que la autoridad civil sirva al interés de unos pocos, pues fue establecida para procurar el bien de todos» (PT 51).

    O sea: exacto al revés de lo que pasa…

    3. Trabajo por encima del capital, no al revés. «Las riquezas o el capital se atribuyen demasiado a sí mismos» (QA 54). El capital «no puede ser poseído contra el trabajo porque el único título legítimo para su posesión es que sirva al trabajo, en forma de propiedad privada o pública». Desde esta perspectiva «es inaceptable la postura del capitalismo que defiende el derecho exclusivo a la propiedad privada de los medios de producción como dogma intocable de la vida económica» (LE 12-14).

    4. No a la búsqueda del máximo beneficio. «Oprimir para provecho propio a los necesitados y desvalidos buscando la ganancia en la pobreza ajena no lo permiten las leyes divinas ni las humanas» (RN 14). Ingenuo Papa, pues las leyes humanas ¡vaya si lo permiten! La economía «es viciosa si el capital abusa de los obreros para que los negocios e incluso toda la economía se plieguen a su exclusiva voluntad de provecho» (QA 101). «El provecho como motor esencial del progreso económico… fue denunciado por Pío XI como imperialismo internacional del dinero» (PP 26). «Un dominio ejercido del modo más tiránico por quienes, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él, se apoderan de las finanzas y señorean sobre el crédito. En consecuencia, una dictadura económica se adueña del mercado libre» (QA 104-105).

    5. Salario justo. «Si el obrero, obligado por la necesidad o acosado por el miedo de un mal mayor, acepta sin quererla, una condición más dura porque la impone el patrono, esto es sin duda soportar una violencia contra la cual reclama la justicia» (RN 32). «Que los padres de familia reciban un sueldo suficientemente amplio para atender convenientemente a las necesidades domésticas ordinarias» (QA 71). «El salario es la verificación concreta de la justicia del sistema socioeconómico» (LE 19b).

    A ver si se enteran Merkel y Rajoy…

    6. Límites al derecho de propiedad. «Jamás debe perderse de vista el destino universal de los bienes» (GS 69). «Todos los demás derechos, incluido el de propiedad, están subordinados a eso. La propiedad no es un derecho incondicional y absoluto… El bien común exige a veces la expropiación» (PP 22.24). Y consecuencia de estos principios:

    7. Desautorización de nuestro sistema económico. «La economía actual (está) plagada de vicios gravísimos» (Pío XI en 1931). «Ha de tener algún vicio profundo, una radical insuficiencia este sistema» (Pablo VI en 1964). Si eso valía entonces, ¿qué habría que decir hoy? Vicio profundo porque el principio rector de nuestro sistema es que lo más eficaz económicamente es pisotear los derechos humanos. La DSI aparece así de una radicalidad y una actualidad llamativas. Se la podrá aceptar o rechazar, pero al menos hay que denunciar la hipocresía de esos grupos que dicen ampararse en el humanismo cristiano, mientras pisotean las enseñanzas sociales cristianas y además presumen de supuestos éxitos económicos conseguidos de forma tan anticristiana. Puestos a soñar, esos principios serían más factibles si hubiera una seria «coeducación social», no sólo de género. En la escuela pública y como condición indispensable para la concertada.

    en respuesta a: LA IGLESIA CATOLICA #1887
    Jordi Sapés de Lema
    Superadministrador

    Artículo de Gonzalez Faus en La Vanguardia:

    DSI: Tranquilo que no le van a pedir el DNI ni el NIF. Las siglas del título aluden a la Doctrina Social de la Iglesia. Dicen muchos que ha recobrado actualidad con motivo de nuestra crisis. Resumámosla para ver por qué.

    1. Principio general: bien común y subsidiariedad. Toda la DSI se apoya en un axioma básico: el fin de toda actividad política y económica es el llamado «bien común», no bienes particulares. Se define ese bien común como «conjunto de condiciones de la vida social que hace posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil» de su humanidad. Subrayando la legitimidad de defensa cuando esto no se cumple.

