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Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorMagnífica entrevista de Daniel Gabarró en La Vanguardia, mostrando el espíritu co el que hay que vivir estas situaciones desde la conciencia:
Algunos médicos aseguran que la situación que vive Catalunya en los últimos tiempos está afectando a la salud mental de parte de sus ciudadanos en forma de ansiedad y angustia. Al parecer, los hechos del 1-O y la incertidumbre política están dejando huella. Pero, ¿qué se puede hacer para sobrellevar mejor esta delicada situación? A esta pregunta intenta darle respuesta Daniel Gabarró (Barcelona 1964) en su libro Temps difícils, accions sàvies (En tiempos difíciles, acciones sabias). Licenciado en Humanidades y diplomado en dirección y organización de empresas, Gabarró, que ejerció de maestro de escuela durante 23 años, se define a sí mismo como sherpa espiritual. “Un sherpa es una persona que te acompaña en una travesía que transita por un terreno que conoce. Yo conozco el terreno interior [de ahí el concepto ‘espiritual’] y te acompaño en tu conocimiento propio”, asevera. Tras el 1-O, este barcelonés, que huye del término coach –“no me gusta”- se vio interpelado a escribir una especie de guía para ayudar a digerir algunas de las imágenes que dejó aquel día. Ahora ha querido compartir este compendio de reflexiones, recogidas en poco más de 100 páginas, con La Vanguardia.
No actuar ante una cuestión que te afecta es imposible, asegura usted.
Sí, porque la no actuación tiene implicaciones. El hecho de que tú no actúes es una manera de actuar.
La inacción, de alguna manera, se convierte en acción.
Si hay una reunión de vecinos en el edificio y yo, que soy vecino, no voy, mi no voto influirá en el resultado. Existe la fantasía de que una cosa es el mundo y otra soy yo, pero en realidad ambos somos una única cosa. Hay una frase que dice que ‘no se puede separar al bailarín de la danza’, pues es lo mismo. No puedes separar la acción de la no acción, ambas tienen consecuencias. Por lo tanto, decide qué haces con consciencia.
El sentimiento patriótico, sea cual sea la patria que se venera, ¿es saludable?
Lo que es saludable es el sentimiento de pertenencia, que se podría leer como patriótico: hay un grupo con el que tengo mucha más afinidad, hay una cultura a la que pertenezco, a la que quiero contribuir, y que tiene una visión del mundo que quiero que se escuche. Todo el mundo pertenece a alguno.
¿Pero puede ser fuente de conflicto?
El problema es cuando mi autoafirmación incluye la exclusión del otro. Cuando veo que una persona tilda a los otros de nacionalistas mientras ella defiende a su patria digo, ¿perdona? Tú tendrás tu patria y otro tendrá la suya, no nos hagamos trampa con las palabras. Y la tuya no será ni mejor ni peor que la mía, simplemente, son distintas. Y si son distintas, significa que podemos llegar a acuerdos. Las comunidades llegan a acuerdos, pero a veces surgen conflictos. Y hay que entender que los acuerdos, o se pueden renegociar o, si no, lo que tenemos no es un acuerdo, es una imposición. Los acuerdos, o se pueden renegociar, o si no lo que tenemos no es un acuerdo, es una imposición.
¿Y si no hay acuerdo?
Si no hay acuerdo y existe una violencia de una parte sobre la otra, por amor a la persona violenta y por amor a uno mismo vale la pena no enfrentarse. Por amor a mí mismo porque el hecho de que puedan agredirme y puedan romperme una pierna no va a hacer que la realidad cambie, no voy a ser más útil por eso. Si estoy enfermo, roto o muerto difícilmente podré transformar la realidad. Por lo tanto, mientras me cuide, podré seguir actuando.
¿Y por amor a la persona violenta?
Si mi actuación te anima a seguir siendo violento, de alguna forma mi actitud te está ayudando a que sigas siendo un monstruo, y eso es una forma de no amarte. Eso no quiere decir que no te denuncie, que no acuda al Tribunal de Derechos Humanos… Que no me enfrente violentamente no quiere decir que no actúe, quiere decir que actúo desde otro nivel, porque si actúo permitiendo que tu seas violento, de alguna forma me vuelvo cómplice del hecho de que tú seas un monstruo, y eso no hablaría bien de mí. Si mi actuación te anima a seguir siendo violento, mi actitud te está ayudando a que sigas siendo un monstruo.
Y el amor por una bandera, por un símbolo, ¿une o separa?
Los símbolos pueden unir o separar. A mí me encantó cuando Puigdemont besó la bandera española. Fue precioso. Yo soy capaz de besar la bandera española, la independentista, la alemana y la holandesa, porque deseo el máximo bien a todo el mundo. El problema es cuando yo solo puedo besar la mía, cuando no puedo besar otra, porque eso significa que aquellos que se sienten identificados con esta última no los acepto, los odio. Y eso es un patriotismo excluyente. Creo que llegará un día que la Humanidad -y no lo veremos porque nos moriremos antes, con lo cual seguiré insistiendo en que tengo razón [risas]- será un conjunto de pueblos con culturas propias en pie de igualdad.
¿Y cuánto queda para eso?
500 años, o 600 o 2.000, no tiene ninguna importancia. Yo no tengo esos 500 años pero la Humanidad sí. Lo único que tenemos que hacer es trasladar los valores de la familia al ámbito público. No digo que se tengan que crear valores nuevos, digo que los valores que en estos momentos están arraigados en la familia hay que llevarlos a la economía y a la política.
No parece fácil.
Estos valores ya están en la educación, en el trabajo social y en la sanidad, por lo tanto ya hay un ámbito público en el que están presentes. Fíjate que en la familia, a ti no te afecta, por decirlo de alguna manera, que el niño no tenga mucho criterio y necesite mucha ayuda, o que tengas al abuelo con alzheimer, porque tú los querrás y los cuidarás. Creo que llegará un momento en el que estos valores, a nivel social, también los viviremos. La cuestión es si yo puedo tener estos valores en mi vida, porque si es así el mundo ya es perfecto.
