Antonio Blay

El sentido de las dificultades

[caption id="attachment_1185" align="alignnone" width=""]Blay Abril 2020[/caption]

Siempre que en la vida nos encontramos con dificultades es porque hay algo que hacer. La dificultad es una situación concreta, real, que tiene un sentido, un sentido para nosotros, un significado personal. Y este significado es: que yo he de cambiar algo, o bien en relación con el exterior, o en relación con mi interior. O bien yo he de cambiar el ambiente, de circunstancias – he de tomar una decisión – o he de cambiar mi modo de ver o de sentir.

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El yo que nos descentra

La mente funciona muy bien hasta que descubre que uno es más importante que los demás, hasta que el niño descubre que en él hay unas cosas que le gustan más que las otras y que las cosas que le gustan más son las que se refieren a él, a su persona, las que le dan una confirmación, las que van a favor de sus gustos sensuales o afectivos o ideales, y en la medida en que puede mantener alejado las cosas que se oponen a esos valores. Parece como si esa falta de centramiento fuera una cosa de herencia, de estadio de desarrollo, ya que no podemos achacarlo a un accidente: es lo normal, es el estado general de la humanidad.

 

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Las dificultades

El orgullo es el problema más difícil de resolver y por eso no nos ha de extrañar que quien desee trabajar de veras en la vida espiritual se encuentre enfrentado a dificultades, problemas y contrariedades de todo tipo, y que muchas veces sea víctima de grandes injusticias. ¿Por qué? A veces porque la persona se «desconecta» de su entorno y no sabe ver las leyes más simples de la vida.

 

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El amor profundo, formación total

[caption id="attachment_1170" align="alignnone" width=""]El amor profundo, formación total[/caption]

Del amor se ha hablado tanto y todos tenemos tantas experiencias del amor, que a cada uno de nosotros nos parece que sabemos qué es el amor y los demás no. Yo diría que lo más importante es aprender a distinguir cuándo el amor tiene un carácter superficial, aunque sea intenso, y cuándo tiene un carácter profundo. El amor no se puede medir por su intensidad, porque la intensidad depende sólo de la carga energética que lleve. Lo que da calidad al amor es su profundidad, o sea el centro desde el que procede.

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La práctica del silencio

Podríamos decir que existe el sistema grande y el sistema pequeño. El sistema grande se refiere a poder hacer periódicamente retiros de varios días en los que uno se propusiera estar en completo silencio externo y también (lo más posible) interno. El efecto que eso produciría en las personas sería extraordinario. Esta disciplina, este esfuerzo de no hacer esfuerzo, ese esfuerzo de no agitarse, eso tendría un efecto sedante y a la vez estimulante realmente transformador.

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Ausencia de progreso

Ésta es otra de las dificultades importantes. Uno practica, practica, y no experimenta nada en absoluto de lo que le han dicho. Pero con frecuencia esta falta de progreso es sólo aparente; en realidad, siempre que uno está tratando de trabajar, progresa, es inevitable. Sólo el hecho de que yo me esfuerce en hacer algo en contra de mis hábitos, en contra de mi rutina, eso sólo, está desarrollando esta capacidad reactiva.

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La vida activa como servicio

Hay otro aspecto que entra, también, en la autoexpresión: la vida considerada como un todo.
En la vida podemos tener una actitud egocentrada, como suele ocurrir. La vida, generalmente, es para conseguir unos medios que me den seguridad, tranquilidad para mí y los míos; yo me esfuerzo, pero luego descanso; me divierto, obtengo una cierta satisfacción y así voy tirando. Esto es natural, inevitable; podríamos decir que es la primera fase de la motivación humana y nadie puede pasar más allá hasta que no ha superado esta primera etapa.

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Naturalidad

¿Quiere decir esto que ante las personas hemos de tener una actitud idealizada, mística? No; simplemente, ante las personas nuestra actitud debe ser natural, sencilla. Pero ante nosotros mismos hemos de estar muy despiertos y presentes, y totalmente receptivos ante la Presencia de Dios en nosotros. Y permaneciendo receptivos hemos de expresarnos con naturalidad, con espontaneidad. Esta espontaneidad puede conducirme en ocasiones a defender un punto de vista, a ejercer una acción o una presión, a luchar si es preciso; pero no porque yo estoy defendiendo algo -mi idea personal, mi gusto personal o mi miedo personal-, sino porque Dios se expresa en mí a través de mi modo de ser.

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El amor supremo

Yo diría sin vacilar que nuestro amor fundamental es el amor a Dios. Pero puede ocurrir que a algunas personas la palabra Dios les evoque resonancias interiores poco agradables, más bien tristes, debido a asociaciones afectivas que les hacen relacionar esta palabra con épocas odiosas de su educación. Hablo aquí desde el punto de vista psicológico. No importa el nombre, sino entender bien el concepto. En lugar de amor de Dios podemos decir amor a la verdad absoluta, al ser o al valor supremo, amor a la inteligencia cósmica, etc. Lo importante es tener una idea clara, una intuición perfecta de este objetivo.

¿Para qué vivimos? ¿Cuál es, en definitiva, lo que nos atrae y empuja en la vida? Esto es lo que tenemos que ver con claridad. ¿No es cierto que todos aspiramos a un amor superior más aún, a un amor supremo, total, último, que no tenga vaivenes, que no dependa de nada, que se baste por completo a sí mismo, que sea absoluto, el único? ¿No existe en todos nosotros esta aspiración? Pues bien, lo único que llena esta aspiración es la realidad a la que damos el nombre de Dios, que ha de atraer de un modo decidido y claro nuestra afectividad.

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Desarrollo del amor

Vemos de este modo que la inteligencia tiene su propio medio de desarrollo, pero que, al mismo tiempo, el desarrollo de la energía y la afectividad son dos pilares que ayudan también a que la inteligencia pueda funcionar mejor. Lo que hemos dicho hasta aquí son consignas operativas que de momento son suficientes.

No obstante, el problema que más frecuentemente se presenta en las personas es el problema de la inseguridad interior, de la tensión, de la angustia o de la soledad interior. Todo esto son diferentes aspectos de un único problema, que es el más común, el más general. Y este problema se resuelve trabajando no tan sólo el aspecto inteligencia, sino, paralelamente el aspecto energía y el aspecto amor.

Hablemos, pues, del aspecto amor.

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