Vivir nuestro propio mundo y hacer evolucionar el mundo

[…] Una cosa es explicar nuestra vida y otra, muy distinta, crearla: ser autores de la misma. En este punto, el sentido de la existencia deja de ser una especulación filosófica y adquiere una dimensión central, porque se nos hace patente que estamos en medio del escenario, sin tener claro qué queremos hacer en él. Las novedades son nuestra presencia y la conciencia del potencial que somos: despertar cambia radicalmente la relación que tenemos con el exterior, seguimos determinados por él, pero podemos incidir en él y transformarlo. Nosotros, como sujetos, hemos dejado de ser la incógnita; lo que está por decidir es cómo y de qué manera queremos influir en el mundo. Así que, de repente, la realidad se nos presenta como un proyecto personal y el sentido de la vida es precisamente llevarlo a cabo. Por fin sabemos qué queremos ser de mayores.
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