Su mundo…
Pero mi mundo te incluye a ti.
Combatir las injusticias, explica usted, puede ser contraproducente porque puede desembocar en odio. Entonces qué es mejor, ¿que las injusticias permanezcan?
Esta es una cuestión nuclear. Lo primero que te diría es actúa, intenta transformar el mundo. Yo mismo he creado más de siete asociaciones, pero no lucho contra la injusticia, trabajo a favor de cosas que son mejores de las que tenemos ahora, que es diferente. Te pondré un ejemplo. Yo trabajo en favor del colectivo LGTB, pero no lucho nunca contra la homofobia. Al contrario, intento ayudar a las personas homofóbicas, porque son ellas las que viven en una prisión.
Intento ayudar a las personas homofóbicas, porque son ellas las que viven en una prisión.Curiosa filosofía.
Este pensamiento parte de una base filosófica en la que se sustenta todo mi trabajo. Y esta filosofía defiende que el mal no existe.
¿De verdad lo cree?
Sí. Y si el mal no existe, la injusticia no existe. Y voy más allá: si el mal no existe y la injusticia no existe, el culpable no existe. Lo que existe son personas que se equivocan, que tienen que aprender, personas a las que hay que ayudar para que vean la realidad de manera distinta, personas que a lo mejor habrá que apartar, para que no dañen a los demás… pero son personas que hacen mal convencidas de que están haciendo el bien, convencidas que es lo que toca. Nadie se levanta y se dice a sí mismo: ‘Hoy me equivocaré a propósito’.
Ya, pero…
Si tú luchas, dentro de tu mundo hay buenos y malos. Y si hay buenos y malos, ¿qué tienes que hacer con los malos? Masacrarlos. Por lo tanto, dentro de ti hay violencia. Después te preguntarás por qué fuera hay violencia.Que exista una palabra no quiere decir que exista el concepto.
Usted dice que lucha en favor de algo, no para acabar con las injusticias. Pero luchar para conseguir un objetivo muchas veces conlleva al mismo tiempo minimizar una injusticia, es algo inherente.
No estás minimizando la injusticia, sino maximizando el bienestar. Hay un error, que exista una palabra no quiere decir que exista el concepto.
Explíquemelo.
La luz existe porque hay fotones. Tú puedes abrir la ventana y que entren los fotones. Pero, ¿puedes abrir la ventana y que entren ‘oscuritones’? No, la oscuridad no existe, pero es una palabra. La gente dice ‘tenemos que luchar contra la oscuridad’. Yo digo que no, que hay que encender la luz. Y me dicen, ‘pero es lo mismo, al final lo que ocurrirá es que la oscuridad disminuirá’. Pero la oscuridad no puede disminuir porque no existe, lo que hay que aumentar es la luz.
Entiendo.
Lo que estoy diciendo es que, en realidad, nuestro nivel de injusticia sería deseado y aplaudido por todas la personas que vivieron hace 2.000 años, porque ahora hay mucha más consciencia, mucho más bienestar.
Pero lo que está haciendo usted es trabajar en favor de algo para que se cree una masa crítica que cambie las cosas, cosas que no le gustan por injustas…
El origen del sufrimiento humano es la división del mundo entre el bien y el mal, eso nos lleva a la lucha. Si tú crees en la injusticia te convertirás en justiciero, y yo no quiero. Para mí, hay tres tipos de personas con respecto a la idea de justicia.
Si tú crees en la injusticia te convertirás en justiciero, y yo no quiero.Adelante.
El primero, las personas que luchan y fracasan. Se pasan la vida luchando contra las injusticias, enfadados… ¡qué pringue de vida! El segundo tipo corresponde a aquellos que luchan y tienen éxito. Aquí abro un paréntesis: habrían tenido éxito igual si en lugar de luchar hubieran trabajado a favor, porque la sociedad ya estaba preparada. ¡Vaya pringue de vida también! Hay personas que se erigen como catalizadores de cambios sociales, pero cuando la sociedad está preparada…
Falta el tercer grupo.
Son los que miran si la cosa está madura, y si está madura aportan y el fruto cae. Y si no está madura, aportan y piensan que las generaciones futuras recogerán el fruto. Y las personas que conforman este grupo siempre viven en paz, al margen de lo que les toque vivir. Yo estoy en contra de las dictaduras, vaya por delante, pero espero que las personas que vivieron el franquismo fueran felices. ¿Durante 40 años te tienes que sentir amargado?
Usted también afirma que “quien más hiere, más amor necesita”.
Viene de mi experiencia como maestro. Aquella persona a la que no le gusta la escuela, que se enfada con todo el mundo, que no tiene amigos y además no quiere aprender, lo que necesita es tu ayuda como profesor. Muchas veces es el que cae peor, ya lo entiendo, pero hay que tener claro que el amor no es un sentimiento, sino querer el máximo bien para ti y para el otro. Las emociones que te despierte esa persona no tienen ningún tipo de importancia. Eso habla de mí, de mi incapacidad por aceptar al otro.
Visto así…
¿Tú no has mentido nunca? No hace falta que me contestes, pero la respuesta es sí. Por lo tanto, cuando otro miente, ¿le puedes comprender?
Pero hay mentiras y mentiras…
Sí claro, las tuyas siempre son las buenas [risas].Todo el mundo miente en la medida en que el cargo que ocupa se lo posibilita.
¿Usted cree que el 1-O hubo un uso de la fuerza desproporcionado?
Creo que sí, pero en todo caso es algo subjetivo. Lo que me parece más de película es la afirmación de que el 1-O nadie votó. Pero date cuenta de una cosa: todo el mundo miente en la medida en que el cargo que ocupa se lo posibilita. Cuando tú estás en una discoteca e intentas ligar con alguien, ¡mientes como un bellaco!
Claro…
¡Hombre claro! [risas]. O cuando vas a una entrevista de trabajo, donde muestras todo lo positivo y minimizas lo negativo.
