Serie de reflexiones sobre la ponencia del III Congreso de ADCA «el compromiso esencial». Decimocuarta entrega: «¿PARA MÍ, O PARA TODOS?»

«Según Séneca la naturaleza es Dios y Dios está en la naturaleza, y el hombre, gracias al don particular de la razón que le es propio, está capacitado para penetrar la naturaleza y discernir las leyes divinas que le son inherentes. Además muestra que la razón divina puede ser percibida más claramente en el hombre que se mantiene firme y calmado en períodos de turbulencia.
En su consciencia el hombre tiene el guía infalible en su actuar. Pero por encima de esta consciencia se encuentra, como autoridad última, la divinidad que nos la ha dado para ser nuestro guardián, la divinidad a la cual debemos nuestra vida, ante la cual somos responsables, y a la que no escapa acontecimiento alguno.
Quizás la cuestión está en dilucidar cuál es nuestro protagonismo en esta conciencia. Lo que no aparece en esta perspectiva es ningún propósito de castigarnos si no nos comportamos de una determinada manera. La pena se limita en todo caso al hecho de no disfrutar del privilegio que supone la conciencia, pero en ningún caso se habla de una realidad trascendente, más allá de los sentidos.»



