    Pero ese bien común debe realizarse complementándolo con el «principio de subsidiariedad», proclamado por Pío XI y mirado como una de las más serias aportaciones de la Iglesia: lo que puedan hacer los de cerca que no lo hagan los de lejos; lo que pueden hacer los de abajo que no lo hagan los de arriba: lo que puede la iniciativa privada que no lo haga el Gobierno. El Estado tiene un papel imprescindible pero siempre supletorio o corrector. Lástima que la Iglesia haya practicado eso tan poco.

    2. Economía sometida a la política, no al revés. Pío XII recordó que ya León XIII declaraba a los políticos «ser obligación suya procurar el bienestar de todo el pueblo, particularmente de los débiles y desheredados». Según Pío XII el Estado casi no tiene otra razón de ser que garantizar la defensa de los pobres: pues (citando otra vez a León XIII) «la raza de los ricos, como se puede amurallar con sus propios recursos, necesita menos del amparo de la pública autoridad; (pero) el pueblo pobre, como carece de medios propios con que defenderse, tiene que apoyarse mucho en el patrimonio del Estado». Por eso hay que evitar «el error de que la autoridad civil sirva al interés de unos pocos, pues fue establecida para procurar el bien de todos».

    O sea: exacto al revés de lo que pasa…

    3. Trabajo por encima del capital, no al revés. «Las riquezas o el capital se atribuyen demasiado a sí mismos». El capital «no puede ser poseído contra el trabajo porque el único título legítimo para su posesión es que sirva al trabajo, en forma de propiedad privada o pública». Desde esta perspectiva «es inaceptable la postura del capitalismo que defiende el derecho exclusivo a la propiedad privada de los medios de producción como dogma intocable de la vida económica».

    4. No a la búsqueda del máximo beneficio. «Oprimir para provecho propio a los necesitados y desvalidos buscando la ganancia en la pobreza ajena no lo permiten las leyes divinas ni las humanas». Ingenuo Papa, pues las leyes humanas ¡vaya si lo permiten! La economía «es viciosa si el capital abusa de los obreros para que los negocios e incluso toda la economía se plieguen a su exclusiva voluntad de provecho». «El provecho como motor esencial del progreso económico… fue denunciado por Pío XI como imperialismo internacional del dinero». «Un dominio ejercido del modo más tiránico por quienes, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él, se apoderan de las finanzas y señorean sobre el crédito. En consecuencia, una dictadura económica se adueña del mercado libre».

    5. Salario justo. «Si el obrero, obligado por la necesidad o acosado por el miedo de un mal mayor, acepta sin quererla, una condición más dura porque la impone el patrono, esto es sin duda soportar una violencia contra la cual reclama la justicia» (RN 32). «Que los padres de familia reciban un sueldo suficientemente amplio para atender convenientemente a las necesidades domésticas ordinarias». «El salario es la verificación concreta de la justicia del sistema socioeconómico».

    A ver si se enteran Merkel y Rajoy…

    6. Límites al derecho de propiedad. «Jamás debe perderse de vista el destino universal de los bienes» (GS 69). «Todos los demás derechos, incluido el de propiedad, están subordinados a eso. La propiedad no es un derecho incondicional y absoluto… El bien común exige a veces la expropiación» (PP 22.24). Y consecuencia de estos principios:

    7. Desautorización de nuestro sistema económico. «La economía actual (está) plagada de vicios gravísimos» (Pío XI en 1931). «Ha de tener algún vicio profundo, una radical insuficiencia este sistema» (Pablo VI en 1964). Si eso valía entonces, ¿qué habría que decir hoy? Vicio profundo porque el principio rector de nuestro sistema es que lo más eficaz económicamente es pisotear los derechos humanos. La DSI aparece así de una radicalidad y una actualidad llamativas. Se la podrá aceptar o rechazar, pero al menos hay que denunciar la hipocresía de esos grupos que dicen ampararse en el humanismo cristiano, mientras pisotean las enseñanzas sociales cristianas y además presumen de supuestos éxitos económicos conseguidos de forma tan anticristiana. Puestos a soñar, esos principios serían más factibles si hubiera una seria «coeducación social», no sólo de género. En la escuela pública y como condición indispensable para la concertada.

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