Ya…
Al final, de lo que estamos hablando es de qué hacer para que las personas crezcan, porque hay una relación directa entre el interior de las personas y su actuación. Por lo tanto, existe una relación directa entre el interior de las personas y la cohesión social, la economía, la solidaridad… Cuando las personas crecen el país crece a nivel moral, y eso quiere decir que la evolución moral de las personas es un tema político. La evolución moral de las personas es un tema político.
Interesante reflexión.
No puedes tener un país puntero si sus ciudadanos éticamente son primitivos. Y esto es básico.
Usted defiende en el libro que a los niños hay que explicarles lo que sucede en la sociedad. ¿En la escuela también?
Obviamente. Que haya personas que se equivoquen mucho, que haya cargos públicos que utilicen la educación como un arma política es comprensible en una sociedad poco evolucionada moralmente. Pero, ¿cuál es la misión de la escuela?, hacer comprensible el mundo, por lo tanto en la escuela hay que hablar de todo y hay que ayudar a los niños a que encuentren respuestas. No soy yo quien explica, sino quien ayuda al niño a que encuentre sus respuestas. Yo le hago inteligible la realidad.No puedes tener un país puntero si sus ciudadanos éticamente son primitivos.
¿Pero quién determina quién es el poseedor de la verdad y, por lo tanto, el legitimado para explicar un hecho?
No hay ningún poseedor de la verdad. Yo no puedo dar respuestas a los alumnos, sino que les hago preguntas para que encuentren sus respuestas. Y tengo que admitir que algún alumno tenga una visión distinta a la mía, eso no tiene ningún tipo de importancia. En todo caso, tengo que animarle a que verifique si su visión del mundo es más ajustada que la mía. Lo que importa es la verdad, y no tener razón.
Parece lógico.
Tenemos que renunciar a la necesidad de tener razón. Yo debo mirarte a ti con la intención de querer entenderte: ¿por qué dices eso?, ¿cómo lo dices?, porque tú tienes una parte de razón que a mí me enriquecerá mucho. Cuando tú eres inflexible, yo aprendo a ser flexible, y curiosamente quien gana soy yo. Que haya cargos públicos que utilicen la educación como un arma política es comprensible en una sociedad poco evolucionada moralmente.
¿Cómo acabará el caso catalán? ¿Habrá acuerdo?
Para empezar, todas las cosas acaban bien. Si no están bien es que todavía no han acabado. Ahora, ¿qué quiere decir ‘bien’?, no tengo ni idea. Si me preguntas si llegará la independencia de Catalunya, te diré que no soy futurólogo, pero mi intuición me dice que sí, y que yo lo veré.
Entiende que habrá acuerdo.
Sí. Y habrá una relación mucho mejor con lo que denominamos España. El reto será que la gran mayoría que viva en Catalunya sienta que este es un espacio que les acoge, al margen de muchas otras cosas.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorRespuesta de Ana:
Gracias compañeros, vosotros también sois inspiradores para mi, y vuestros comentarios, además de bellos, son curativos. Que Dios os bendiga.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorInvoco al Señor de mi alabanza y
quedo libre de mis enemigos.Este es el tercer versículo del Salmo 17. Los dos primeros dicen:
Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.Así que invocamos a Dios porque, previamente, tenemos claro que en Él reside no solo nuestro ser sino también nuestra capacidad de existir en este plano, actuando en él como portadores de su esencia.
No es lo mismo contemplar la realidad identificados con este cuerpo que tiene los días contados, o con esta mente tan limitada en su comprensión del universo, que hacerlo desde la conciencia de que Dios es el Sujeto último de esta existencia personal y colectiva en la que estamos participando. Nuestro cuerpo y nuestra pequeña mente ven enemigos por todas partes, mientras que el ser esencial que somos contempla retos y oportunidades de actualizar el potencial.
Ambos tienen razón, cada uno en su plano. La cuestión es con cuál de ellos nos identificamos y lo llamamos Yo.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorAna Balado me ha dictado estas palabras por whatsapp y me ha rogado que las transcribiera en su nombre:
Para mí, que siento en estos momentos un cansancio que te puede vencer, la alabanza y la oración me ayudan a mantenerme y a contactar con ese espacio en el que siempre hay una mano tendida.
A veces lo tengo que buscar con insistencia para encontrarlo, pero cuando consigo estar cerca de mi ser, cerca de Dios, ahí está la paz; por supuesto que los enemigos, desaparecen, y llega la calma y la serenidad; algo natural que siempre está ahí.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorMagnífico artículo de Amador Fernandez-Sabater, publicado en eldiario.es
El pensamiento crítico reprocha a nuestra sociedad vivir aplastada en un “presente perpetuo”: un presente cerrado sobre sí mismo, sin apenas memoria del pasado ni proyecto de futuro. Nuestro problema, desde esta perspectiva, es que vivimos a corto plazo, en lo inmediato, con el presente como único horizonte posible. Sobre todo la gente más joven. Y lo que nos hace falta es recuperar el “sentido histórico” -porque sólo el pasado esclarece el presente- y la facultad de la esperanza, la apertura a otros futuros posibles.
Pero, ¿estamos seguros de esto? ¿Vivimos realmente instalados en el presente, es ese nuestro problema?
No se diría si consideramos la cantidad de gente que acude hoy a terapia para que le ayuden a recuperar la capacidad de vivir aquí y ahora porque su cabeza no para nunca de viajar entre lo pendiente y lo posible: mails por contestar, entregas que acabar, nuevos proyectos que abrir, etc.
No se diría si consideramos lo extendido que está el llamado síndrome FOMO (fear of missing out), esa sensación recurrente de “estar perdiéndote algo”, de que “la vida de los demás es más interesante que la tuya”, de que “algo va a pasar” y no es ahí donde tú estás; la compulsión bulímica a consumir “experiencias de vida”, a pasar de una a otra sin estar nunca aquí y ahora.
No se diría si consideramos la multiplicación de “cronopatologías”: la percepción de que el tiempo se acelera, de que “no hay suficientes horas” y de vivir permanentemente en una “fuga hacia adelante” que hace imposible la experiencia de un tiempo pleno y completo, el disfrute de una duración (estar con gusto, estar en algo).
