Serie de reflexiones sobre la ponencia del III Congreso de ADCA «el compromiso esencial». Decimotercera entrega: «APORTAR EL AMOR, LA ENERGÍA Y LA INTELIGENCIA QUE SOMOS AL PROGRESO DE LA ESPECIE HUMANA»

«Y al mismo tiempo, todas estas dificultades que estamos intentando superar y que hemos reflejado en las ponencias anteriores, son el estímulo que necesitamos para actualizar el potencial y experimentarlo en nosotros. El potencial no es visible para los sentidos, es por esencia invisible; así que el que se detiene en lo visible, tropieza en ello. Se siente impotente y limitado. Registrar todos los problemas y dificultades con las que nos encontramos sin tener conciencia de nuestra capacidad de enfrentarlos y superarlos es algo que conduce a la desesperación y al nihilismo. En cambio el que tiene conciencia de estar luchando por algo posible y necesario, que tan solo está por devenir, experimenta en su lucha una dimensión superior, sobrenatural. Con ello nos estamos situando de nuevo en el sentido creador original. Si la desconexión del fondo ha interrumpido el proceso creador, la reconexión lo toma de nuevo como el sentido de la existencia.
No se trata de abandonar lo real sensible para huir hacia un mundo intemporal imaginando paraísos futuros. Se trata de conocer lo real tal cual es, es decir, esencialmente, como potencial que se está expresando, y nos ofrece unas posibilidades que ni tan solo podemos prever. Tenemos que examinar lo que se nos presenta trascendiendo el pensamiento oportunista interesado en la utilidad inmediata y actuar con la voluntad que actúa por amor de una forma creativa. Por nada, por puro placer.
Esto requiere de nosotros un cambio de nivel de conciencia; no es cuestión de pensar de otra manera, sino de ver la realidad desde más allá de la razón. Para actuar desde allí, no para inhibirnos. Hay formas de contemplación que se vinculan al ocio y son incompatibles con el Trabajo; en la práctica son una evasión. Nuestra contemplación se alimenta con realidades sensibles, cotidianas. Es un diálogo con el Dios que transforma el mundo. Es una contemplación sobrenatural y encarnada; que repercute en la conciencia.»



