No. No vivimos excesivamente instalados en el presente. Es un error del pensamiento crítico contemporáneo, un desfase entre la teoría y la experiencia cotidiana. Nuestro problema más bien es el contrario: la incapacidad generalizada para estar aquí y ahora, la erosión de la atención. No vivimos encerrados en ningún presente perpetuo, sino en un tiempo contraído entre los pendientes y los posibles.
Este me parece que es el corazón y uno de los hilos centrales del último libro del Comité Invisible, titulado significativamente Ahora. Un libro abarrotado, como los anteriores, de poderosas imágenes, reflexiones y sugerencias para captar el presente en clave de transformación social.
Ni la mejor terapia, ni el mejor cursillo de mindfulness pueden modificar las condiciones de vida que nos generan tanto malestar. En el mejor de los casos, nos ayudan a elaborar de un modo más positivo nuestra relación con ellas, minimizando los daños. En el peor, nos enseñan a “vivir bien en un mundo que está mal”, fomentando la anestesia y la desconexión de lo común como vías de salida y curación.
La propuesta del Comité Invisible es muy distinta: entender lo que nos pasa desde una crítica radical de la vida cotidiana y pensar el cambio social como un ejercicio de atención plena a las potencias que laten ya en las situaciones que atravesamos (y nos atraviesan). Revincular la regeneración de nuestras capacidades y la transformacion de nuestras condiciones de vida, la sanación y la revolución.
La uberización del mundo:
¿Qué está pasando? ¿Cómo hemos perdido el presente, quién nos lo ha robado? Según el Comité Invisible, la explicación hay que buscarla en la expansión del dinero como mediación de toda relación social, la mercantilización generalizada.
Pensemos en lo que representa por ejemplo la llamada “economía colaborativa”, Uber o Airbnb. Es la extensión de la racionalidad instrumental en ámbitos y espacios donde aún no había penetrado: a partir de ahora un cuarto vacío en casa o un asiento libre en el coche serán vistos como “ocasiones de negocio” aprovechadas o perdidas. Se puede calcular sobre cualquier trozo de la realidad… y la precariedad azuza.
Existencialmente, el trabajo ha perdido centralidad en nuestras sociedades porque ya no lo hay, es precario e intermitente, no estructura sólidamente la vida. Pero a la vez todo se ha vuelto trabajo: una fiesta es la ocasión de “hacer contactos”, estar en las redes sociales es un modo de “ganar visibilidad”, las relaciones sociales son consideradas un “recurso” (hay que distinguir primero entre “relaciones que aportan” y “relaciones tóxicas”), etc.
Nuestras destrezas, capacidades y saberes son “capital humano” que debemos cuidar y gestionar. Somos a la vez el producto, el productor y el vendedor del producto. Cada cual su propia empresa, guiada por el esfuerzo constante de autovalorización.
El Comité Invisible cita la novela de Bernard Mourad Los activos corporales, que recrea la ficción de un capitalismo extremo en el que las personas pueden salir a bolsa como “sociedades unipersonales” en el marco de la “Nueva Economía Individual”. Pero no se trata de ninguna ficción, sino de la exageración de la realidad que ya vivimos. Especulamos constantemente sobre nuestro valor: hay que hacerse creíble, merecer crédito, que nos acrediten; aumentar nuestra apreciación, atractivo y reputación. Por cierto, Mourad fue consejero especial de Emmanuel Macron en las últimas elecciones francesas.
El capital se hace mundo y produce su humanidad. Y quienes llevan esta tendencia al extremo son curiosamente nuestros héroes (y heroínas): los futbolistas, los actores, los youtubers, los autores de éxito, etc. Compadezcámoslos, nos dice el Comité Invisible, porque viven peor que nadie: en un tour de auto-promoción permanente, encadenados a un capital-reputación que gestionar sin tregua, obligados a gustar a un público cada vez más abstracto. Son dinero viviente.
En definitiva, la humanidad se vuelve “optimizadora”. El cálculo pérdida-ganancia, la búsqueda de rentabilidad y la evaluación utilitaria de todo (nuestro cuerpo, nuestros saberes, etc.) se aplican en cualquier momento y lugar. Incluso los pocos gestos gratuitos que nos permitimos -un regalo, un don, un favor- se valoran en vistas a un beneficio futuro. Hacemos fracking en el subsuelo de la tierra y en el subsuelo de nosotros mismos.
Pero, ¿cómo se relaciona todo esto con la cuestión del tiempo, del presente, del aquí y ahora?
Es muy sencillo: ya nada es lo que es, sino lo que podría ser, lo que podríamos ganar con ello. Siempre puede haber algo más, algo mejor. Mejor que la persona que tengo al lado, mejor que el lugar en el que me hallo, mejor que lo que estoy haciendo. Vivir aquí y ahora implica una renuncia insoportable a lo que podría ser, es de losers.
El dinero todo lo difiere, dice el Comité Invisible. Vivimos escindidos: estamos aquí, pero también allí, al acecho “de algo más”. Nada alegra o basta por sí mismo, nada es completo y redondo en sí mismo. La vida está en otra parte. Lo existente se nos aparece en forma de opciones, equivalentes e intercambiables, y siempre puede haber una mejor. La libre elección es hoy nuestra jaula. La imposibilidad para estar-ahí y la incapacidad para estar-con son sus consecuencias.
El tejido de las situaciones:
¿Contra qué atenta esta expansión “totalitaria” del mercado? ¿Qué perdemos de vista cuando optimizamos? ¿Con qué dejamos de tener relación?
No es el “yo” o el “verdadero yo”, como nos dicen tantas filosofías terapéuticas o New Age, sino el mundo y la vida entendidos como una multiplicidad infinita y concreta de situaciones que nos atraviesan y constituyen.Como explica Juan Gutiérrez, somos seres abiertos y engarzados a otros seres. Vivimos vinculados con los otros, pero también con las cosas, los lugares, las máquinas y los demás seres vivos. La memoria nos engarza con los muertos y los no-nacidos heredan las consecuencias de nuestros actos. Somos engarces, siempre singulares, de un tejido del que también somos tejedores.
Por tanto, el territorio de resistencia no es el Yo, sino los entramados materiales y simbólicos en los que estamos inscritos, que somos. Lugares vivos por los que sentimos apego, situaciones de vida que nos conciernen, vínculos que nos hacen y deshacen. Todo lo que nos afecta, nos concierne, nos apasiona, nos sostiene o nos ata a la vida. Ese tejido es nuestro aquí y ahora. El primer gesto de revuelta es percibirnos inmersos en esa trama, en esa gigantesca malla.
Según el Comité Invisible, la actual “fragmentación del mundo” es una ocasión para percibirnos mejor en ese plano de realidad. ¿En qué sentido?
Por todas partes estallan las formas de lo Uno: las formas trascendentes, centralizadoras y homogéneas de organizar la vida en común. La Ley y el Derecho, ideadas para una ciudadanía indistinta y abstracta, se pulverizan en mil decretos, normas y legislaciones de excepción con vistas a cuestiones o sujetos específicos; el Estado-nación se ve hoy superado por arriba (debe doblegarse a poderes globales) y cuarteado por pulsiones independentistas, secesionistas o autonomistas por abajo; las identidades fuertes (la Humanidad, el Trabajador) ya no funcionan como polos de identificación; y la biografía, como narrativa unitaria y coherente del Yo, se desmigaja en una sucesión de “estados”, como nuestros perfiles de Facebook.
Podemos sin duda lamentar este desmantelamiento. Deplorar la disolución de las viejas formas de pertenencia e identidad. Criticar, desde el resentimiento hacia el presente, el “caos” que emerge y prolifera por todos sitios. Hay buenas razones: la fragmentación es también choque y guerra civil entre distintas formas de vida, multiplicación de burbujas autorreferenciales, aislamiento y babelización.
Pero también es posible, como sugiere el Comité Invisible, abrazar la fragmentación. En el fondo, las formas de lo Uno recubrieron siempre con abstracciones los vínculos situados que somos: territorios, apegos, comunidades, hermandades y sororidades. La fragmentación los pone por el contrario al descubierto, los hace visibles.
En lugar de quejarnos de lo que ya no hay y debería haber (Estado, padre, sindicatos), podemos sumergirnos en el caos del presente, ver también sus potencias, aprender a relacionarnos con él sin distancia, la distancia de un Ideal, de un Modelo de cómo deberían ser las cosas. Partir de lo que hay para generar los vínculos, los lugares, los saberes y las comunidades que nos hagan más fuertes, más libres y más felices.
La política y lo político:
El Comité Invisible nos dice: el tejido de las situaciones de vida es el plano de realidad donde habitan las potencias de transformación del mundo. Es decir, la potencia está ahí donde estamos, no en otra parte.
Pero la concepción clásica de la política nos dirige todo el rato hacia esa “otra parte”. Nos tienta siempre en un mismo sentido: abandonar las situaciones de vida, juzgadas como demasiado “limitadas”, “pequeñas” o “aisladas”, para empezar a jugar en otro dominio “más serio”, “más global”: el poder político, el Estado, las instituciones, etc.«La política” se piensa así como una esfera particular, separada y diferente de la vida cotidiana, donde se decide sobre “lo general”, sobre “lo de todos”. Una esfera que es siempre propia de especialistas y expertos: los políticos o los militantes revolucionarios que aspiran a sustituirlos, tanto da.
Lo importante nunca está aquí y ahora, en este pedazo de realidad concreta que comparto con estos otros también concretos, sino siempre “más arriba”, “más allá”, “más tarde”. En el Estado, en la dimensión europea de las luchas, en la revolución venidera…Este planteamiento reproduce las condiciones de espera en dos sentidos al menos:
En primer lugar, se abandona el plano vital donde habitan las potencias, instrumentalizándolo y vaciándolo para mejor “asaltar los cielos”, pero pronto se descubre que el cielo del poder es un lugar de pura impotencia. Es inútil esperar por ejemplo que Manuela Carmena o Ada Colau vayan a detener por sí solas la gentrificación que vuelve inhabitables nuestras ciudades mientras los demás seguimos con nuestra vida igual. Y es inútil también criticarlas por ello: es la queja del consumidor iluso al que le habían prometido otra cosa. Criticar es otra manera de esperar.
En segundo lugar, se genera una militancia permanentemente insatisfecha, ansiosa y que salta de una cosa a otra sin profundizar en nada. Se crean y se abandonan colectivos, los vínculos se vuelven muy instrumentales, la angustia es permanente. Porque nada vale en sí mismo, todo es medio para un fin (que nunca llega). Y si todo es medio para un fin, nunca hay verdadera presencia, nunca hay verdadero presente, nunca hay verdadera plenitud.
De ese modo, el militante político está aquejado finalmente de los mismos males que el “empresario de sí mismo” neoliberal: agobiado en mil proyectos, corriendo como el hamster en la rueda, siempre proyectando «algo más», desea secretamente que lleguen las vacaciones para “desconectar”. Es muy importante pensar esto a fondo: el mercado y la política son dos figuras del nihilismo, es decir, dos formas de la desvalorización del aquí y ahora en nombre de un “más allá”. Dos figuras de la falta.
El Comité Invisible sugiere distinguir “la política” de “lo político”. “Lo político” no sería una esfera o un dominio propio. No sería un nombre, sino un adjetivo. Es decir, no ocurre “más allá” de las situaciones de vida, sino que es una cierta intensificación o declinación de estas.
Lo que hay aquí y ahora no es “restringido”, “limitado” o “pequeño”, como nos dice la concepción clásica de la política, sino infinito. Sólo desde aquí podemos entender lo que ocurre allí, como sólo tras el atentado de 2004 en Madrid pudimos entender lo que ocurría a diario en Irak. Sólo desde “ahora” podemos relacionarnos de forma viva con el pasado, que también fue un ahora y sólo puede volver a cobrar vida si lo leemos desde las búsquedas del presente.
No se trata de “pasar” de lo pequeño a lo grande. Porque eso que llamamos grande, general o global no es sino un “compuesto” de situaciones particulares, un “efecto de conjunto” de una multitud de interacciones inmediatas y minúsculas. Cada situación contiene en sí mismas todas las potencias: se trata de desplegarlas. Y de producir nuevos compuestos, nuevos entrelazamientos entre ellas.Desmercantilizar:
Recapitulamos: nuestro problema no es vivir excesivamente instalados en el presente, sino en un tiempo contraído entre la lista de los pendientes y la proyección de los posibles.
Esta contracción del presente tiene que ver con la expansión “totalitaria” de las relaciones de mercado a toda la vida social: cualquier espacio, cualquier momento se vuelve una “ocasión de negocio”. Nunca es lo que es, sino lo que podría ser.
Vivir el presente pasa por percibirnos inscritos en situaciones y vinculados con otros, engarces de una inmensa malla donde también tejemos y destejemos. La fragmentación actual del mundo es una oportunidad para percibir con más claridad los aquí y ahora concretos que nos constituyen.
La potencia de transformación late en esas situaciones de vida y no “en otra parte”. Pero la concepción clásica de la política redirige siempre nuestra atención y nuestro deseo hacia un “más allá”: más lejos, más arriba, más tarde.
«Lo político” es un adjetivo y no un nombre. Es una cierta elaboración de las situaciones. ¿Cuál? La fuga de la economía: la desmercantilización radical de la vida y el mundo. La experiencia del comunismo.El Comité Invisible habla mucho de amor en Ahora, lo que seguramente incomodará, sorprenderá o irritará a más de uno. ¿A qué viene mezclar el amor con la política? ¿No es la emancipación una cuestión de voluntad, compromiso militante, estrategia y poder (o contrapoder, que es lo mismo pero al revés)?
La emancipación es caracterizada en este libro como una experiencia de continuidad con los otros y con el mundo. No estamos solos, no empezamos y acabamos en nosotros mismos, nos prolongamos unos a otros y prolongamos el mundo. Lo común es una experiencia de continuidad sensible a través de los vínculos. Pero, ¿qué vínculos?
Si el Comité Invisible habla tanto de amor -también de amistad, pero menos que en A nuestros amigos- es porque se trata de la experiencia más común y masiva de un “vínculo en interioridad”. El amor nos “enseña” que no sólo existen las relaciones instrumentales.
Mientras que la relación instrumental es de “quita y pon” (la quitamos y nos quedamos igual), el vínculo en interioridad nos constituye: duele si hay separación porque perdemos un trozo de nosotros mismos.
Mientras que el vínculo instrumental está animado por el cálculo pérdida-beneficio (o la estrategia medio-fin), el amor “no echa cuentas”: es un vínculo des-interesado, afinitario, apasionado.Mientras que el vínculo instrumental es “libre” como el de un contrato (siempre revocable), el vínculo en interioridad nos compromete, nos implica, nos obliga como un pacto.
Desmercantilizamos la vida y el mundo cuando construimos situaciones de vida a través de los vínculos en interioridad. Vínculos entre los seres, entre los seres y los lugares, entre los seres, los lugares y los objetos, entre los seres, los lugares, los acontecimientos, etc.
En las zonas desmercantilizadas, las cosas pueden resplandecer de nuevo porque son inconmensurables. Pueden permanecer singulares porque no tienen precio.Pueden volverse concretas porque ya no son equivalentes ni intercambiables.Llevan la recompensa en sí mismas. Están aquí y ahora.
Es el comunismo. No un régimen político, sino un mundo. El mundo “más allá de la economía” en el que la riqueza se define por la abundancia de tiempo y de vínculos. El mundo que se puede habitar plenamente y no sólo a medias, el mundo de la presencia. No un horizonte utópico, sino una experiencia. La experiencia de continuidad con los seres y el mundo. Una experiencia presente, una experiencia del presente
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorFijémonos en la última frase: la tierra condenada al exterminio. Es una constatación de que lo fenoménico desaparece; así que en la medida en que nos identificamos con lo que tenemos nuestro fin es inminente.
Sin embargo, lo normal es que toda nuestra atención esté puesta en esto que tenemos; no solo en los bienes materiales sino en el prestigio, el éxito, el porvenir… Solo el sentimiento de vacío, la sensación de impotencia y la falta de sentido que acompañan nuestra existencia nos lleva a captar otra dimensión que intuimos como nostalgia de ser. Pero seguimos tratando de disminuir esta angustia de la desconexión con los medios a nuestro alcance; estos días con comidas, regalos, fiestas, luces… echamos mano de todo aquello que propicia una falsa sensación de alegría.
Sin embargo, con independencia de la fecha en la que hubiera nacido Jesús, la Navidad se instauró en esta época del año porque el solsticio de invierno era antaño el momento de más quietud, los días con menos luz en los que el frio impedía trabajar en el campo y la gente se recogía en sus casas. Esta ausencia de acontecimientos externos favorecía la percepción de otra clase de luz, amor y seguridad en el centro de la conciencia, un lugar al que nuestra atención no suele acudir si no es que practicamos el centramiento.
Bueno, no vamos a amargar las fiestas a nadie con sacrificios o penitencias que tampoco soluciona nada; pero en vez de saturar nuestra mente con tanto ruido y animación, podemos prestar atención a este vacío y cuidarlo, convirtiéndolo en el espacio que nuestra conciencia habilita para que en él resida y se exprese el espíritu de Dios que es nuestra identidad real.
La noche seguirá su camino pero nosotros intentaremos recorrer la mitad que nos queda con la quietud y el sosiego interior que proporciona la evidencia de que Dios se acuerda de nosotros y nos viene a rescatar.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorSe quiera o no, las elecciones convocadas a través del artículo 155 se han de leer por bloques. En Cataluña se pueden diferenciar tres bloques: los independentistas, formados por la lista del President Puigdemont, Esquerra Republica y la CUP; los unionistas, formados por Ciudadanos y el Partido Popular y los no saben/no contestan en el que podemos meter el Partir Socialista de Catalunya y Podemos. Para vuestra información el PSC apoya el 155 con la boca pequeña al tiempo que intenta descolgarse de esta estrategia de represión.
El artículo 155 disolvió ilegalmente el Parlamento catalán y destituyó el Govern por real decreto, nunca mejor dicho. La estricta lógica democrática aconsejaba no participar en unas elecciones ilegales pero esto hubiera significado entregar el país al inmovilismo del PP, así que el bloque independentista aceptó participar teniendo a sus principales líderes encarcelados o en el exilio.
En el estado español se puede defender políticamente la independencia, se puede plantear un programa que se comprometa a llevarla a término en 18 meses; y además se puede ser elegido por el electorado con este programa; pero ponerlo en práctica está prohibido y te lleva la cárcel. Te lleva a la cárcel acusado nada menos que de rebelión, delito que tiene una pena equivalente al terrorismo: 30 años de cárcel.
No obstante, los líderes encarcelados no han sido condenados por este delito, están en la cárcel preventivamente, no sea que vuelvan a actuar de la forma violenta que justifica la acusación de rebelión. Los indicios que el juez aduce para retenerlos e impedirles participar en las elecciones se basan en la presunción de que se reunían con la finalidad de llevar a término lo que habían prometido hacer cuando fueron elegidos. Y la supuesta violencia se demuestra en las movilizaciones masivas que durante los últimos años se han llevado cabo en Cataluña con millones de personas pidiendo la independencia. Resulta que lo hacían de escondidas y con la intención de declarar la independencia.
Bien, pues en estas condiciones se han celebrado estas elecciones ilegales y el mensaje ha sido clarísimo porque si leemos los datos por bloques el resultado es sustancialmente el mismo que había antes de la aplicación del artículo 155:
2015 2017
independentismo 49,81% 48,26%
unionismo 27,57% 30,08%
ns/nc 22,62% 21,67%La única novedad a destacar es que el Partido Popular ha desaparecido prácticamente del mapa y ha sido sustituido por Ciudadanos. Más que de un cambio en Cataluña podemos hablar del inicio de un movimiento que afectará a corto plazo al resto de España.
En cuanto a Cataluña, después de una participación del 82 por ciento, ya no se puede hablar de voto oculto; el resultado de todos los esfuerzos para movilizar un electorado que se abstenía tradicionalmente en las contiendas catalanas ha sido este escaso 3 por ciento que han ganado los unionistas. En términos absolutos los partidarios de la independencia suman 2 millones, los que se oponen a ella 1,3 millones y los indecisos 0,9 millones.
Olvidaros de esta cantinela constante del pueblo catalán dividido en bloques irreconciliables. Y no lo digo por este tercer sector indefinido sino porque, afortunadamente, las opiniones políticas contrarias conviven dentro de una estructura social que funciona perfectamente. Suponer lo contrario es como afirmar que los votantes del PP y del PSOE a nivel estatal se encuentran enfrentados y al borde de la guerra civil. En Cataluña ocurre simplemente que hay partidarios de la independencia y partidarios de mantenerse unidos a España. Y si un día se consigue hacer un referéndum en condiciones pues la opción que tenga la mayoría, si queréis cualificada, del 60 por ciento, decidirá por el conjunto de la población como sucede en todos los regímenes democráticos.
Digo que no hay bloques enfrentados a pesar de que una de las opciones está siendo penalmente acusada, perseguida y encarcelada y de que los resultados electorales no parecen estar frenando esta línea de conducta sino todo lo contrario. Tenéis que admitir que en estas condiciones es difícil no caer en la provocación, pero es la suerte que tienen los débiles.
No obstante donde sí hay enfrentamiento es en el interior de cada bloque: el PP y Ciudadanos compiten por ver quién es más intransigente con el nacionalismo y Puigdemont y Esquerra Republicana compiten por ver quién es más independentista. Así que las perspectivas de negociación para llegar a un acuerdo y solucionar el conflicto se alejan cada vez más.
Con lo fácil que sería.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorEste sentimiento benéfico es lo que llamamos demanda: demanda de realidad, de pertenencia y de sentido. Es benéfico porque intuimos que es algo a lo que tenemos derecho y que nos va a llegar inevitablemente si persistimos en buscarlo. Pero en el momento que queremos forzar este objetivo, la propia presión nos bloquea y convierte el deseo en agravio e impotencia.
El secreto reside en alcanzar y mantenernos en una posición en la que nos encontremos al alcance de Dios, mirando hacia arriba mientras atendemos lo de abajo.
A veces intentamos subir pero seguimos con la atención puesta en lo material y pretendemos que Dios nos resuelva problemas que nos competen a nosotros. Y a veces buscamos las alturas con la pretensión de escapar de nuestras responsabilidades. En ambos casos podemos acabar angustiados y no entender el motivo de esta angustia porque creemos estar pendientes de Dios. Y no es verdad, no estamos pendientes de Dios sino de nosotros mismos y de lo que Dios nos puede dar.
No debemos olvidar que somos el Ser en comisión de servicio
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorUnas palabras para cerrar los comentarios a la primera frase:
Este es un viaje de ida y vuelta, procedemos de Dios y vamos a regresar a Dios, aunque está por ver si conscientes o no de lo que hemos vivido en esta existencia. En cualquier caso, los problemas y los obstáculos proceden también de su mano y son la manera que Él tiene de llamar nuestra atención. Así que suponiendo que nosotros no le prestemos atención, Él no deja de ocuparse de nosotros en ningún momento; por eso nos revuelve tantas veces como sea necesario.
Desde luego rendir nuestra pretensión de arreglarnos la vida por nuestra cuenta nos puede ahorrar muchos esfuerzos inútiles.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorDe parte de Pedro, que tiene dificutades con la Web:
Había escrito hace unos días pero parece que se perdió el mensaje…
Primero de todo, muy buen comienzo! La frase es básica, resume muy bien nuestro camino, esto es, su camino. Los días que no despierto de forma continuada sé que el esfuerzo que realizo va en esa dirección, en quitar el ego (el personaje, la vocecilla interna) de en medio para que lo que está ocurriendo se manifieste sin trabas. Los días en que estoy «enchufado», esto es, en manos de la Vida, del Señor (no es mi término favorito, ;-), de Aquello que todo Es, el fluir es natural, continuo, sin asperezas… Entonces no hay nada que valorar, casi sin darte cuenta acaba el día y te percibes pleno, completo.Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorEn este recorrido que hemos hecho por la península desde nuestro regreso de EEUU hemos tenido que escuchar toda clase de insultos en relación con el pueblo del que formamos parte, hasta el punto de que en Oseira, al preguntarnos los huéspedes que encontramos en el monasterio de dónde éramos, decidimos contestar que éramos catalanes que viajábamos de incógnito. Jamás ha habido tanto silencio en el comedor como durante esta semana.
Previamente, en el Congreso de Antropología de Ávila, suerte tuvimos de alguna alma caritativa que nos hizo de parapeto y procuró distraernos con su conversación; porque el machaque era total y estaba protagonizado por personas que supuestamente tenían un cierto nivel intelectual y religioso. En un par de casos intentamos dar nuestra visión del asunto y nos encontramos como respuesta, ya no digo incomprensión, sino un odio profundo.
Por último, en Madrid, tuvimos ocasión de hablar del tema con personas que nos aprecian y nos respetan y constatamos la absoluta desinformación que hay allí acerca de lo que pasa en Cataluña. Son los nuevos tiempos de la post-verdad, que se impone ya no en Internet sino en los propios medios de comunicación, de manera que las emociones se sobreponen al interés por averiguar lo que realmente sucede. Cualquier reivindicación catalana se contempla como exagerada y fuera de lugar. Por poner un ejemplo, nadie sabe que nuestros trenes de cercanías se averían un día sí y otro no por falta de inversiones del Estado en algo que es de su competencia.
Situados en Catalunya, nuestra impresión es que la población se ha comportado con una firmeza y decisión que van muy por delante de la capacidad de previsión de unos políticos que no se esperaban una respuesta tan extraordinaria. La única instancia que ha estado a la altura ha sido nuestra policía. Y la sensación actual es la de ser un país ocupado al que se pretende humillar. Además hay mucha frustración por la ausencia del apoyo que se esperaba por parte de Europa. En cambio, las dificultades económicas que tanto se quieren resaltar: el traslado de la sede de las grandes empresas y la disminución del turismo y del consumo se interpretan como algo lógico, dadas las circunstancias. Parece que el espantajo de la depresión económica no surte efecto: otro motivo para sentirnos orgullosos.
Está claro que en Catalunya se han cometido ilegalidades. Una ley que por una parte permite a los partidos presentar un programa electoral defendiendo la independencia y por otra cesar y encarcelar a un gobierno legítimamente elegido con tal programa cuando pretende ponerlo en práctica, es una ley que está llamada a ser transgredida. No obstante esta transgresión se ha ejecutado de forma innecesariamente atropellada y poco estética desde un punto de vista parlamentario, dando así argumentos a la fiscalía española.
Pero ya me diréis que clase de elecciones son estas que se han convocado desde el Gobierno Central que ha “perfeccionado” esta ley utilizando propuestas de Fraga que, en su día, fueron desestimadas por los constituyentes. Y qué sentido tiene ir a votar en estas condiciones. Tanto más cuando las declaraciones de los políticos de uno y otro lado asemejan una riña de patio de colegio en la que no se adivina la más mínima intención de ponerse a trabajar para resolver un problema que la represión no hace más que agravar.
En medio de esta atmósfera intelectualmente opaca y emocionalmente envenenada, brilla especialmente la comprensión y la altura de miras que estáis expresando todos los compañeros del Trabajo desde todos los rincones de la Península. Esto demuestra que nos encontramos en un nivel de conciencia más alto y somos capaces de entender esta situación como un reto, sin necesidad de condenar personalmente a nadie.
Desde este nivel de conciencia más elevado, yo diría que colectivamente estamos participando en un cambio fundamental en la Unión Europea que dará lugar a la desaparición de los actuales Estados y concentrará el poder legislativo y ejecutivo en un Parlamento y un Gobierno Europeos compatibles con una descentralización a nivel regional; es decir, estamos encabezando el tránsito de la Europa de las Naciones a la Europa de las Regiones.
Y por otro lado, estamos denunciando, por enésima vez, una transición imperfecta e inacabada del franquismo a la democracia, porque el pueblo español sigue siendo sociológicamente franquista y proclive a las soluciones autoritarias. Así que, si se quiere arreglar la cuestión territorial habrá que hacer un lavado profundo en las estructuras políticas españolas para liberarlas de esta lacra antidemocrática que adora la visceralidad y admira la corrupción.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorMónica tiene dificultades con la Web y me ha pedido que cuelguen su comentario:
Tenemos que mantener la voluntad y la ilusión de estar presentes en lo que hagamos en cada momento de nuestra existencia, para movernos en las manos de Dios.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorJoaquín tiene dificultades para acceder a la Web y me ha pedido que cuelgue su comentario:
El esfuerzo lo hago desde el personaje. Cuando despierto actualizo todo mi potencial a través de la experiencia y desde ahí es cuando aprendo a moverme en las manos del Señor.
Jordi Sapés de Lema
Superadministradorcorreo de prueba
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorNo está prohibido que nos preocupemos por nuestro bienestar personal y psicológico, siempre y cuando tengamos en cuenta que nuestra personalidad está al servicio de la Voluntad de Dios, sin condiciones ni regateos. No podemos poner en ello un poco de esfuerzo, amor y energía, tenemos que poner la cantidad que requiere cada situación y esto lo deciden las circunstancias.
Nacemos en una determinada realidad y nuestra vida es un seguido de sucesos, la mayoría inesperados. Nosotros solo decidimos si nos implicamos o nos mantenemos al pairo. Implicarnos significa dar lo mejor de nosotros mismos, que es la única manera de desarrollar la personalidad. Ya somos la Luz, el Amor y la Fuerza de Dios, solo precisamos ejercitarlas. Y el resultado de este ejercicio es la confianza en la Vida y la plenitud que confiere Ser existiendo. Solo se requiere esfuerzo para no sucumbir a la mentira.
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